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Jorge Luis Borges reflexiona sobre… ¿Facebook?

Hace poco me topé con un excelente artículo de Maria Popova en el muy recomendable sitio Brain Pickings. La nota se llama “La persona privada y la persona pública: Borges y el yo dividido”, e incluye una reflexión del gran escritor llamada “Borges y yo”. El artículo cita a otros autores, y todos meditan sobre las multitudes que contiene cada uno de nosotros, partes de la identidad que resultan inseparables del todo. En un ensayo sobre Ser vs. Parecer, Hannah Arendt aseguró que “nada ni nadie existe en este mundo cuya sola existencia no suponga la presencia de un espectador”. En todos nosotros hay una persona pública que encierra una persona privada, un ser aspiracional que emana del ser real.

La nota afirma que nadie se refirió con más elegancia a este desgarramiento existencial que Jorge Luis Borges en la ya citada parábola “Borges y yo”, en la que explora la división entre la persona pública y la privada. El texto apareció en una colección llamada “Laberintos” en 1962, y es este:

Borges y yo

“Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.”

Leer la nota y releer el texto de Borges me hicieron pensar casi automáticamente en algo que el gran escritor argentino no conoció: las redes sociales. Ya se ha reflexionado sobre la tendencia a mostrarnos en estas redes (principalmente Facebook, pero también Twitter, Instagram, LinkedIn y otras) de una manera ideal que solo de vez en cuando roza la real. Y esto es algo que todos hacemos a diario y también reconocemos a veces. Este tema da para pensar y escribir mucho más, y convendría que lo hagan personas lo suficientemente capaces de hacerlo (yo no lo soy) pero de todos modos los invito a hacer una prueba: relean el texto de Borges e imaginen que “el otro” es el que se muestra en Facebook. Se van a dar cuenta de que, sin saberlo, Borges estaba escribiendo sobre esto.

(Fuente: brainpickings)

Roberto Patxot

Trabaja en publicidad desde hace más de 30 años, y no tiene ninguna intención de parar. Gran parte de su carrera la realizó en OgilvyOne, donde llegó a ser Director Creativo Regional. Fue jurado en casi todos los festivales publicitarios; ha dado (y da) charlas en varios países de América Latina. Hoy se desempeña como Director Creativo en Ogilvy Argentina, y escribe sobre aquello que le gusta: publicidad, claro, pero también cine, libros, música y otras cuestiones. Padece de una rara versión del Síndrome de Tourette, que lo lleva a compartir con frecuencia chistes tan faltos de gracia como irritantes.

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