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Conviviosísmo publicitario

No es de extrañarse que el mundo publicitario sea pequeño, cerrado, elitista y extremadamente poser. Todos lo sabemos y quizá es por eso (no te mientas, lo sabes) que nos gusta ser parte de él, o al menos creer que somos parte. ¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos estar en lanzamientos, cócteles, festivales y eventos en los que nos rozamos con lo mejor de la publicidad? ¿A quién le presumiríamos nuestras campañas?

En una industria dominada en su mayoría por hombres, pareciera que seguimos atorados en la secundaria y es imperante bajarse los pantalones para ver quién la tiene más grande, ego, ego, ego. Desde tuits llenos de felicitaciones, favoritos y retweets, hasta blogs con entradas, opiniones, discursos y comentarios de todo tipo, nadie se quiere quedar fuera, porque callarse sería perderse la gran fiesta (a la que sí, en efecto, no has sido invitado).

Es cierto que el talento no lo es todo y menos en la publicidad. Uno de los factores más importantes es la forma de relacionarte; el cabildeo, lobbying, la estrategia y las PR o como yo le llamo “Conviviosísmo”. Sí, el afán de agradar, figurar, pertenecer y caer bien, se llama conviviosísmo. Eso de olvidar quién eres y ser como un ser inanimado que sigue órdenes y actúa conforme le muevan los hilos, no está padre. Claro, hay formas, lugares y situaciones, no mentiré, pero como todo; los extremos no son buenos.

Seguro tú has conocido algún convivioso, porque los hay en todos los niveles, tamaños y géneros e incluso tú lo has sido, lo eres. Las formas de llegar a nuestras metas incluyen ciertas aptitudes y actitudes que no siempre poseemos, pero como dicen por ahí “en la guerra y en el amor todo se vale”, lo importante es saber quién eres y tener límites. Ser tú en todos los niveles y con todas las personas, asegurará que no te tachen de convivioso, porque al final, entre ser y no ser es mejor parecer, ¿o no?

Chico Meteoro

Loco intenso en proceso de regeneración. Me caí cuando era chiquito, eso explica muchas cosas. Raro, extraño, desinhibido y extrovertido, pero no con todos y no en todos lados. Me encanta viajar y conocer la mente de la gente. Odio las mentiras y el plátano es mi kryptonita que tiene como antídoto pastel de chocolate.

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