Literatura

Carta a mis hijos

Hijos, el mundo que ustedes reciben no es el mismo por el que yo caminé, los problemas de hoy son exacerbados y muchas ocasiones no hay soluciones nobles, buenas o con valores, el lobo es socio del leñador, pero aun creo que los valores pueden hacer la diferencia, que cada día se puede ser mejor sin dañar a nadie, por eso Les pido que no crean en todo el mundo, escuchen sin desconfiar de todo lo que les digan, pero sin ser ingenuos al mismo tiempo, esta tarea es muy difícil, por eso deben recordar que hay que fijarse más en lo que las personas callan y no tanto en lo que dicen, las obras son el reflejo de lo que abunda en el corazón.

No se detengan a recordar con ganas de retroceder el tiempo, el mundo está hecho ya y no pueden cambiar lo que hicieron ustedes o lo que hicimos los demás, solo pueden transformar el mañana con las acciones que hagan o dejen de hacer hoy, lo que mejoren actualmente será parte de su futuro y lo recordaran en un mañana como pasado, trabajen duro en sus problemas, en sus logros y en lo que quieran conseguir, pero nunca dañen a los demás, ni siquiera a sus enemigos, he descubierto con asombro que en estos tiempos un discrepante es más confiable que un mal amigo.

Cualquier problema háganlo frente, no dejen a otros sus propias responsabilidades, culpar al mundo por lo que vivimos no mejora las cosas, si un problema fue crítico y salieron mal de este recuerden que no hay mejor consuelo que Dios, la palabra de los hombres no tiene el mismo valor ni el mismo consuelo.

La gente suele creer que es más que los otros ya sea por sus bienes o por sus logros pero la realidad es que al final de los días todos somos iguales, hay muchos humanos que se creen intocables y semidioses pero un día el manto oscuro de la muerte los llevará. Si un día ustedes se sienten tan poderosos  busquen amigos que tengan el valor para decirles en que se equivocan, si alguien dice todo lo que uno quiere escuchar no es un amigo, solo es un lacayo que envanece y nos convierte en vulnerables y engreídos.

Traten de aportar al mundo con sus actos, produzcan algo, creen nuevas cosas, derrochen su increíble creatividad, hagan como ahora que son niños con los juegos creando nuevas ideas y formas.

En cualquier discusión utilicen dos herramientas la primera la creatividad para no dañar ni salir dañados y la segunda el saber escuchar, no den sendas alocuciones porque los que derrochan energía en discursos bien logrados no siempre son de fiar y las personas que no dicen nada con su boca muchas veces hacen más y son más grandes en el día a día.

Si un día después de mi muerte les hago mucha falta, tanta como mi padre me hace a mí para hablar de mis problemas e iluminar mi camino con su sabiduría, solo miren al cielo y trataré de estar junto a ustedes para escucharlos.

Imagen cortesía Shutterstock

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