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El día de la marmota

Eventos que se repiten. Resultados previsibles. Angustias evitables. Yo no sé si sea una condición de nuestra profesión, o de nacionalidad, o de perfil profesional. Lo que sí se con dilatada certeza, es que en el glorioso sector en que nos movemos siempre estamos corriendo. Todo es para ayer y en el mejor de los casos se llega rayando el cuaco a los límites de entrega. Se vive una constante tensión -real e imaginaria- que nos coloca en un estado de presión perpetua por “entrar en tiempos”. Claro que hay casos y cosas de excepción en que todo es un disfrute, pero son escasos.

Cierto es que en cualquier actividad las prisas y presiones existen por razones reales o inventadas y no son exclusivas del mundo publicitario y la extraña adrenalina que produce el saber que el tiempo se viene encima, recorre alegre la vena mexicana sin importar la profesión a la que se pertenece -entendiendo claro, que también hay prisas de toda nacionalidad- pero en la parte que nos toca, intentaremos abrir líneas de investigación para resolver el misterio.

En esta ocasión no molestaremos a los sospechosos comunes. Siendo estos la falta de planeación y necesidad de atender lo urgente y nunca lo importante. Estos dos factores siempre son los culpables no sin razón del constante bomberazo. Pero como creativo que soy, intentaré ver más allá de lo obvio.

Yo creo que estamos siempre en el ácido porque nos gusta hacernos los interesantes. Creemos que si estamos muy presionados, tenemos mucho trabajo y sí tenemos mucho trabajo somos importantes. Creemos que si no presionamos y exigimos sin razón alguna más que el hecho de hacerlo, no tendremos personalidad profesional y no destacaremos. Nos da por opinar cambios y ajustes nada más por no quedarnos callados y hacemos 600 órdenes de trabajo como imaginario signo de fortaleza. No sé, tal vez esté diciendo una barbaridad, pero es lo que creo. Por supuesto que también hay casos que se nos salen de nuestras manos y no podemos hacer nada más que correr, pero esos casos están dentro de los sospechosos comunes que describí arriba. Mi punto es que creo que las prisas de la industria son en gran medida por debilidades personales mal dirigidas, mandos altos y medios confundidos entre el liderazgo y la sobre exigencia sin fundamento.

Me es difícil imaginar la actividad publicitaria sin desvelos y jornadas de cafeína en todas sus presentaciones. Incluso, admito que de vez en cuando tienen su encanto, pero sí podemos ser mejor todos para bajarle al estrés que nosotros mismos nos creamos, y prevenir que siempre pase lo mismo, como en “El día de la marmota”.

AUTOR

Ramón Romero

Director creativo fiel creyente del método. Creo que la ejecución depende del concepto y no al revés. Escribo y comparto porque pienso que intercambiar las ideas es hacerlas mejores. Nací en el norte, estudié en occidente y trabajé en el centro. Una vez filmé una foca caminando en reforma.

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