Creatividad

La Ópera de Sydney: cómo vender una idea con una sola palabra

Difícil encontrar una persona que no reconozca de inmediato el edificio de la Ópera de Sydney. Es uno de los íconos más famosos del mundo, y con razón (aunque hay quien sostiene que la acústica del lugar no es la mejor para escuchar, justamente, ópera). Pero para mí, la historia más interesante con respecto a esta obra es cómo la “vendió” el arquitecto.

El hombre se llamaba Jørn Utzon, era danés, y nació en 1918. Cuando ya era arquitecto, en 1949, recibió una beca que le permitió viajar por los EE.UU. y México; allí se puso en contacto con la escuela de Frank Lloyd Wright, y conoció a Mies van der Rohe, Ray y Charles Eames, y Richard Neutra, entre otros. En París, además, se encontró con Le Corbusier y el escultor Henri Laurens, quien le enseñó mucho sobre forma.

En 1956 se anunció un concurso internacional para diseñar un teatro de ópera en Sydney. Llegaron más de 200 propuestas de todo el mundo, entre ellas la de Utzon, que ya había ganado varios concursos de menor envergadura. Cuenta la leyenda que uno de los jurados era el arquitecto norteamericano Eero Saarinen, y que este llegó a Sydney más tarde, cuando sus tres compañeros ya habían comenzado la tarea. Saarinen se puso a revisar las propuestas ya descartadas, se detuvo al ver la de Utzon y declaró que era extraordinaria.

El proyecto de Utzon era un diseño esquemático que explicaba claramente el concepto para el edificio. De hecho, se dice -me gustaría estar seguro de que esto es cierto pero no lo puedo afirmar con contundencia- que el arquitecto resumió su idea con una sola palabra.

“Velas”, dijo. (“Sails”, en inglés.)

Se refirió a su edificio como velas. Velas en la Bahía de Sydney.

sindney

Sus bocetos tenían curvas geométricamente indefinidas, que debían ser desarrolladas para construir la Ópera. Varios no estaban convencidos de que esto fuera posible, pero Utzon sí.

En 1965 fue elegido un nuevo gobierno en ese Estado y el ministro de obras públicas comenzó a cuestionar el diseño de Utzon y, sobre todo, sus costos. El arquitecto fue obligado a renunciar como jefe del proyecto en 1966, cuando directamente dejaron de pagarle. Las calles de Sydney se llenaron de manifestaciones de protesta lideradas por el arquitecto australiano Harry Seidler y el escritor Patrick White, entre otros, que pedían el regreso de Utzon que, finalmente, no se produjo. Cuando se inauguró la Ópera en 1973, el Instituto Real de Arquitectos de Australia le otorgó a Utzon la Medalla de Oro, pero el hombre no asistió a la ceremonia.

Volvió a Sydney recién en 1999, cuando lo convencieron para que desarrollara una serie de Principios de Diseño como referencia permanente ante cualquier cambio futuro realizado en el edificio. Los Principios se publicaron en 2002; Utzon murió en Copenhague en 2008, cuando tenía 90 años. Tanto su Ópera de Sydney como sus Principios de Diseño son hoy parte del World Heritage de la Unesco. También debería serlo su capacidad para vender una idea extraordinaria con una sola palabra.

(Fuente: sydneyoperahouse.com) 

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