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De la nada pasó todo

Los puntos suspensivos de whatsapp me dan la certeza que al otro lado hay alguien que responde con prisa. Mirando la pantalla sin parpadear, sé que será lo más cercano a sostener la mirada con atención mientras me hablan.

Además, el whatsapp nos ha develado nuevas habilidades sociales como la interpretación de la última hora de conexión, la elección psicológica de la foto perfil y la capacidad de traducir correctamente mensajes con emojis.

Tinder y su toque me hizo caer en cuenta que la atracción puede reducirse a un asunto dactilar y que todos sin exclusión tendremos nuestro algoritmo carnal al cabo de una centena de fotos revisadas.

Los 140 caracteres de Twitter corroboran cada día ser los estrictamente necesarios y solventes para comunicarnos en la red. Gracias a los tweets podemos hablar de una cantera  de lideres de opinión, un semillero de opinologos y tecnócratas imprescindibles para nuestra época.

Las amplias paredes de Pinterest clasifican todo lo observable, reafirmando que establecer nuestro gusto puede ser una labor copiosa y sistematizable. Instagram y la democratización de la fotografía, nunca antes estuvimos expuestos al registro de tantas vidas ajenas #filter #nofilter.

Snapchat me sorprende con todas las caras que le pone a cotidianidad. Te convierte en segundos en un tierno cachorro o un zombie en ciernes. Tu grabas tus propias ficciones y las compartes.

No tendría que agregar mucho sobre Facebook y Google porque en resumen son la vida misma. Todas las fronteras se siguen desdibujando con cada artificio que nos deslizan.

Podría continuar enumerando a Netflix, Spotify, Airbnb, Tripadvisor y un largo etcétera que seguro acabaría momentáneamente hablando de los pokemones que atraparé.

No creo que exista el mejor resumen, ni predicción que dimensione con certeza toda la transformación que respiramos. A 32 años de mi nacimiento y recordando la precariedad de las cosas que podía hacer hace un par de décadas con mi computadora de escritorio, estoy convencido de una cosa: De la nada pasó todo.

 

Imagen cortesía de iStock

Manuel Cárdenas Ibérico

Publicista, coleccionista de esquinas y buzo. Curioso de tierra firme y aguas abiertas. Hace 10 años no trabajo, solo me divierto en agencias de publicidad. Hace 4 años abrí la mía y aprendí que comunicar es conjurar www.chaman.pe Sígueme @manuelmega

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