Creatividad

Astronautas mentales

Astronautizando sin cohetes ni cohetes espaciales. Volando por varios mundos sin necesidad de desplazarse físicamente. A veces es involuntario, otras, no tanto, como un natural mecanismo de defensa para preservar la mente de agresiones externas. Surcando las diversas y casi inacabables realidades alternativas, buenas y malas, de la propia existencia. Recorriendo todos los recovecos posibles de esta azarosa vida, mientras físicamente se está de pie o sentado, con la mirada perdida, con la consciencia a millones de kilómetros.

Igual es verdad lo que dice una amiga, eso de que tengo hiperactividad neuronal. Aunque yo creo que es el calor del verano que incrementa la sucesión de pensamientos, y como el cerebro no es un ordenador que pueda apagarse, se apelotonan las ocurrencias en mi cabeza. Ocurrencias que a veces rayan en el absurdo, pero para lo convencional ya habrá tiempo, aunque realmente espero que no, que eso, como la muerte, tenga que esperarse largos años, y que si puede ser, disculpe mi ausencia.

Como Ralph Hinkley, el protagonista de la serie, El gran héroe americano, echo a volar sin más, pero a veces me estrello estrepitosamente contra algún obstáculo inesperado, con un aterrizaje algo movido, y acabando tirado en el suelo, mordiendo el polvo. Pero por suerte, tengo ocasión de levantarme, sacudirme la tierra de la ropa, e intentar volver a caminar en el aire, algo que siempre quisiera poder hacer.

Lo bueno de tener esas cositas constantemente burbujeando en el interior de mi mente, es que el aburrimiento no hace acto de presencia, aunque a veces me sienta como el fabuloso hombre orquesta, manejando o intentando manejar unas cuantas, y variadas cuestiones, profesionales, culturales y personales.

Quiero pensar que esta situación es común a todas las personas, lo declaren en alta voz, o lo guarden para sus adentros. No puede ser que sea yo sólo el que con tanta asiduidad camine mentalmente por el espacio de esta forma. Porque por más pragmático que se sea, la propia mente acaba por rebelarse ante la excesiva contención, y se da a la fuga por todos los mundos posibles e imposibles.

Astronautizar, un ejercicio psíquico saludable de ejercitar, que desentumece el cerebro y el espíritu, evitando la insensibilización total ante las cosas de este mundo. Recomendable hacerlo al menos dos veces al día, dejar la mente libre en sus divagaciones, dejar suelta a la imaginación. Aflojar la presión de los pensamientos organizados, y levitar un poco, lo que nos acerca un poco al todo que nos envuelve y nos hace más humanos, en una sociedad en la que cada vez más, se está al borde de la maquinización del ser humano.

La vida tiene algo de irreal, irrealidad que sirve como detonante para vagabundear mentalmente. Aspirado por el torbellino de la imaginación, algo que este sistema social en el que vivimos intenta cercenar por todos los medios. Pero la imaginación es un vasto poder impredecible. Una fuerza de la naturaleza incontrolable que no se deja cazar ni enjaular de ningún modo. Tampoco puede ser eliminado, al final siempre aflora, triunfante, y nos sirve para no estancarnos, para no dejar de crear ni dejar de avanzar, algo siempre necesario no sólo para las profesiones creativas, también para la vida cotidiana de todos nosotros, la vida es un camino a recorrer, con mucho que explorar y conocer. No podemos quedarnos siempre en lo ya conocido, hay que tratar de llegar un  poco más allá, tocarlo con la mente y guardar lo aprendido para la vida.

Imagen cortesía Shutterstock

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