Marketing

El increíble alcance de la “marca difunto”

Kobe Bryant, Superman y Donald Trump son personajes  que últimamente han tenido un boom en su renombre a través medios convencionales o de simples conversaciones esporádicas y no es por cualquier motivo, es porque últimamente han dado de qué hablar en sus respectivos contextos, sea por su imagen benevolente o su desprecio injustificado hacia cierto fragmento de la humanidad (Las atribuciones quedan a tu subjetividad, querido lector). Éstas explosiones mediáticas son solo factores que buscan dar un impulso a lo que a lo largo de sus vidas (o las de sus creadores) han construido como “Marca Persona”, aquella identificación alternativa que se otorga a ésta clase de personajes o que ellos mismos plantean.

Ya está claro que la marca persona se construye cuando los humanos se encuentran vivos, ¿entonces por qué  hay tantos famosos que se vuelven aún más famosos cuando mueren y no pueden seguir trabajando en su marca?, pues el primer error es pensar que nadie sigue trabajando en ella, pues todos quienes están detrás de la celebridad se encargan de sacar el máximo provecho mediático al fallecimiento. Para entrar más en materia, ¿Qué tal un ejemplo?, pues hablemos del reconocido –Y muy admirado- Michael Jackson, cuya música y producciones eran rechazadas en diferentes partes del mundo debido al imaginario que existía de que era  un violador homosexual; pero esto no tardó mucho en cambiar a partir del 2009 cuando su muerte fue anunciada públicamente, a partir de ese instante una gran cantidad de personas decidieron sentirse identificadas con la música del Rey de Pop, idolatrando aquello a lo que le dieron la espalda por años y claro, los medios no son tontos y supieron sacar total provecho de todo este impacto. Lo primero fue el adelanto de la película “This Is It”, cuyo lanzamiento fue adelantado hasta el 28 de Octubre del mismo año de su muerte, y hay algo que queda claro:

“SI MICHAEL NO HUBIESE MUERTO, LA REMUNERACIÓN TAQUILLERA DE ÉSTA PRODUCCIÓN NO HUBIESE ALCANZADO LA MITAD DE LO LOGRADO FINALMENTE”

Y como en esta industria sabemos sacar provecho de todas las oportunidades, ese fue el momento preciso para liberar un sinnúmero de canciones y productos inéditos disfrazados de “Colección de Oro” o el famoso “Greatest Hits”. Así, poco a poco a lo largo de 2 años, todos aquellos que se encontraban detrás de la vida profesional de Michael obtuvieron grandes recompensas de cuenta de una “Marca Difunto”.

Claro, este último es solo un ejemplo de los muchos que hay, con los cuales el objetivo es “dar de qué hablar para potencializar la marca”, tal como lo hizo la muerte de Kurt Cobain (Vocalista de Nirvana), que incitó a una gran población a adentrarse en la experiencia de sentir las notas producidas por la banda. Junto a Kurt podemos mencionar la muerte de David Bowie y la irremplazable pérdida de Robin Williams, quien a lo largo de sus trabajos en producciones cinematográficas supo llegar al corazón de todos los espectadores, causando conmoción con la noticia de su muerte. Respecto a la muerte de Williams ocurrió un gracioso –y ofensivo- fenómeno, muchas personas (En su gran mayoría mujeres) creyeron que esta muerte era del -también famoso- cantante Robbie Williams y por eso saltaron millones de estados en redes sociales compadeciendo la “muerte” del cantante.

De éstos ejemplos nos queda algo claro, una “Marca Persona” bien alimentada, de la cual podemos sacar provecho mientras nuestra presencia aún es real, puede llegar a trascender más allá de la muerte hasta convertirse en una “Marca Difunto”, donde puede potencializarse aún más, permitiendo que hayan personas externas a nosotros que saquen frutos de un branding impulsivo.

 

Alejandro Montoya Tamayo

Comunicador Gráfico Publicitario enfatizado en Branding y redacción publicitaria. Gamer en constante formación y jugador semi-profesional de Ultimate Frisbee. Creyente de la ley de Murphy y el efecto mariposa como leyes aplicables al diseño y la publicidad. Tiene un compromiso con la tranquilidad, las ideas bien estructuradas y los desafíos.

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