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Periodismo ciudadano una tendencia que se volvió realidad

Internet llegó para cambiar el mundo de mil maneras y desde un número igual de trincheras.

Uno de los paradigmas que ha cambiado Internet, si no es que lo destrozó, es el del periodismo, y el concepto que nos fue enseñado, como un grupo de personas especializadas en analizar y discriminar la información en beneficio de las audiencias. Desde los documentos expuestos por WikiLeaks, hasta el ciudadano que con un celular demuestra que los dichos de la autoridad son falsos; el periodismo se ha visto sacudido y expuesto en lo que se ha convertido en una de sus abyectas realidades: Ser una extensión de las facciones del poder intentando ocultar la verdad.

Los primeros intentos por informar al simple mortal acerca de asuntos más allá de noticias intrascendentes como accidentes carreteros a miles de kilómetros del lugar donde se publicaba la nota, o se difundía a través de radio y televisión, causó una reacción en su contra que era de esperarse. La desacreditación y la descalificación de las fuentes y las voces que no se generaban desde la autorización de las oficinas habituales de los medios tradicionales de comunicación, fue y aun intenta ser la respuesta frente a muchas verdades descubiertas por periodistas ciudadanos. El periodismo, como otros sectores del quehacer humano que durante siglos se amurallaron en pequeños grupos que poseían los elementos, máquinas y formas de transmisión para promover y divulgar sus actividades, otros ejemplos son la academia, las editoriales o los laboratorios científicos, se ha visto cuestionado y expuesto por hombres y mujeres dispuestos a decir la verdad.

Los medios tradicionales y en especial las cadenas de nacionales de televisión abierta gozan cada día de una menor credibilidad, sobre todo en materia de información, sus conductores de espacios informativos estelares carecen de la popularidad que en otros tiempos presumía el monopolio de la televisión. Lo que se refleja en la caída de ratings de estos espacios de primetime y por consecuencia en la inversión publicitaria en dichos espacios. Su fracaso al intentar contratar a los influencers está directamente relacionado con el sesgo político y moral que estos medios tienen y que se reflejan en las agendas que manejan en su información. Muchos de los llamados influencers, a quienes, en tiempos de los medios tradicionales, llamábamos líderes de opinión, se han convertido en periodistas con o sin formación periodista, pero con la credibilidad y los seguidores necesarios para hacer que la gente y los mismos medios habituales volteen a verlos e intenten contratarlos, sin éxito en la mayoría de los casos. Un gran número de medios que originalmente eran impresos, hoy en sus portales de noticias, incluyen a blogueros o han creado blogs para responder de una manera que apela de manera directa a los nuevos usos y costumbres creados por Internet.

Los nuevos informadores, no están acostumbrados y no toleran la censura de ningún tipo; de expresión, ideológica y mucho menos temática. Hoy son los medios los que se ven obligados a entender esta nueva regla que, a muchos, en México, les sienta fatal; El Universal y El Excélsior son claro ejemplo de esta falta de comprensión de los nuevos tiempos.

Los portales informativos surgidos con Internet como Animal Político o Eje Central, basan buena parte de su información en periodistas que son cercanos, al menos en su manera de ejercer el periodismo, al periodismo ciudadano.

El periodismo público, ciudadano, democrático, se preocupa no sólo por problemas globales, también se ha volcado a crear medios efectivos para comunidades que pueden estar alejados de las grandes ciudades o dentro de las grandes ciudades atacando los problemas y difundiendo la cultura de las diferentes zonas que componen a las metrópolis.

En la Ciudad de México, por ejemplo, este periodismo público o ciudadano se practica en sitios de internet como TlatelolcoTV, el grupo de personas que dirige este sitio promueve la cultura, los eventos culturales, y también incidentes y aspectos que impactan o afectan a la población de la zona.

Los periodistas ciudadanos no sólo informan de la forma tradicional en zonas o áreas geográficas, grandes o pequeñas, también lo hacen específicamente sobre diferentes áreas del quehacer humano y en diferentes tonos y matices que rompen para molestia de algunos con los patrones ortodoxos del periodismo. La ironía, la burla descarada, el sarcasmo, la crítica dura y sin compasión son parte de este nuevo lenguaje periodístico que gusta a las audiencias, dejando atrás la solemnidad y la falsa forma casual en que lectores de noticias como Yuriria Sierra o Javier Alatorre se quieren presentar frente a las pantallas de televisión.

Existen millones de páginas dedicadas únicamente a deportes, ciencia, publicidad, mercadotecnia, finanzas, autos, relojes, autoestima, esoteria, literatura, fotografía, arte gráfico, ensayo político, incluso cuando un periodista de formación tradicional ya no encuentra espacio en televisión por la razón que sea, se mueve a Internet. Los ejemplos están ahí; Ferriz de Con, Aristegui, Brozo.

Muchas marcas han encontrado en este periodismo la posibilidad de dar a conocer sus lanzamientos y novedades llegando a audiencias mucho mayores a las que los tienen acostumbrados las notas pagadas de los medios tradicionales o a las que pueden llegar hoy en la televisión o la prensa escrita.

La evolución en la forma de informar, no tiene nada que ver con los antiguos métodos de las falacias y de una maquinaria que estaba dispuesta a disfrazar la verdad, creando las historias que tanto los gobernantes querían oír, como los dueños de las concesiones sabían que representaban la llegada de dinero a sus negocios.

El periodismo, como muchas otras profesiones, exitosas y con demanda en el siglo XX, enfrentan grandes cambios y retos. El mayor de todos es que no se necesita ser ya un periodista, para realmente ser o ejercer dar a conocer la verdad a un gran número de personas y eso en sí mismo plantea un cambio radical en como asimilamos y demandamos que se nos de la información.

Imagen cortesía Shutterstock

Armando Enríquez Vázquez

Productor de televisión, escritor desde hace más de veinticinco años, columnista en diferentes publicaciones virtuales e impresas. Oriundo y transeúnte de una de las ciudades más pobladas del mundo de la que estoy orgulloso. Mis encuentros y desencuentros con la publicidad se han hecho muchas veces desde el terreno del receptor del mensaje y no del emisor. Me ocupan entre otras cosas el futuro de los medios, el abuso de la palabra creatividad y el desarrollo de contenidos atractivos en diferentes medios.
Sígueme en twitter: @cernicalo

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