Radio

Radio infantil una gran tradición mexicana

A principios de la década de los setenta mientras en el auto de mi padre nos dirigíamos los fines de semana a ver a mi abuela, mi papá sintonizaba Radio UNAM y escuchábamos un programa de radio donde los Hermanos Rincón, hoy olvidados en la noche de los tiempos, cantaban canciones infantiles y hablaban de cosas interesantes, cotidianas y entretenidas.

Entre semana, casi a diario, mi mamá al recogernos de la escuela sintonizaba la W, y mis hermanas más pequeñas disfrutaban la historia de Pepina Oruga, una especie de radionovela infantil creada por la escritora mexicana Silvia Roche, que más tarde creó y escribió para Televisa Odisea Burbujas y otros bodrios dizque infantiles. Algunos años después Pepina reapareció en cine, en una película de dibujos animados, con el nombre de Katy, un cambió de nombre por motivos de mercadotecnia en el nombre, puesto que el crédito de escritora es de Silvia Roche, aunque la coproducción Televisa con una empresa española probablemente fue la responsable del cambio del nombre del personaje principal.

A principios de la década de los noventa el Instituto Mexicano de la Radio tenía una estación dedicada únicamente a los niños, que el gobierno de Carlos Salinas de Gortari decidió desaparecer. XERIN dedicaba todo su tiempo únicamente a una programación infantil. Con más de treinta años de transmisión el Estado de México mantiene como una de las joyas de su sistema de radiodifusoras públicas un programa llamado el Club de los Grillos Madrugadores. Radio UNAM, también, durante 14 años mantuvo el programa de Luis Pescetti llamado Hola Luis, que escuchaba con mis hijas cuando los fines de semana nos dirigíamos a diferentes lugares.

Carmen Aristegui, desde hace años abrió unos minutos de su emisión informativa para una serie de capsulas infantiles producidas y creadas por Kiret Miret llamadas Niñonautas, que con el tiempo tuvieron su propio programa primero en MVS y ahora en Radioformula.

A lo largo de la historia de la radio en México la programación infantil inteligente, propositiva, que le habla al niño como a un igual y no como a un ser inferior, ha sido importante para muchas radiodifusoras y una de las mejores tradiciones en la producción radiofónica de nuestro país. En su momento mostró la pluralidad de la radio y las opciones para el radioescucha, justo cuando la televisión era un monopolio que no salía de Chabelo o el Chavo del Ocho en una producción que resulta a ojos de muchos, denigrante y ofensiva para los niños. Muchos adultos, como yo, podemos recordar no sólo como en la radio de nuestra infancia había espacios de entretenimiento, la radio era, y sigue siendo, como lo demuestra el programa de Kiret Miret, capaz de detonar la curiosidad, madre del conocimiento. Lo que no quiere decir que en otras visiones radiofónicas se siga pensando que los niños son una molestia para los padres y hay que distraerlos con peroratas vulgares y anodinas, o dejándolos contar chistes a diestra y siniestra.

Tanto en el caso de la radio pública, como en el de la radio privada estos grandes ejemplos que sobresalen han sabido encontrar a un público que está ahí; que los fines de semana se transporta por la mañana con sus padres a diferentes puntos de la ciudad, que desayuna en casa con el radio encendido y que no necesita escuchar infomerciales o programas-compromiso de las radiodifusoras y que no encuentran horario donde acomodarlos. Sin lugar a dudas, podríamos decir que la programación radiofónica dedicada a los niños en los casos ya mencionados es superior en calidad y contenidos que la mayoría de la oferta radiofónica media a lo largo de todos sus horarios; noticias, talkshows que intentan ser políticos o peor que se pintan como culturales. Y por supuesto, que ni siquiera pienso en basura que representan programas como el Panda Show o los supuestamente cómico musicales de la radio como El Weso, o aquellos que desde la mente simplista del director de Imagen radio quieren hacernos creer que Esteban Arce o Yuriria Sierra son conductores de Noticias.

La radio infantil tiene una nobleza en su producción, así como reto, para poder mantener la atención de niños y de sus padres y evitar que estos últimos cambien la estación. A diferencia de la televisión el niño difícilmente encenderá la radio, si no es por la intercesión del adulto.

