Literatura

Big bang de tinta y papel

Aunque el comic ya había dado títulos destacables como el caso de Yellow Kid, y ya llevaba unos cuantos años existiendo, fue Superman quien empezó a levantar revuelo. 1938 fue el año cero en el que los comics llegaron a todos los públicos, cuando empezó a ser un producto de uso masivo.
Año cero, 1938, Joe Schuster y Jerry Siegel crearon para la National Periodical —futura DC— a Superman, un hombre resistente a las balas, más rápido que una locomotora, y capaz de rebasar un rascacielos de un solo salto. El personaje llegó en un época adecuada —para una América seriamente tocada por la depresión— como un personaje en el que reflejar las cualidades más positivas del espíritu de la propia América: intentando sacar fuerzas de flaqueza. Su debut en Action Comics número 1 causó auténtica sensación siendo un superventas. No había precedentes claros de un personaje así, supuso toda una explosión con su traje rojo y azul y una desbordada fantasía imprescindible para el escapismo de los lectores en unos años muy duros.

Este primer éxito fue sucedido al año siguiente, en 1939, por otro personaje que también causaría furor, y al igual que Superman perduraría hasta hoy día. En el número 27 de una publicación de género negro, de las mentes de Bill Finger y Bob Kane, Batman, que en aquella primera encarnación no le hacía ascos a dejar su camino regado de cadáveres si era preciso, y con un atuendo impresionante, más que el actual si exceptuamos los guantes.

Haciéndose eco de los éxitos que la National estaba cosechando, la que sería su más directa competencia, Timely, hizo su jugada. Martin Goodman quería sus propios Superman y Batman. Lo consiguió con dos sencillos principios: Agua y fuego. En 1939 comenzó a publicar The Human Torch de Carl Burgos, un androide llameante que buscaba su propio destino y su propia humanidad mientras arrojaba bolas de fuego a los más variopintos maleantes. Por otro lado Bill Everett lanzó a Namor the Submariner, un híbrido entre atlante y humano que no tenía demasiada delicadeza con los habitantes de la superficie.

Estos últimos lanzamientos supusieron un nuevo paso adelante en el comic, pues a diferencia de Superman, Batman,  y otros que vivían en ciudades imaginarias como Gotham y Metrópolis, los personajes de Timely residían en la muy real ciudad de New York, y lo más alucinante para los lectores es que Namor y Human Torh interactuaban entre ellos enzarzándose en feroces batallas en las que la ciudad se resentía, lo que daba cierta sensación de realismo, más cuando en sus peleas destrozaban escenarios bien conocidos por los neoyorkinos de la época, como el Radio Music City Hall.

Tras unos cuantos personajes más de ambas editoras, y de algunas más, el nuevo nivel del boom del comic llegó un par de años después. Aprovechando la intervención americana en la contienda mundial, 1941 fue el año en el nació el Capitán America, de Jack Kirby y Joe Simon. El comic izaba las banderas, y resultó ser una verdadera explosión de ventas, tanto en el frente como en su propia casa, en los USA, apelando a efluvios patrióticos.

Unos años después de la gran guerra, el mercado decayó, en parte por una campaña de persecución del medio que sufrió en los años cincuenta, en los que se acusaba a los comics de pervertir a la juventud siendo EC comics la gran perjudicada por su coqueteo con el terror extremo, por lo que se entró en una rutinaria espiral de comics de terror light, ciencia ficción, dibujos animados, y western. A mitad de la década de los cincuenta DC renovó discretamente a sus más clásicos personajes, lo que resultó una buena estrategia que desembocó en reunirlos en un sólo grupo. Una vez más provocó la réplica de Martin Goodman, aún al frente de Atlas, antigua Timely.

La réplica llegó en 1961 en forma de comic con un pequeño tinte experimental por así decirlo. Fantastic Four fue un soplo de aire fresco en un medio cada vez más rutinario. La obra de Jack Kirby y Stan Lee tuvo una tremenda acogida, con nuevos conceptos que pulverizaban el de el superhombre perfecto e invencible que había primada hasta la fecha. Héroes con problemas personales, económicos y psicológicos. Superó todas las expectativas de sus autores, lo que llevó a probar nuevas fórmulas que llegaron encarnadas en forma de Thor, Hulk, Spiderman, Dr Strange, y muchos más. La Marvel, como desde entonces se le conocería dio paso a la siguiente fase de la evolución del comic, una nueva vuelta de tuerca que lo convirtió de un medio infantil y de usar y tirar a un medio de expresión que nada debía envidiar a ningún otro. En esos años, los 60 empezó a tener una visibilidad y relevancia propia. Tanto es así, que los artífices del Pop Art plagiaron algunas viñetas de autores de comic.

A partir de ahí todo fue disparándose, el medio dio grandes creadores, como Neal Adams, Jim Steranko, Frank Miller, John Byrne, o Jim Starlin, que dotaron a sus personajes e historias de una experesividad y vida que rivalizaba con las de la literatura o el cine, convirtiéndose en pocos años en un género literario en sí mismo, generando obras maestras de la talla de Watchmen, o Dark Knight en los 80, o The Autorithy en los 90.

Hoy en día no podemos concebir el ámbito cultural sin incluir referencias al medio del comic, medio del que ya se nutren desde hace tiempo otros medios, sobre todo el audiovisual, que basándose en el comic no cesa de producir éxitos, en animación e imagen real, para el cine y  la televisión. La influencia del comic es de una magnitud gargantuesca en la cultura popular, y en la no tan popular también, me atrevo a afirmar. No podemos sustraernos a la importancia de dicho medio, cuya popularización comenzó en medio de una crisis semejante a ésta (en algunas cosas). Un alienígena de Krypton vestido de azul y rojo. Un medio cuya influencia no cesa de aumentar, y cuya calidad aún no ha tocado techo, pues aún nos dará más grandes obras con las que deleitarnos. Nos queda mucho que disfrutar todavía, con tantos grandes autores de todos los países y estilos con el único fin de acariciar nuestros sentidos con sus obras, y sus productos derivados, ya que el comic está dando de beber a la televisión y al cine desde hace unos años, por no hablar de otros productos que mueven millones de dólares.

El comic ya no tiene porqué demostrar su valía, pero lo sigue haciendo, evolucionando y mejorando más a cada paso que da. Tiene un brillante futuro que puede engrandecerlo aún más. Ya nos ha acompañado durante el siglo XX y seguirá haciéndolo durante muchos años más, a juzgar por su brillante trayectoria. Los aficionados al medio tenemos mucho que celebrar, de su pasado, de su presente, y del futuro.

Javier García

Operario de la letra, redactor y narrador con debilidad por la comunicación y la publicidad que explora, cual curioso astronauta, habiendo revoloteado en el cómic, la radio y en medios escritos, orbitando en la publicidad para el pequeño comercio, a la vez que en otras escrituras más líricas. Sígueme como @xabelg

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