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“Nadie es indispensable en una empresa”

Desde siempre me gusto el ambiente que generan las agencias de publicidad; gente con buenos comentarios, ideas fuera de lo común, eventos, juegos en la oficina y mucha recolección de información para lograr una campaña de alto impacto. Pero debo confesar, que a pesar de ser una persona con gusto por la socialización, creativa y trabajadora, jamás sentí encajar en alguna de ellas. Siempre veía a más de un colega hablando de grandes compañías de publicidad, y de su gran esfuerzo por entrar a ellas, mientras que yo, me refugiaba en apoyar los emprendimientos y en hacer mi propia empresa.

Al obtener mi diploma, necesitaba conseguir dinero para terminar de pagar la mínima deuda de los últimos semestres; empapelé grandes, pequeñas y medianas empresas, con la falsa ilusión de que tener un título me iba a facilitar las cosas. En las agencias me ofrecían sueldos que eran absurdamente decepcionantes y en otras empresas me llamaban para cargos que jamás pensé ocupar. Pero la necesidad a veces mata el gusto, y acepté un trabajo donde me pagaban bien.

Cuando inicié, me sentía frustrada, pensaba que no era justo tener un título y no poder ejercer mi carrera, además de estar todo un día trabajando para una empresa a la cual no me daban ganas de llegar y me quitaba tiempo valioso que podía dedicarle a mi emprendimiento.  Así que, pasados nueve largos meses, RENUNCIÉ, con la cabeza en alto y con ganas de hacer mil cosas.

Claramente, tanto familiares, amigos y conocidos, pocas veces estarán de acuerdo con la decisión de no entrar a una empresa a ser una empleada más; y pensar así no tiene nada de malo, porque emprender no es fácil y se necesita de un sustento económico muy fuerte, pero me parece triste ver, como mis colegas viven del que dirán, de las apariencias, cuando en su vida lo único que recolectan es estrés por cumplir en sus trabajos y no ser despedidos.

Quizás en un futuro me arrepienta de no haber trabajado especialmente en una agencia de publicidad, pero hoy puedo decir que me siento cada día más orgullosa de las personas que crean sus propios negocios, que creen en el futuro de los emprendimientos y que se esfuerzan para lograr sus objetivos. Alguna vez un exjefe me dijo “nadie es indispensable en una empresa” y tiene toda la razón. Desde que los profesionales no valoremos nuestro trabajo, tiempo y dedicación, seguiremos siendo burlados y mal pagados.

 Algo que aprendí trabajando para otras personas, es que quien regala su trabajo le será demasiado difícil llegar lejos.

AUTOR

Paula Lorena Rodriguez Guerrero

Emprendedora en proceso, publicista y fotógrafa. Mente creativa desupervoces.com. Melómana y cantante frustrada. Apasionada por las letras y los buenos contenidos. Sígueme en Instagram y Twitter: @paurodri92. Linkedin: http://bit.ly/1xpfXy0

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