Creatividad

Juventud, divino tesoro… La nostalgia vende

Qué buena época eran los 90’s… MTV pasaba música de verdad, las caricaturas eran buenísimas y ni qué decir de los juguetes; nada que ver con lo que hay ahora con las tablets y smartphones, antes tenías que darle de comer a tu Tamagotchi y era lo más entretenido del mundo. Esa sí era infancia.

¿Nostalgia? ¿Dónde?

Los millennials empezamos a sentir que ya no somos tan jóvenes como creíamos: la generación Z nos ha quitado el lugar de los más pequeños de la casa, y hemos empezado a actuar con una exagerada melancolía a lo que fueron “los buenos tiempos”. Ya no tenemos la corona, pero nos rehusamos a dejar de ser los consentidos.

Nos hemos llenado de añoranza; cada vez más posts virales en redes sociales nos recuerdan desde dulces hasta canciones o estilos de vestir que eran usuales en los años 90’s, y nos morimos de ganas de volver a esa época, pero sin volver realmente.

Para aclarar el punto: Añoramos porque nos está cayendo el veinte de que la vida adulta nos está llegando de lleno y la adolescencia está cada día más lejana, pero jamás dejaríamos de lado nuestros smartphones ni los avances tecnológicos y sociales a los que ya estamos tan acostumbrados, y que ni por asomo se veían en la época noventera.

Es ahí donde la magia de la mercadotecnia de nostalgia hace su aparición: El futuro está en el pasado.

Evocar buenas épocas se ha usado antes como una estrategia de marketing emocional, sin embargo, no siempre ha sido tan fuerte.

En décadas pasadas, se notaba una fuerte inclinación a lo futurista, al nuevo milenio, a dejar atrás lo viejo y centrarnos en todo lo que podía traernos una época de revolución tecnológica y social. Actualmente, pareciera que nadie quiere hablar del futuro, y que lejos de esperar ansiosos por él, sólo atinamos a decir que “qué mal encaminado va el mundo”. Ya no queremos el futuro. Queremos el pasado en el presente.

Antes era casi un mandamiento aquello de que “el sexo vende”; ahora una publicidad con la más ligera sugerencia sexual se vuelve políticamente incorrecta y es prácticamente un suicidio para la marca. El sexo ya no vende, ahora vende la nostalgia. Más humana, más emocional y más cálida.

Stranger Things fue una de las series que más revuelo causó el año pasado, y entre todas las críticas que leí acerca de ello siempre saltaba una generalidad: la serie era una “oda a la nostalgia” y de ahí su éxito tan arrasador.

Los reencuentros musicales de bandas noventeras que nos hubieran dado un poco de vergüenza en su época real, ahora nos dan la oportunidad de cantar a todo pulmón canciones ridículas y viejitas, pero que tienen la magia del radio, de los comerciales de antes, y de los pósters que pegábamos en las paredes de nuestro cuarto.

Los millennials estamos apenas descubriendo la nostalgia y sus agridulces mieles al ir dejando atrás los veintes, en una prematura melancolía por la (aún presente) juventud.

Un fenómeno curioso, en el que el desenfrenado avance hacia lo futurista de pronto topó con pared con un mercado complejo, difícil y caprichoso, pero noble: Sólo queremos sentirnos como en los viejos tiempos, aquella invaluable adolescencia.

Con la diferencia de que ahora ya podemos pagar por cosas que nos lo recuerden.

 

Imagen cortesía de Shutterstock

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otras Recomendaciones

Close
Close
Close