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Las palabras como armas de la violencia de género en México

La semana pasada fuimos testigos, una vez más, de la violencia de género que se vive en México, donde una mujer perdió la vida en las instalaciones de Ciudad Universitaria y tras hacer las investigaciones pertinentes, se informó que ella había reprobado muchas materias, que tenía problemas de adicciones y, como si se tratara de una información contundente para la investigación, que vivía en concubinato con su novio. Todo esto, según las autoridades, fue suficiente para suponer que se pudo tratar de un suicidio. Sin embargo, en todo este párrafo que acabo de escribir, con citas textuales de los medios de comunicación, se cometieron al menos 3 agresiones de género que se pudieron haber evitado con una simple cosa: Saber redactar bien.

Todos los que estamos en el mundo de la comunicación sabemos que ‘escribir bien’ va mucho más allá de colocar puntos, tildes y comas, ya que se trata de dominar el ‘arte’ de transmitir una idea a través de palabras, de desarrollar el tacto para ‘impregnarle’ intención y pasión a un escrito y, finalmente, cuidar todos los detalles para cumplir con un objetivo predeterminado.

En este caso en específico, hay varios detalles ortográficos que pudieron cuidarse para evitar el enfado social que se vive en la actualidad, por ejemplo, el de omitir desde un principio las afirmaciones y suposiciones sobre la vida personal de la víctima, ademas de evitar vincular esta información con el género de la fallecida. Sin embargo, aunque fuese ‘obligatorio’ publicar esta información por tratarse de una investigación legal, siempre hay recursos que pueden utilizarse para evitar afectar la moral o memoria de una persona. A continuación les comparto un ejercicio escrito desde la perspectiva institucional, utilizando las mismas tristes suposiciones, pero con un cuidado ortográfico para evitar alguna agresión de género:

“Hasta el momento la PGR continúa con las investigaciones sobre el asesinato ocurrido en las instalaciones de Ciudad Universitaria. Por las declaraciones del novio de la víctima, se supone que ambos estuvieron conviviendo con amigos hasta las 4:00 a.m. consumiendo bebidas alcohólicas y sustancias estupefacientes, información que aún no se ha comprobado legalmente a través del peritaje correspondiente. Asimismo, el testigo afirma que la víctima no era estudiante de la UNAM y actualmente no pertenecía a alguna institución académica, pues ella aún adeudaba algunas materias.

Es importante mencionar que la información compartida es parte de la declaración del único testigo que tenemos hasta el momento, por lo que no debe tratarse, por ningún motivo, de una aseveración hasta que la autoridad correspondiente diga la contrario”.

Como podemos ver, el contenido sigue siendo ambiguo y hasta cierto punto tendencioso, pero con un cuidado ortográfico para deslindar a la institución y cuidar, en la media de lo posible en este contexto, la memoria de la fallecida y dejar en claro que se trata sólo de un testimonio, y no de una afirmación legal.

Reitero que, desde mi punto de vista, el principal error fue el de publicar datos de la vida personal de la víctima y asociarlos con su género, sin embargo, el ejercicio que les comparto es para demostrar que, aún en el peor de los casos, se puede cuidar la memoria de la fallecida y la credibilidad de una institución.

Para terminar, quiero mencionar que como comunicólogo y publicista, estoy seguro que las palabras pueden ser tan peligrosas como un arma, ya que el escribirlas y acomodarlas de la forma incorrecta, pueden hacer que ‘supongamos’ que nuestras mujeres son menos por el simple hecho de haber nacido bajo ese género, que son débiles y que necesitan vivir una vida ejemplar para ser consideradas una ‘buena chica’. Debemos tener cuidado con las palabras, para usarlas de la manera debida, para evitar hacer daño y manchar la memoria de una persona que pudo ser nuestra madre, hermana o esposa.

P.D.

Dedico este escrito a la memoria de Lesvy Berlín Osorio, para que estas palabras ayuden a limpiar el daño que otras palabras hayan causado en su memoria. Descanse en paz.

Imagen cortesía Shutterstock

Daniel Robledo

Híbrido de publicista y comunicólogo, con mucha pasión por contar historias. Estudioso de la cultura digital, y apasionado por el desarrollo de contenidos aplicados a la tecnología y actualidad. Por el día me visto de creativo, pero por las noches puedes leerme bajo el pseudónimo de @WarioDan.

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