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Conciencia y responsabilidad marcaria

México, siempre se ha destacado por ser inconfundible en cultura, tradición, territorio y otras características muy específicas que guarda este maravilloso país, pero no por sus marcas registradas.

Cuando registramos una marca, siempre pensamos que lo hacemos con la finalidad de cubrir un requisito del que todos hablan, con el simple afán de hacer algo que la minoría de la gente hace; pero generalmente quien registra no se toma el tiempo necesario y suficiente para ver si el registrar su marca es conveniente en ese momento (porque siempre es conveniente registrar), puesto que el registro cerca de ser una decisión jurídica también es una decisión financiera y de mercadotecnia.

En esa búsqueda del reconocimiento de la gente al decir: “mi marca está registrada” tendemos a perdernos un poco, y no visualizamos la gravedad e importancia que tiene el registrar una marca y digo gravedad porque no podemos ir por la vida registrando marcas a diestra y siniestra, sino que tomando conciencia y responsabilidad es como conseguiremos registros vitalicios, no espantapájaros marcarios, que a la primera tormenta se deshagan.

¿Pero qué debo hacer para lograr tener un registro puro de conciencia y responsabilidad? Pues prácticamente es fácil se trata de buscar antecedentes de otras marcas ya registradas para conocer si alguno de los elementos ya sean fonéticos, gráficos o ideológicos se parecen en grado de confusión con nuestra marca, después analizando detalladamente las características para conocer si efectivamente vale la pena registrarla ahora, o bien si nuestro diseño generaría un golpe de vista ante un público consumidor. Pero uno de los puntos más importantes para lograr tener un registro duradero y renovable, ajeno a algún otro interés, es delimitando nuestros servicios o productos conforme a la clasificación que nos otorga el catálogo de clases emitido por la autoridad correspondiente.

Solo siguiendo esta dinámica, podremos orgullecernos de tener una marca registrada y que podremos contar con un registro duradero, porque cuando clasificamos aseguramos que nuestra marca se utilizara para los servicios y/o productos de la clase que elegimos, por lo que una mala clasificación de nuestra marca nos daría además de un registro ficticio, un dolor de cabeza y un gran problema ante un competidor desleal que desea aprovecharse de esa situación para hacer caducó el registro por falta de uso para los fines en los que registramos.

Hagamos marcas inconfundibles, al igual que nuestro País.

Imagen cortesía Shutterstock

Cristian Lozano

Joven Abogado y emprendedor, amante de la música, adicto a las letras, aprendiz de escritor, enamorado del derecho con una afinidad al Derecho de Propiedad Intelectual.

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