Publicidad

Publicidad terrorífica

La publicidad, como es sabido, es un arte que se utiliza para informar, entretener, atraer, e incluso divertir. Generalmente es así, pero de cuando en cuando uno se encuentra con anuncios, avisos o como quieran denominarse que intencionadamente o no, consiguen repeler al usuario. El caso más común es el de los envoltorios de las cajetillas de cigarrillos y de las bolsas de tabaco de liar. Nos presentan en un tamaño considerable, a veces tapando la marca en cuestión, una desagradable serie de escenas de muerte y sufrimiento, que consiguen encoger el corazón del fumador habitual hasta el punto de convertirlo en ex-fumador. Un procedimiento erróneo en mi opinión, pues además de conocer los riesgos del hábito de fumar, perjudica a la marca e incluso al gobierno que promueve la campaña de tan dudoso gusto, pues percibe muchos millones anuales en concepto de impuestos directos sobre el tabaco.

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Otro ejemplo de esta publicidad es el de las últimas campañas de la dirección general de Tráfico, que apela a los miedos en lugar de mostrar las ventajas de obrar bien al volante, exagerando las manías y costumbres de los conductores hasta un punto monstruoso.

Esos dos anteriores, son procedimientos intencionados que aunque erróneos en esencia son bien ejecutados y son eficaces en sus objetivos, auque sería mejor que cambiaran de copla y nos mostraran las ventajas de comportarse bien en carretera y de no fumar, que nos vendieran una idea más atractiva de mantener los pulmones limpios y de no hacer el cafre con el coche, de esa forma ganaríamos todos más.

Dejando aparte estas cuestiones quiero hacer mención de un anuncio cuyos creadores, que ignoro quienes son, debieron pensar que era una genialidad, aunque lo que resultó fue un ejemplo más de publicidad terrorífica, aunque la intención fuese en dirección contraria. Se trata del spot para televisión de la compañía de préstamos Creditea, que no se ha cubierto precisamente de gloria por su campaña. El anuncio presenta una pareja algo apurada económicamente, y un tipo vestido con una chillona camisa verde con flecos perpetra (mal) un plagio de una canción de Sergio Dalma con una letra ridícula.

Eso podría tipificarse como terrorismo publicitario, que puede tundir a la empresa cliente como ya ha sucedido anteriormente. Va siendo hora de dejarse de fórmulas y de mirar lo facilón y lo cutre, de ser menos Media Markt y de ser más Apple y más Ikea en cuanto a campañas, aunque sólo sea para atraer a las personas y no hacer que salgan en estampida, horrorizados por éste u otro anuncio, y acaben echándose en brazos de otros.

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