Publicidad

Superando el trauma de hacer un “diseñito rápido” para un familiar

Y si, aquí me encuentro sentado mientras bebo una gaseosa y me desahogo de la “TERRIBLE” experiencia que he vivido durante las últimas dos semanas a causa de un proyecto freelance que llegó de la nada y que tenía “mucho para aportarme en mi vida profesional”, y pues ya que nadie en casa puede comprender mi molestia, decido describir mi experiencia para que alguna pobre alma tome en cuenta los consejos antes de cometer el simple error.

El sábado 30 de abril, un primo que siempre ha trabajado en el ámbito de los automotores me contactó para que me encargara de realizar la creación de la identidad corporativa para una empresa de la cual sería socio. Como hambriento de experiencia que soy, decidí aceptar el reto y me emocioné porque había mucho qué explotar en este nuevo proyecto, pero la emoción duró poco, hasta el momento en que aquel ser ignorante, que cree que los diseños son fáciles y que a veces el trabajo se debe regalar me dijo: “Ayúdele al primo, no me vaya a cobrar tan caro”. Como era de esperar, simplemente sonreí con hipocresía y el resto ya son relatos familiares. El punto es que han sido tres semanas de trabajo constante (Entre éste y otros proyectos) y las correcciones y opiniones que me hacían eran cada vez más absurdas, como si quisieran que su diseño quedara convertido finalmente en una valla luminosa kitsch de esas que se encuentran en el centro de la ciudad, además pensaba que el hecho de estar en un proyecto freelance indica estar disponible a las 2 de la mañana de miércoles o a las 3 de la tarde de un domingo.

Obviamente, una vez terminado el proyecto decidí cobrar inmediatamente y no volver a saber del tema, pero mientras hacía mis primeras compras con el botín obtenido, se me ocurrió una serie  consejos que sé que ayudarán a más de uno que pueda padecer el mismo calvario:

  1. Dejar la situación completamente clara: Igual que cuando inicias una relación sentimental, hazle saber a tu cliente (Sea primo, madre, padre, ahijado o tía) que eres un profesional y por lo tanto vas a trabajar y a cobrar como tal.
  1. Exigir que POR FAVOR lean los correos que envíes: En mi caso, cuando envié las primeras 3 propuestas del logo, me respondieron contándome exactamente lo que les gustaría ver y que diseñara una propuesta según esos parámetros, y resulta que sus exigencias se evidenciaban explícitamente en la tercera propuesta que les envié.
  1. Promover la Teoría del Marciano Verde: Si como a mí te sucede que las correcciones del cliente son cada vez “menos estéticas”, realiza tu propuesta y añádele algún mal detalle a propósito, de modo que el cliente lo vea y en cuanto te diga que retires esa “imperfección” sentirá que ese buen resultado se logró gracias a él, incitándolo a tomar en consideración esa propuesta.
  1. Relajarse y disfrutar de la realización de la propuesta: A fin de cuentas, tu mejor que nadie conoces tu forma de trabajar y sabes que saldrás con un producto de gran calidad, además de una u otra forma te terminarán pagando, entonces tendrás una doble remuneración (monetaria y de experiencia)

Es un trabajo arduo, pero recordemos que los clientes vienen de todas partes y son de todos los tamaños, colores, géneros y temperamentos. El mejor consejo es tener paciencia y saber llevar el proyecto sin que el estrés o la arrogancia de un cliente que se cree diseñador  te dañen el profesionalismo.

Alejandro Montoya Tamayo

Comunicador Gráfico Publicitario enfatizado en Branding y redacción publicitaria. Gamer en constante formación y jugador semi-profesional de Ultimate Frisbee. Creyente de la ley de Murphy y el efecto mariposa como leyes aplicables al diseño y la publicidad. Tiene un compromiso con la tranquilidad, las ideas bien estructuradas y los desafíos.

Sigue a Alejandro Montoya Tamayo en:
Etiquetas

Artículos relacionados

Close
Close