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Sentimentalismos de marca

Muchas veces he oído eso de que el pasado nunca vuelve, pero nada más lejos de la realidad. En no pocas ocasiones, el pasado, no sólo vuelve con fuerza, sino que es una base sobre la que se fundamentan multitud de cosas.

Bimbo ha lanzado una campaña sobre productos de larga trayectoria con el siguiente mensaje: Si ya no estuviera sentirías nostalgia, pero como si que está, sentirás sistalgia.

Los productos anunciados son Bony, Tigretón y Pantera Rosa, unos pastelitos que llevan existiendo desde los inicios de los años 70. Una campaña simple pero endiabladamente eficaz, que incluye una página web con música de la época, máquinas Polaroid, relojes casio y esas cosas que todos recordamos con una sonrisa en los ojos y la mirada chisporroteando.

La campaña de la sistalgia de Bimbo es más que una campaña y va más allá de la empresa, es la afinidad con las cosas que siempre hemos conocido, las cosas que son o fueron parte de nuestro vivir, cosas de las que puede haber o no otras similares y nuevas en el mercado, pero que preferimos las de toda la vida y sólo tenemos ojos para esa en concreto, la nuestra,  por una especie de sentimentalismo de marca, especialmente los que empezamos a juntar unos añitos ya, como aquel desaparecido y añorado por una generación de españoles, el Tulicrem, una especie de margarina chocolateada, compañera de muchas infancias.

La marca ha dado en el clavo con la campaña de la sistalgia, recordándonos que esos productos siguen ahí, al alcance para  de alguna forma a través de ellos reencontrarnos con nuestros añorados ayeres. Lo ha hecho sencillamente apelando a nuestro apego a las cosas con las que crecimos, algo mucho más efectivo que la novedades recién lanzadas, que a veces son tan numerosas que se agolpan formando una gran masa en la que es difícil distinguirlas. Por eso aplaudo la iniciativa de la sistalgia, aún mejor que la nostalgia, y que se basa en las huellas visibles de nuestras vidas, de nuestra propia historia, de la de cada uno, historia sin la que probablemente no se podría explicar nuestro yo presente, que se compone de un extensísimo equipaje de entornos, pensamientos, y sensaciones vividas, con gran peso y cargado de significado para nosotros. Y siempre con esos elementos alrededor de nuestra memoria, y hasta compañeros de nuestro viaje vital.

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