Cine

Sin título

En los tiempos antiguos, los discos editados en la Argentina (y, supongo, en toda América Latina) venían con los títulos de las canciones traducidos. Así, un tema archiconocido como “Please, please me” de los Beatles, apareció con una traducción errónea: “Por favor yo” cuando en verdad se debería haber traducido como “Por favor, satisfáceme”. Hubo muchos otros casos con traducción flagrantemente equivocada; todavía conservo la edición original del primer disco de Emerson, Lake & Palmer, “el de la paloma”. El disco incluía el tema instrumental “Tank” (“Tanque”) que aquí se tradujo como “Gracias” (“Thanks”). Más absurda aún fue la traducción de “Knife edge” (“El filo del cuchillo”) que se conoció como “La era del cuchillo”, expresión que en realidad corresponde a “Knife age”. Otro ejemplo: el célebre “disco de la vaca” de Pink Floyd se llamaba “Atom heart mother”, es decir, “Madre de corazón de átomo” o algo por el estilo; aquí se editó con el nombre “Corazón de madre atómica”. No es lo mismo, ¿verdad?

También se traducían los nombres de las series de TV, que se emitían dobladas al español. Otra vez, en algunos casos la traducción era literal, como en “La isla de Gilligan” o “Hechizada”. En otros se agregaba alguna palabra para que a nosotros los idiotas nos quedara claro de qué iba la serie: “The Addams family” se emitió como “Los locos Addams”; “The Beverly hillbillies” fue “Los Beverly ricos” (frase que carece de sentido). Desde luego, había series cuyo nombre era intraducible por su juego de palabras; es el caso de “Get Smart”, conocida aquí como “El súper agente 86”. Esta traducción de títulos no se limitaba a las sitcoms, sino que se extendía a las series dramáticas. Había nombres literales (“El fugitivo”, “El túnel del tiempo”, “Viaje a las estrellas”, etc.) y otros con delirantes pretensiones románticas: “It takes a thief” (“Se necesita un ladrón”), la gran serie de Robert Wagner, se estrenó aquí con el romántico, evocativo y ridículo título “Ladrón sin destino”. Y a la inglesa “The persuaders” se le adjudicó el imbécil nombre “Dos tipos audaces”.

En algún momento, estas traducciones dejaron de existir. Las canciones conservaron sus nombres y lo mismo sucedió con las series, en gran parte gracias a su emisión en cable y en idioma original. Pero con las películas esto nunca sucedió. Desde que se inventó el cine, las películas se estrenan con nombres en español, en particular las estadounidenses. Y esos nombres son casi siempre absurdos. Los ejemplos son tantos que abruman, así que solo voy a consignar los, para mí, más extraordinarios.

