Diseño

Mejorarlo todo, el síndrome del diseñador

Todo diseñador cree que puede hacer algo mejor de lo que su colega ha puesto en evidencia como parte de su trabajo, la crítica sobre el desempeño creativo en su área de desarrollo laboral es el pan de cada día.

Pero ¿quién puede medir el talento real de cada individuo? La subjetividad es parte del pensamiento creativo, por lo que criticar el trabajo ajeno siempre es un tema de debate entre los que nos desempeñamos en comunicación, y siempre pensamos que si ese brief hubiese llegado a nuestras manos lo habríamos hecho mejor. Es ahí donde parte la crítica.

Criticar es sumamente sencillo, pero analizar cuáles son los factores para obtener un resultado en diseño son innumerables. Esta doctrina absurda de “yo lo hubiera hecho mejor” es parte del ego de los profesionales de la creatividad.

Parte del proceso creativo es la aceptación de una visión diferente que trae consigo una concepción visual y experiencial propia de la cultura de cada individuo. Debemos aceptar que el talento y el conocimiento es algo que construimos a base de experiencia, la misma que nos genera una amplitud creativa individual.

Detrás de cada anuncio, comercial, marca, estrategia, están personas con capacidades e ideas distintas a las nuestras. Compartir sus ideas o no estar de acuerdo con ellas no nos hacen más creativos o más capaces. Simplemente nos hace diferentes, y esa es una oportunidad para crecer simplemente como observadores del trabajo de los demás.

Un cliente puede cambiar un anuncio a su antojo, y en publicidad muchas veces el cliente es el factor que altera el orden creativo. Dejándonos claro que la publicidad es un negocio donde las buenas ideas no siempre sobreviven. Mantener vivo el espíritu creativo no es una tarea colectiva, es un proceso individual basado en experiencias que encontramos a diario solucionando problemas.

La próxima vez que intentemos criticar un trabajo ajeno, pensemos en todos los factores que están más allá de lo visual. Porque al final, la publicidad es más fondo que forma. Un claro ejemplo de esto es cuando el cliente tiene 20 filtros y opiniones para el diseño de una tarjeta de presentación, la cual tras varios puntos de vista se convierte en un tributo a frankenstein.

En cuanto a la critica constructiva, es un escudo que difiere aún más los criterios con los que un profesional se desempeña. Aceptar sugerencias no es lo mismo que acatar órdenes, a menos que el cliente sea quien puntualmente sugiere adhesiones a una propuesta gráfica.

Todos en un momento por lo menos hemos pensado en como mejorar un trabajo ajeno, aceptar este tipo de comportamiento es natural. Pero es mejor ser críticos de nuestro propio desempeño y así evolucionar profesionalmente para nuestra satisfacción y no para complacer la visión crítica de los demás.

Imagen cortesía de iStock

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