Marcas

Donde las tazas no tienen nombre

Una de las características que definen a la cadena Starbucks (además de que hay uno en cada esquina de la galaxia) es que el café o el producto que sea, viene personalizado con el nombre de quien lo pidió. Pero esto no es así en todos sus locales. De hecho, hay un Starbucks donde escribir el nombre en el vaso está prohibido. Es el Starbucks que está dentro del cuartel general de la CIA, en Langley, Virginia.

Al principio, el supervisor del bar quería implementar el sistema de nombres igual que en cualquier otro Starbucks del mundo, ya que eso acelera el despacho de clientes y evita confusiones. Pero pronto descubrió que los agentes de la CIA, muchos de ellos trabajando encubiertos, se ponían muy nerviosos cuando les preguntaban el nombre.

Este hecho no es lo único que distingue a este Starbucks. Los empleados deben pasar por entrevistas rigurosas y averiguación de antecedentes, y cuando salen del lugar son acompañados por agentes. No hay recompensas para los clientes frecuentes porque se teme que esos datos caigan en las manos equivocadas. Como el lugar es una isla fuertemente custodiada, pocos empleados salen afuera a buscar café; el Starbucks, en consecuencia, muestra casi siempre larguísimas filas de clientes esperando. El bar existe, según su gerente, para ayudar a humanizar el ambiente: los empleados de la CIA trabajan bajo mucha presión, con frecuencia en oficinas sin ventana, y ni siquiera pueden jugar con sus celulares ya que, por razones de seguridad, los dejan en sus autos. El gerente también afirma que escucha a los clientes practicando lenguas extranjeras, como alemán o árabe, y que el lugar se usa mucho para entrevistar a agentes que desean una promoción.

Durante el día, lo que más se vende son el Latte de vainilla y la torta de limón. De noche, en cambio, salen más los cafés fuertes y los Frappuccinos muy azucarados. “Todos somos adictos a la cafeína, obviamente”, dice un oficial. La leyenda asegura que el Starbucks de la CIA es el que más trabaja en el mundo. Y la vigilancia es permanente: si alguien hace demasiadas preguntas a los empleados, estos deben informarlo de inmediato. Eso sí, sin escribir los nombres en las tazas de nadie.

(Fuente: washingtonpost.com; imagen: thrillist.com)

Roberto Patxot

Trabaja en publicidad desde hace más de 30 años, y no tiene ninguna intención de parar. Gran parte de su carrera la realizó en OgilvyOne, donde llegó a ser Director Creativo Regional. Fue jurado en casi todos los festivales publicitarios; ha dado (y da) charlas en varios países de América Latina. Hoy se desempeña como Director Creativo en Ogilvy Argentina, y escribe sobre aquello que le gusta: publicidad, claro, pero también cine, libros, música y otras cuestiones. Padece de una rara versión del Síndrome de Tourette, que lo lleva a compartir con frecuencia chistes tan faltos de gracia como irritantes.

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