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¿Orgullo patrio? Colombia y Cannes Lions

Empiezo ofreciendo una disculpa a los pocos lectores asiduos a esta columna, la turbulenta situación del país (Colombia) en donde vivo, donde no hay plata para nada, salvo para reivindicar asesinos a expensas de un eufemismo de tres letras y simbolizado por una paloma, ha demandado que yo y todos los sectores económicos –legales–, apliquemos verdaderas estrategias creativas para sobrevivir. En ese sentido las agencias de publicidad, no hemos sido ajenas a ello. Por eso en varias ocasiones me vi enfrentado a la penosa disyuntiva de trabajar en exceso para pagar la nómina o sentarme juicioso a escribir.

Aclarado el motivo de mi lontananza y ya que estamos en la tónica de la humildad y de la antiegolatría propia del creativo publicitario, les aseguro que jamás leerán otra columna más desinteresada y dócil que esta. (Modestia aparte).

Otra edición de Cannes Lions se acaba de terminar. Durante estos días, muchos vimos a través de diferentes páginas, blogs y redes sociales, lo acontecido en el festival galo de la publicidad mundial. Fuimos testigos no presenciales de piezas, casos, críticas y elogios; nos sorprendimos con la dimisión de Publicis de este tipo de certámentes, vimos cómo en Chicago quitaron el nombre de don Leo Burnett de la puerta, compartimos virtualmente la emoción de coterráneos subiendo a la tarima a recibir el felino dorado y de “poner el nombre de nuestro país en alto”.

No quiero sonar desagradecido con las insignes mentes creativas de la publicidad, pero no he visto mejorar los renglones económicos ni los indicadores financieros de Colombia (por hablar de mi terruño) cuando se han “cazado” fieras en esas tierras europeas. No he visto una mejora salarial para mis colegas por cada estatuilla conseguida, no he visto que mermen las trasnochadas, las draconianas y desagradecidas políticas de licitación, no veo que se empiece a cobrar la creatividad así como se cobran los artes; no he recibido la primera llamada de uno de mis clientes ofreciéndome subir el fee, por cuenta del Gran Prix obtenido por una agencia colombiana en una u otra categoría.

Honestamente, de una forma pragmática y tangible, no he presenciado cómo es que beneficia a la industria el hecho de que pongan el “nombre del país en alto”.

Por eso quiero preguntar, sin sarcasmos ni ironías, ¿qué pasa después de ganar un León en Cannes?

Evidentemente nunca he conseguido uno, incluso ni he participado en el afamado festival. Cuando trabajé en multinacionales con cierto gustillo por los felinos metálicos, los brief eran impostados y el trabajo-tiempo que implicaba desarrollarlos, preferí entregarlo a mis amigos, a mi novia o a mi familia. Otras veces el dueño de la agencia nos sugería pagar el 50% de la inscripción, para lo cual yo contestaba: “gracias, pero no gracias”. Irme a teatro, cine, un concierto o un viaje me resultaba más provechoso para mi creatividad. Hoy como dueño de mi agencia, ni lo contemplo, de hecho cuando me sobra un dinerito, hago algo que va en contra de la dinámica de la ‘industria de las ideas’, le hago publicidad a mi agencia de publicidad.

Como ven, he preferido ahorrar o reinvertir los tasados dólares de la inscripción en otras cosas, por lo cual ni por casualidad he estado cerca de subir a la tarima por escasos segundos, recibir el premio, posar para la foto (como la de los árbitros y capitanes de un partido de fútbol) que nunca sale en ningún lugar, y bajarme entre aplausos del respetable.

Por eso pregunto, a quienes han tenido el magno honor, ¿qué pasa luego de la gloria minina? ¿El lunes llegan a la agencia y qué pasa?, ¿Hay callejón de aplausos de los administrativos (los reconocerán porque son los que visten corbata a diario)?, ¿sus cosas ya están trasteadas a una nueva y amplia oficina?, ¿el de Personal lo está esperando con el nuevo contrato, el cual trae el salario que equipara su nivel de genialidad?, ¿Le hacen entrega oficial del trofeo, o cuando menos, de una réplica en oro goldfield?

Supongo que si el premio fue producto de consumo masivo, el perspicaz creador tendrá acceso a todo el producto que necesite de la marca de forma vitalicia ¿No?, ¿No lo vuelven socio de la agencia?, ¿No le amplían el crédito en la tienda de la señora que sirve los tintos?

Tengo conocidos que han obtenido varios metales en tierras galas, pero por alguna extraña razón (que se asemeja mucho a la modestia de esta humilde columna), dejan de ser mortales para creerse inmortales. Su nivel socioeconómico y entorno creativo/afectivo se vuelve mucho más selectivo y entrar a él, engorroso.

No sean malos, ustedes a quienes las musas de la inspiración sonrieron, cuéntennos ¿qué pasa después de un Cannes Lion?, ¿cómo los trata la vida?, ¿Se asemeja a lo que le pasa a una modelo amateur que sale en Sports Illustrated (o su equivalente criolla: Soho)? Y sobre todo, de forma utilitaria y proficiente ¿cómo es que ponen el alto el nombre del país?

Donny Alexei Rossoff Chawez

Publicista, Especialista en Comunicación Corporativa, Máster en Gerencia Estratégica de Mercadeo, Copywriter, Columnista, Docente. VP Mercadeo Estratégico Comarca Marketing Advertising www.comarca-ma.com Sígueme en Twitter @donnyrossoff

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