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Sobre las tendencias ‘’foodies’’ y ‘’fitness’’

Ser foodie o ser fitness, pudo haber parecido un hobby o pasatiempo hace algún tiempo, pero hoy representan algo más. Son arraigadas subculturas, casi como corrientes filosóficas de vida, que plantean un dilema: el placer de comer y el compromiso de cuidar la salud. Es cierto que hay mucha más variedad de comidas saludables que antes, que hoy en día, si eliges una vida fitness no tienes que recurrir a la comida tradicional para alimentarte ya que el mercado posee cada vez más opciones, orgánicas o naturales para un clean eating correcto. Sin embargo, hay una bipolaridad muy marcada, que se resume en esta frase; “comeré saludable, pero también me daré mi gustazo”

Qué interesante ha sido cómo estas dos tendencias (foodie y fitness) se han desarrollado casi como mundos apartes en el pasado y hayan encontrado en el individuo de este tiempo la misma acogida, aunque sean un dilema. Un ejemplo sencillo es que al mismo tiempo que aumenta la cantidad de gimnasios también lo hacen restaurantes de corte fastfood, foodtrucks y los recientes festivales de comidas.

Es muy normal ver cómo esto ha influido en el estilo de vida de las personas. Con observar los posteos de día a día podemos percibirlo; durante la semana soy clean eating y saludable, pero en los fines de semana me como el mundo. Hay mucho bombardeo y saturación de ambas partes; a diario se comparten videos de cientos de recetas “foodporn” y al mismo las selfies de los entrenamientos. Ambas industrias se encuentran en un momento interesante; cada una obtiene más que fans, fieles adeptos a su cultura. ¿Pero cómo llegamos a esto? ¿De dónde viene este nuevo estilo de vida dual en donde tenemos mucho que comer y mucho que ejercitar? Tal vez la respuesta viva en las mismas redes sociales.

food
Imagen cortesía de Shutterstock

A través de ellas, vemos los cambios físicos de miles de personas que sirvieron de influencers a un estilo de vida más light, más fit. Asimismo, las mismas redes le abrieron las puertas a cientos de chefs de todo el mundo que han colocado sus recetas, compartiéndonos imágenes de comidas placenteras, tanto que hemos acuñado el concepto “foodporn” para definir esa comida impresionantemente atractiva, que nos provoca ese deseo casi orgásmico de comerla.

Las redes han sido el medio idóneo para cultivar esas dos culturas más allá del boca a boca análogo que existía hace alrededor de 15 años. La foto de “cómo perdí 80 libras” o de un impresionante brownie de nutella logran romper la internet obteniendo cientos shares que finalmente logran transferirse en experiencias de tiempo real. Pero también hay que ver este auge como el hecho de que una ha necesitado a otra; “quiero probar ese burguer de bacon con queso suizo pero mañana debo hacer que me sirva el pantalón”.

Mucha gente entonces ha visto al gimnasio como ese compactador y triturador de toda esa comida chatarra que nos da tanto gusto comer. De ahí a que invirtamos parte de nuestros sueldos en darnos una gran vida gastronómica, porque YOLO, pero manteniendo una suscripción mensual en el #Gym

Es un dilema que hemos aceptado; comer es uno de los mejores placeres en la vida, pero hay que estar lindos para el selfie. ¡Digan cheese!

AUTOR
Alfonso Alvarez
Creativo publicitario, productor de radio y televisión en República Dominicana. También ha sido bloguero y community mánager, actualmente  es creativo para Young And Rubicam Damaris (Sto Dgo.) y profesor de creatividad para digital en la escuela The Atomic Garden. Apasionado con la música, tendencias y el contenido digital. Twitter @Alf_MicStar
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