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Los publicistas también vamos al cielo

Dicen que los publicistas jugamos con las necesidades, carencias y motivaciones de las personas para vender a toda costa productos que la gente no necesita.  El consumismo es nuestra culpa.

Creamos mensajes subliminales para tener el control de la mente del consumidor, estereotipos de belleza que destruyen la autoestima de las personas, patrones de conducta que definen la aceptación social.

A la publicidad se le ha satanizado. Realmente, no somos tan malos.  Quizás no nos hemos vendido bien, irónicamente.

O quizás las personas no saben qué hacemos realmente.

Yo no me defino como el profesional que vende cosas, porque en realidad los publicistas no vendemos, los publicistas damos soluciones diferentes (por no decir creativas) a problemas reales.  Lo que sucede es que siempre vienen a nosotros los que venden productos.

Pero cuando llegan otro tipo de clientes, con otro tipo de problemas y asumimos el reto de generar acción más allá del mensaje.  Pasan cosas como estas:

Los dibujos animados se quitan el pelo para solidarizarse con los niños con cáncer.

Miles de personas hacen una “marcha holográfica” ante la ley que les prohíbe precisamente marchar.

Las personas aprenden inglés para mejorar su calidad de vida con técnicas visuales.

Cada vez más mujeres en la India son más saludables gracias al bindi (símbolo religioso entre los ojos) que les suministra diariamente yodo.

Una hamburguesa nos hace caer en cuenta sin importar la tendencia sexual, que todos somos iguales.

Un refresco le ayuda a tener agua potable a todo un pueblo

Y entonces, vuelve la esperanza… en la humanidad, en la vida, en la publicidad.  Nos ganamos el cielo y la satisfacción.

Definitivamente, los publicistas debemos comenzar a solucionar más problemas del mundo. Pensar más en personas que productos. Ser más innovadores que creativos. ¿Cómo hacerlo?

Haciéndolo.  Involucrándonos con nuestra realidad.  Devolviendo un poco de lo bueno que nos ha dado la vida, con nuestro talento.

Claro, no está de más poner en práctica algunas cosas:

*Pensar que la responsabilidad social no debe ser aburrida.  Divertirse sigue haciendo parte del proceso creativo.

*No dar por hecho que la difusión del mensaje será gratuita por ser un problema de interés común.   Así que se vale que soñar pero con los pies en la tierra.

*Salirse del formato.  Buscar nuevas formas de llegar a la gente e incluso de solucionar el problema.

*Apoyarse de los medios digitales sin que sean los únicos protagonistas.

*Dejar la vanidad a un lado.  No esperar nada a cambio, solo un cambio de acción.

Cabe destacar, que cada vez más marcas están tomando conciencia de su papel en el mundo, más allá de fabricar productos.  Y eso ayuda con la causa, pero somos nosotros, los publicistas, los que debemos mantener la idea en la cabeza: La publicidad tiene el poder de cambiar (mejorar) el mundo, aunque sea un poquito.

 

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