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La Hora Nacional, un ejercicio de comunicación superado

Próxima a celebrar 80 años de existencia, el 25 de julio, La Hora Nacional es una obsoleta manera de comunicar de un gobierno falto de imaginación y de creatividad.

Hace ochenta años y por iniciativa del entonces presidente Lázaro Cárdenas se creó este programa de radio semanal, utilizando elementos de la vanguardia tecnológica para mantener comunicado a un país con poca infraestructura en materia de comunicaciones y que necesitaba estar, desde la visión inteligente y proactiva del presidente Cárdenas bajo la misma información y sujeta a una propaganda nacionalista para combatir a los grupos más reaccionarios de México como la Iglesia Católica y la oligarquía que la revolución había despojado y pretendía recobrar sus privilegios. La transmisión en vivo tenía como finalidad mantener a los mexicanos de Norte a Sur informados con un solo mensaje oficial.

No sólo era un medio de comunicación como lo conocemos el día de hoy, la Hora Nacional era un órgano de propaganda para un gobierno de tintes liberales que necesitaba hacer llegar su mensaje a todos los rincones del país, unificar y también calmar las críticas y campañas en contra del gobierno que se atrevió a expulsar al último de los lobos sonorenses del país.

La Hora Nacional se transmitió en vivo hasta el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, cuando las transmisiones se convirtieron en grabadas, tal vez para que el maniático Secretario de Gobernación, Luis Echeverría, pudiera censurar a sus anchas cada emisión del programa.

Lo triste es que después de ochenta años el programa con el que el gobierno federal se comunicó con sus gobernados, se ha vuelto una verdadera reliquia de producción, conducción y contenidos digno de un museo vivo de la radiodifusión. La falta de imaginación de los diferentes gobiernos de la República desde hace ya muchos sexenios ha logrado que para la gran mayoría de los mexicanos las 10 de la noche en domingo la radio mexicana se transforme en una verdadera hora nacional de silencio, nadie o casi nadie en sus cinco sentidos sintoniza la radio durante esos sesenta minutos.

Al menos desde tiempos de Ernesto Zedillo y con mayor razón hoy en los días de Enrique Peña Nieto, sin olvidar los sexenios panistas, La Hora Nacional ha sido relegada a un mero protocolo de la Secretaría de Gobernación; una costumbre tan mala como cruzar la esquina sin ver los semáforos. La hora Nacional es un desperdicio de tiempo, dinero y esfuerzo, los spots que la anuncian semanalmente, son más escuchados que el programa mismo. En 2017, el programa resulta un anacronismo. Los locutores Pepe Campa e Ileana Rodríguez poco o nada aportan al programa donde se limitan a leer sus guiones. Y el mismo programa ya poco aporta a una sociedad que indiferente ante su existencia ha optado por apagar su radio una hora a la semana, nadie en ningún estrato socioeconómico de México considera a la transmisión dominical atribuye un valor de cualquier tipo al programa que se transmite en todo México.

Lejos de ser fiel a sus principios de unidad e identidad, La Hora Nacional es hoy uno de los peores programas de revista que existen en el radio, lleno de lugares comunes y de reportajes que se han repetido, al menos en tema durante los últimos cinco o seis sexenios. Sólo es una erogación de recursos de la manera más trivial y sinsentido. La hora nacional no le es interesante a casi nadie.

Desgraciadamente los encargados de RTC, carecen del conocimiento necesario de los medios que tanto se preocupan en censurar. Pareciera que la dependencia el tiempo no ha pasado y los nuevos medios, entiéndase Internet, no tienen una bidireccionalidad, ni un poder democrático de diálogo. Los burócratas y godínes de la dependencia son incapaces de creativamente proponer un modelo de información o de propaganda que haga un uso más contemporáneo de la red. Así como incapaces de implementar proyectos en los que realmente los mensajes importantes del gobierno lleguen a los mexicanos, en tiempo y forma.

Hoy no podemos vivir con un modelo que es ya ineficiente para forjar una relación entre gobierno y gobernados, no podemos esperar que semanalmente un mediocre programa de revista lleve a información, propaganda y políticas de Estado a los mexicanos, cuando el bombardeo informativo que ha desgastado a un Gobierno débil es diario y continuo.

La Hora Nacional no pasa de ser una visión anodina y retrograda de información y comunicación directa. Lo más alejado de lo que todo gobierno pretende en la comunicación con la ciudadanía.

Es momento en que el gobierno, ya sea el saliente o el que llegue el próximo año, se plantee la idea de desaparecer este espacio de silencio semanal, para revitalizar y flexibilizar la forma en que el Estado quiere comunicar y relacionarse con sus gobernados. También es una oportunidad para que los ciudadanos demuestren que conocen el valor de la bidireccionalidad del medio y ayudar a construir una Hora Nacional incluyente, que no se limite a mensajes llenos de felicitaciones, y sí, a un verdadero diálogo democrático entre autoridad y ciudadanos.

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