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¿Qué tenemos hoy para desayunar?

Todo aquel que se dedica a la comunicación, independientemente de su área de actividad (creatividad, arte, producción, relaciones públicas…) o de su modalidad laboral (freelance, contratado, en remoto, presencial…), se encuentra en algún momento de la semana o, con suerte del mes, alguna joya de encargo publicitario con el que lidiar.

Estos marrones suelen aparecer a primera hora de la mañana conforme entras por la puerta, a modo de tortazo mañanero para quitarte las legañas. Se presentan, además, ese día en el que tienes tres presentaciones con el cliente, un par de reuniones de equipo y ocho deadlines. Requieren una urgencia máxima y llegan dispuestos a amargarte el desayuno y el resto del día o, si tienes un poco de suerte, quizás lleguen a última hora y te toque llevártelos a casa para cenar.

Sea como sea, te los tendrás que comer. Para que su ingesta te resulte más agradable, te relato algunos de estos desayunos con diamantes y con qué combinarlos para que te sienten mejor:

  1. El evento que se tuerce: no importa que sea un evento de presentación, una boda o una rueda de prensa. Tampoco si tú eres el que lo organiza, el que diseña todo lo relativo al mismo o el encargado de las subcontrataciones. Una vez un evento entre en tu vida, jamás estarás a salvo de las sorpresas mañaneras hasta que éste concluya y, créeme, desearás que llegue ese día como el padre que espera el nacimiento de su primer hijo.

    Cualquier encargo que suponga una fuerte carga emocional para el cliente, ya sean los nombrados eventos o, por ejemplo, la creación de una nueva identidad de marca, acarrea una dificultad añadida. El temor a que más tarde se presente una idea mejor y la indecisión que conllevan estos tipos de encargo dificultan el proceso de toma de decisiones y nos complican el trabajo.


Para lidiar con ello, lo mejor es tener claros todos los posibles frentes mediante la redacción conjunta de un briefing. Normalmente, los profesionales proporcionamos este documento en blanco para que el cliente lo rellene, pero en estos casos la mejor opción es reunirnos y hablar de cada punto en persona. De esta manera quedará todo mucho más claro y podrás sugerir opciones en aquellas áreas en las que veas más perdido e indeciso al cliente.

  1. El cliente al que todo le gusta, pero nada le encanta: esa maravillosa persona que cuando el proyecto ya está prácticamente terminado, decide darle un giro radical porque, ya sabes, le gusta pero no le apasiona. Aunque con el tiempo aprendamos a elegir nuestras batallas y, con ello, la lección de que hay clientes que es más rentable perder, este tipo de situaciones suelen ser frecuentes al inicio de nuestra carrera laboral.

    Los cambios de última hora siempre son frustrantes, y aún lo son más cuando se presentan hacía el final del encargo. Para prevenirlos, la mejor opción es ir validando nuestras propuestas a medida que avanza el proyecto. No esperes a tenerlo todo terminado para preguntarle al cliente qué le parece, pues estarás comprando todas las papeletas para el sorteo de cambio de sentido en el último momento.

  2. El cliente pródigo: sí amigos, estamos hablando de aquel otro cliente que, una vez hiciste la entrega de propuestas, decidió desaparecer sin volver a dar respuesta y aparece dos meses más tarde, esperando que le des la máxima prioridad para acabar su proyecto porque te hizo un adelanto y ya es hora de ponerle fin a este encargo.

    Tanto este punto como el anterior te traerán una valiosa lección: este tipo de problemas hay que atajarlos desde la raíz. ¿Cómo? Estableciendo límites de manera clara en los documentos previos al comienzo del trabajo (presupuesto y/o contrato): número de propuestas y revisiones que entran en el presupuesto acordado, precio o porcentaje sobre el precio total que supondrán los cambios que queden fuera del presupuesto… Irás descubriendo qué cláusulas incluir conforme los clientes te sorprendan con sus maravillosas peculiaridades.

  3. El cliente que te da libertad para después cortarte las alas: es esa persona que te dijo que tenías total libertad para darle rienda suelta a tu creatividad, porque claro, el profesional eres tú, pero que una vez le presentas las propuestas acordadas, decide que sí tiene opinión y que quizás lo de total libertad es un concepto muy amplio.

    Nunca te creas esas palabras, pocas veces suelen ser ciertas al pie de la letra. Ten en cuenta que esta frase suele venir dada por el desconocimiento del terreno, la indecisión y la creencia de que el profesional sabe todo lo que necesita con solo mirar de arriba abajo al cliente, al más puro estilo de Terminator. Una vez más, cuanto mejor atemos los cabos desde el principio, más fácil será que no se nos desmorone el castillo a medida que avanza el trabajo.

  4. La llamada de hibridación. Pongámonos en situación: has presentado dos o tres propuestas, pero tras analizarlo detenidamente, el cliente ha decidido escoger lo mejor de cada una para hacer su versión, la propuesta definitiva. ¿Recordáis ese capítulo de Los Simpson en el que Bart entra en el transportador de Homer con una mosca por error? Pues el resultado suele parecerse al Bart con cabeza de mosca.

    Estas situaciones son difíciles de prever, ya que hasta al cliente más inesperado se le puede ocurrir esta feliz idea en algún momento. Para evitarlas por completo, la única manera es trabajar exclusivamente con clientes que definitivamente valoren nuestra labor y no crean que cualquiera podría hacerla.

    Como esta es una solución muy compleja, otro consejo que nos puede ayudar a salir del paso es que nuestras propuestas no tengan ningún elemento común. Analízalas y asegúrate de que no haya ninguna relación aparente entre ellas, salte de tu papel de profesional y obsérvala con ojos de cliente y, aun así, ten por seguro que si se lo propone, el cliente siempre encontrará la manera de convertir tus recetas en ingredientes con los que crear la suya propia.

Estos desayunos con diamantes son altamente repetitivos y contienen una alta base calórica que puede resultar amarga, pueden provocarte malestar durante todo el día. Por ello, cuando percibas que éste será el menú del día, aconsejamos prevenir las futuras molestias con un antiácido que contenga asertividad, decisión, autoestima profesional y, sobretodo, mucho humor.

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