Comunicación

3 consejos que aprendí cuando anduve de albañil

Para mí, la publicidad siempre fue un sueño. Una de mis metas desde que estaba en la primaria era escribir y contar historias, en ese entonces no sabía cómo lograrlo, pues las condiciones en las que crecí no aseguraban mi éxito profesional de una manera fácil, al contrario, exigían mucha disciplina, sudor y trabajo.  Un ejemplo de ello fue cuando tuve que usar el pico y la pala para ganarme unos centavos, pues ahí, en la obra, aprendí muchas cosas que me fortalecieron para lograr mi meta.

Mantente fuerte y en forma

Cuando regresé de mi primer día de trabajar en la construcción, por un lado estaba emocionado por traer dinero a casa, pero por otro, me sentía el hombre más fuerte y rudo del mundo, pues había aprendido a cavar como todo un profesional. Eso fue justo el primer día, porque al siguiente, literalmente lloraba por el dolor de espalda, manos, piernas, brazos, ojos y pestañas.

Por más extraño que parezca, me sucedió exactamente lo mismo cuando obtuve mi primer empleo en una oficina, por ese motivo, desde ese momento entendí que estar en forma es parte fundamental de cualquier actividad, sobre todo si ésta tiene que ver con el desgaste mental, pues a veces intentar darle la vuelta a un concepto para que le guste al cliente o “hacer más blanco el blanco”, es una tarea ardua que requiere la mejor preparación.

Nunca dejes pasar tu hora de comida, ¡nunca!

Recuerdo claramente uno de los días de trabajo donde mi tarea era cavar una zanja de varios metros de profundidad. En aquel entonces, el tiempo pasó volando entre sol, tierra y un disco eterno, de aquellos mp4, de canciones “guapachosas”. Cuando me di cuenta, ya había pasado el mediodía y mi zanja no era ni la mitad de lo que esperaba el Maestro. Por tal motivo, decidí quedarme a “seguirle a la chamba” mientras mis compañeros degustaban unos exquisitos tacos de pollo rostizado, con rajas, queso y pedazos de jamón.

Yo seguía trabajando cuando de repente sentí un fuerte y molesto grito sobre mí, “’¿Qué haces?, ¡Deja ahí!, Si no te apuras te van a dejar solo las alitas y el pescuezo”, me dijo el Maestro de la obra mientras se reía por el potencial albur que me acababa de decir.

Al explicarle que prefería seguir trabajando para terminar el trabajo me dijo: “¡La chamba puede esperar, pero uno no es de hule, tenemos que tener la barriga llena y contenta. Al final, ese hoyo puede esperar, cualquiera puede hacerlo”, me dijo mientras soltaba una carcajada por el doble KO alburero que me acababa de hacer.

Después de esta experiencia, siempre procuro respetar mi hora de comida, porque aprendí que nada, ni nadie, es más importante que mi salud. Así que,  ya sea que se trate de un bomberazo o  de un pitch, siempre me encargo de mantener mi barriga contenta, porque la hora de la comida es sagrada, decía el profe.

Mantente humilde

En la obra vi de todo, tal vez en alguna ocasión se los cuente en una segunda parte, pero quizá lo que más me sorprendió fue la hermandad  que se sentía en el lugar. Sin contar los albures y burlas a los primerizos, que son parte de la interacción natural del oficio, los compañeros siempre estaban dispuestos a darte una mordida de su torta, a prestarte para la micro, o a enseñarte a agarrar bien el pico, claro, con su debido albur incluido.

Y aunque por fuera no lo parezca, dentro de la obra hay orden y respeto por las jerarquías, pero eso no significa que los arquitectos o ingenieros no se puedan sentar en un tabique para “taquear” con los muchachos, o que puedan discutir sobre el último partido del América.

En la obra cada uno sabía su lugar, nadie se sentía mejor que alguien. Esto es muy diferente a muchas de las agencias en las que he estado, donde hay supervisoras de cuentas que no pueden, simplemente no pueden, comer tacos, ya ni hablar de frijoles, ¡es una falta de respeto! O donde el Director Creativo no puede escuchar una idea que vaya contra la suya, ¡porque es una infamia!

Este tipo de actitudes aún me siguen sorprendiendo en un mundo que se dice abierto y tolerante, pues la falta de humildad en las agencias de publicidad es un mal que todos hemos alimentado, porque de alguna u otra forma, lo hemos aceptado como “normal”, cuando la realidad es que es algo que debe ser erradicado de inmediato.

De este modo termino mi pequeña reflexión, no sin recordar que el objetivo de mi artículo no es el de comparar, sino el de intentar hacer consciencia en todos nosotros, ya que no importa la marca de tu ropa, el modelo de tu Smartphone, ni el largo de tu barba, porque al final, todos venimos a las agencias a construir, solo que a diferencia de la obra, nosotros construimos ideas, sensaciones y experiencias. ¿Lo ves? ¡Al final todos hemos sido albañiles!  Así que deja de aparentar y sonríele a la vida, porque vida solo tenemos una.

Imagen cortesía de iStock


Daniel Robledo

Híbrido de publicista y comunicólogo, con mucha pasión por contar historias. Estudioso de la cultura digital, y apasionado por el desarrollo de contenidos aplicados a la tecnología y actualidad. Por el día me visto de creativo, pero por las noches puedes leerme bajo el pseudónimo de @WarioDan.

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