No es un descubrimiento, además, que el atacar a las audiencias infantiles de una manera correcta es una de las mejores formas de crear fidelidad a las marcas, en este caso las audiencias de las estaciones de radio. Hoy, en cambio, existen empresas como Radio Centro empeñadas en hacer creer a la gente a partir de inserciones pagadas cosas que no son ciertas en cuestión de raitings, yo pienso que más les valdría la pena a estos supuestos empresarios de medios como Francisco Aguirre o Olegario Vázquez Aldir de Grupo Imagen planear estrategias reales para crear audiencias fieles a sus micrófonos antes de que, como ya le sucedió al segundo, no les quede otra más que cerrar sus señales por su incapacidad para crear contenidos atractivos y ser capaces de competir.

¿Por qué sí existe toda una campaña para impulsar la lectura desde la infancia, no existe esta misma inteligencia y visión en la mayoría de los empresarios radiofónicos para crear contenidos que resulten llamativos? En el caso de la lectura poco a poco se ha logrado interesar a los niños y jóvenes en la lectura, ¿Por qué no habría de resultar en el caso de los radioescuchas?

Tanto en el caso de la radio pública, como en el de la radio privada estos grandes ejemplos que sobresalen han sabido encontrar a un público que está ahí; que los fines de semana se transporta por la mañana con sus padres a diferentes puntos de la ciudad, que desayuna en casa con el radio encendido y que no necesita escuchar infomerciales o programas-compromiso de las radiodifusoras y que no encuentran horario donde acomodarlos. Sin lugar a dudas, podríamos decir que la programación radiofónica dedicada a los niños en los casos ya mencionados es superior en calidad y contenidos que la mayoría de la oferta radiofónica media a lo largo de todos sus horarios; noticias, talkshows que intentan ser políticos o peor que se pintan como culturales. Y por supuesto, que ni siquiera pienso en basura que representan programas como el Panda Show o los supuestamente cómico musicales de la radio como El Weso, o aquellos que desde la mente simplista del director de Imagen radio quieren hacernos creer que Esteban Arce o Yuriria Sierra son conductores de Noticias.

La radio infantil tiene una nobleza en su producción, así como reto, para poder mantener la atención de niños y de sus padres y evitar que estos últimos cambien la estación. A diferencia de la televisión el niño difícilmente encenderá la radio, si no es por la intercesión del adulto.

No es un descubrimiento, además, que el atacar a las audiencias infantiles de una manera correcta es una de las mejores formas de crear fidelidad a las marcas, en este caso las audiencias de las estaciones de radio. Hoy, en cambio, existen empresas como Radio Centro empeñadas en hacer creer a la gente a partir de inserciones pagadas cosas que no son ciertas en cuestión de raitings, yo pienso que más les valdría la pena a estos supuestos empresarios de medios como Francisco Aguirre o Olegario Vázquez Aldir de Grupo Imagen planear estrategias reales para crear audiencias fieles a sus micrófonos antes de que, como ya le sucedió al segundo, no les quede otra más que cerrar sus señales por su incapacidad para crear contenidos atractivos y ser capaces de competir.

¿Por qué sí existe toda una campaña para impulsar la lectura desde la infancia, no existe esta misma inteligencia y visión en la mayoría de los empresarios radiofónicos para crear contenidos que resulten llamativos? En el caso de la lectura poco a poco se ha logrado interesar a los niños y jóvenes en la lectura, ¿Por qué no habría de resultar en el caso de los radioescuchas?

Armando Enríquez Vázquez

Productor de televisión, escritor desde hace más de veinticinco años, columnista en diferentes publicaciones virtuales e impresas. Oriundo y transeúnte de una de las ciudades más pobladas del mundo de la que estoy orgulloso. Mis encuentros y desencuentros con la publicidad se han hecho muchas veces desde el terreno del receptor del mensaje y no del emisor. Me ocupan entre otras cosas el futuro de los medios, el abuso de la palabra creatividad y el desarrollo de contenidos atractivos en diferentes medios.
Sígueme en twitter: @cernicalo

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