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Un click inesperado (¡No podrás resistirte!)

Si usted está aquí, espero que no haya sido víctima del clickbait; aunque estoy seguro que definitivamente lo ha sido en muchas otras ocasiones y probablemente lo seguirá siendo mientras tenga presencia en redes sociales y amigos sin mucho criterio para leer titulares en internet.

El clickbait es un fenómeno interesantísimo, que ha hecho del medio digital un contexto en el que pareciera más importante el título que el contenido, lo cual refleja aquello de que la primera impresión siempre es lo que cuenta pero también el dicho de que las apariencias engañan y es que sí, casi siempre que se juzga a un libro por su portada, se está incurriendo en la simplificación del contenido; sí, es muy relevante la portada de un libro, el título de un artículo o la apariencia de alguien, pero no es, por ningún motivo, decisiva; quizás haya que recordar que las personas, las noticias, los libros son creaciones que contienen más que simple información resumida en sus superficies, las capas debajo de la faz de los contenidos son ilimitadas, descubrirlas requiere incesantes esfuerzos que al final producen grandes beneficios.

Cuando se usa el clickbait de manera armónica, pues no es una técnica del todo despreciable, se invita al usuario a dar una mirada al contenido, que debe tener la sustancia impresa en el titular; no pueden generarse contenidos incoherentes con la calidad del título, sería como vender un gran pastel, bellamente adornado, finamente acabado, pero en el que la mezcla no tenga azúcar, nadie, en el mundo, comerá de un pastel desabrido; todos quieren en un postre, experimentar el agradable sabor del dulce, así sea de un dulce sucedáneo, las personas buscan en las superficies elementos que conlleven a excavaciones provechosas; pero no todo lo que brilla es oro y esta suerte es la que ha llevado al clickbait a entrar en la lista de conceptos peor valorados.

La prensa amarillista tiene sus adeptos, siempre los tuvo, pero en la actualidad para casi todos es muy claro que a las personas que les gusta la prensa amarillista también le gusta conformarse con lo poco y hasta con la nada; son un público bastante mediocre, en el caso del clickbait cuando éste se encuentra dirigido al público amarillista desata una viralidad desagradable, sustentada en contenido basura circulando como un fuego en expansión; las técnicas para atraer a la gente a nuestros contenidos deben, sí, es indispensable, usar de titulos encantadores, pero si éstos no surgen de contenidos encantadores, entonces no vale la pena siquiera publicar nada; se ganan más moscas con miel que con hiel y cuando tenemos audiencias leales podemos titular confiadamente, pues sabemos que irán a leer lo que hemos publicado; el clickbait aplicado de manera indiscriminada terminará por decepcionar al público que realmente vale la pena, aquél que tiene criterio.

Sin embargo, el clickbait no persigue necesariamente construir relaciones con la audiencia, cuando se aplica de manera soez y engañosa, lo único que persigue es aprovecharse de ese, siempre existente, público incauto, tonto, desprovisto de cualquier criterio y ansioso por mostrar al mundo su mediocridad, para ganar dinero; lo único que buscan esos “generadores” de basura es una sola oportunidad, la única que van a tener, pero repetida millones de veces.

Entonces, ¿cómo se supera ese desagradable clickbait? Algunas redes sociales como facebook están determinadas a luchar para erradicarlo, o al menos distinguirlo como malicioso; sin embargo, no en todas las redes sociales se trabaja efectivamente y ni siquiera las que lo hacen han podido reducir los perniciosos efectos que tiene esta práctica distorsionada; por tanto, queda del lado del usuario la lucha, deberían promoverse campañas dirigidas a esos “amigos” compulsivamente compartidores o contra esos medios mediocres, que tengan resonancia incluso legal en los países, de ser posible; la regulación consciente de las técnicas adecuadas para un internet más productivo y no necesariamente más repleto de cosas debería ser una prioridad y no la persecusión por contenidos que puedan no ser tan convenientes a algunos factores de poder.

La internet y la generación de contenidos responsables puede estar a un click; no caigas en la trampa.

Andrés Cordovés

Soy un Venezolano con Terroir que ama las palabras; lo que me convierte en un Lexicultor; curioso y dispuesto a probarlo todo siempre con mesura, lo que me hace un Foodie Pasteurizado; desde 2008 emprendiendo como Director de Inteligencia en El Bar Creativo.

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