  • En 1983 se estrenó una olvidable película de un tal Paul Nicholas, llamada “Julie darling” y también conocida como “Daughter of death”. El distribuidor argentino era Claudio María Domínguez (hoy célebre por su perfil “new age”) y decidió estrenarla aquí con el sugestivo título “Déjala morir adentro”. Eran tiempos de “destape” luego de la noche de la dictadura argentina, y abundaban los filmes eróticos antes censurados. El título elegido por Domínguez se sumaba a esta tendencia, pero tuvo sus problemas: algunos canales de TV se negaron a pasar el aviso, y lo mismo ocurrió con ciertas radios; lo que objetaban era específicamente la palabra “adentro” (no lo estoy inventando: fue así). Esto no impidió que la película fuera un éxito tremendo: según el blog Cinefreaks247, solo en la primera semana la vieron 20.000 espectadores y el filme estuvo más de dos meses en cartel.
  • Esta comedia ha sido, me parece, injustamente olvidada. La recuerdo como muy simpática pese a algunos problemas de “pacing”, como dicen los gringos. Se llama “The Dream Team”, es de 1989, la dirigió Howard Zieff (“My girl”) y actuaron Michael Keaton y Christopher Lloyd, entre otros. Se trataba de un grupo de pacientes de un hospital psiquiátrico envueltos involuntariamente en un complot criminal. Pero claro, la expresión “Dream Team” todavía no era conocida aquí (de hecho, la adjudicación del sobrenombre al equipo de básquet estadounidense conformado por estrellas de la NBA tendría lugar recién 3 años después, por lo que esta película bien puede ufanarse de haber lanzado la frase). Por lo tanto, los distribuidores le pusieron, aquí y en Brasil, “De médico y de loco todo el mundo tiene un poco”. En serio. Imagino que diseñar los afiches con este nombre no habrá sido sencillo.
  • Si los dos ejemplos anteriores son ridículos, este es directamente inexplicable. Se trata de la película “Narrow margin”, dirigida por Peter Hyams en 1990 y protagonizada por Gene Hackman y la bella Anne Archer. Sus personajes están en peligro: ella es testigo de un asesinato y él debe protegerla. Sin embargo, el filme (cuyo título significa “Margen estrecho”) se estrenó como “Al margen del peligro”. Es decir que, según el nombre de la película, sus protagonistas no estaban en peligro. ¿Por qué a alguien le iba a interesar una historia de suspenso si no había ningún peligro? Vaya uno a saber.
  • Esta es más famosa: la muy excelente “Airplane!” podría haber sido traducida como “¡Aeroplano!” o “¡Avión!”, lo que la habría acercado a una de las películas que parodiaba, “Aeropuerto”. Pero no: se la conoció con el título “¿Y dónde está el piloto?”, nombre que, de paso, revelaba gran parte de la trama (aunque esto no tenía ninguna importancia, claro). Este horror dio lugar a varios otros, ya que el éxito del filme permitió nombrar muchas comedias con una fórmula similar: “¿Y dónde está el policía?” (“The naked gun”), “¿Y dónde está el fantasma?” (“A haunted house”), “¿Y dónde están las rubias?” (“White chicks”) y un largo y espantoso etcétera.
  • Hay varios casos en los que el título original, pese a ser consignado con prolijidad, no resultaba suficiente para los distribuidores locales. Entonces sintieron la necesidad de agregar palabras altisonantes o bien conservar alguna palabra del título original y cambiar el resto. Ejemplos: “Coming home” se llamó “Regreso sin gloria” (se ve que había que aclarar que el regreso del título era, en efecto, sin gloria; o a lo mejor una señora llamada Gloria era la que no volvía). “Atonement” mantuvo la palabra original pero se le sumaron dos para formar un trío fulminante: “Expiación, deseo y pecado”. El primer filme de James Bond, “Dr. No” se conoció en la Argentina como “El satánico Dr. No”, para que no quedaran dudas sobre las intenciones del villano. “Star Wars” se llamó aquí “La guerra de las galaxias” (una guerra y no varias, y no de las estrellas sino de las galaxias, que suena más impresionante). “Die hard”, el clásico de Bruce Willis, es un caso extraño: en español se la denominó “Duro de matar”, es decir, mantuvo -aproximadamente- las dos palabras del título original pero se les dio otro sentido. El problema surgió cuando, años después, se estrenó “Hard to kill” (con Steven Seagal) que significa literalmente “Duro de matar”; lo arreglaron llamándola “Difícil de matar”. Es más o menos lo mismo, ¿no?
  • Hay muchos casos en los que el título traducido no tiene nada que ver con el original. (Ya compartí un par más arriba y ahora refiero otros brevemente.) A veces, esto sucede porque la expresión usada en inglés no tiene traducción y, así, “Pulp fiction” se convierte en “Tiempos violentos” y “All about Eve” se transforma en “La malvada”; no está tan mal: en el primer filme los tiempos son violentos y en el segundo hay una malvada. Pero hay películas cuyo nombre en castellano no tiene explicación. Tal vez el ejemplo más indignante sea “The deer hunter” (“El cazador de ciervos”), la película de Michael Cimino estrenada y aún conocida aquí como “El francotirador”. En el filme, los protagonistas van a cazar ciervos y de ahí se van a la guerra de Vietnam. Nunca, en ningún momento, ni durante décimas de segundo, ni en imágenes ni en diálogos, aparece un francotirador. Hasta hubiera sido más lógico ponerle “Los tres locos de la ruleta rusa”.

Los ejemplos de traducciones delirantes son casi infinitos y estoy seguro de que ustedes se habrán acordado de varios durante la lectura de este artículo. Yo opino que es hora de que se dejen de traducir los títulos de las películas, como ya pasa con canciones y series. Iniciemos una campaña para lograr este objetivo. Total, se hacen campañas por cada cosa…

Roberto Patxot

Trabaja en publicidad desde hace más de 30 años, y no tiene ninguna intención de parar. Gran parte de su carrera la realizó en OgilvyOne, donde llegó a ser Director Creativo Regional. Fue jurado en casi todos los festivales publicitarios; ha dado (y da) charlas en varios países de América Latina. Hoy se desempeña como Director Creativo en Ogilvy Argentina, y escribe sobre aquello que le gusta: publicidad, claro, pero también cine, libros, música y otras cuestiones. Padece de una rara versión del Síndrome de Tourette, que lo lleva a compartir con frecuencia chistes tan faltos de gracia como irritantes.

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