Creatividad

Contenido on the run

Comencé mi carrera de redactora publicitaria como casi todos los millennials que han estudiado Comunicación Social en mi país: terminan siendo community manager en una agencia digital. En este puesto tenía varias funciones, una de ellas era crear la parrilla de contenido o cronograma semanal/quincenal/mensual para las marcas que manejaba. Éste tenía que terminarse con muchísima anticipación debido a que, como yo, el diseñador también atendía a otras marcas, y era imperativo ajustarnos a un orden de trabajo; eso sin mencionar que el cliente debía revisarlo, ajustarlo, volverlo a revisar y ajustarlo una vez más (ya todos hemos vivido esa indecisión).

A fin de cuentas todo se convirtió en una rutina operativa: yo creaba el contenido, el diseñador lo graficaba, el cliente lo revisaba, se programaba el posteo, y así semana a semana. Fue entonces cuando entré en una disyuntiva: si la creatividad no obedece procesos, ¿por qué la creación de contenidos sí?

En ese momento decidí que dejaría de lado las mallas de Excel y comencé a salir a la calle. Mis cronogramas comenzaron teniendo dos o tres posteos que yo misma creaba con fotografías tomadas desde mi propio celular, o eran artes que yo misma podía manejar utilizando aplicaciones gratuitas como Over o Boomerang. Las comunidades que manejaba comenzaron a responder positivamente: el contenido se relacionaba con ellos porque se sentían identificados con la marca, la comunicación que proyectaba y la frescura con la que se colaba en su feed de noticias sin sentirse invasivo o ruidoso. Los clientes lo notaron y me dieron carta blanca para comenzar a crear sin restricciones.

Durante este tiempo nunca necesité de una gran producción o luces de estudio, tampoco de un gran concepto que respaldara la idea, ni mucho menos requiriera de horas frente a una computadora para desarrollar un producto creativo; sabía lo que quería decir, sólo tenía que encontrar la manera correcta para comunicarlo y, por supuesto, mucho olfato creativo. Mi celular fue mi mejor amigo; los fines de semana o en horarios no laborales tomaba fotografías y creaba contenido que podía ser manejado y posteado desde donde me encontrara.

¿A qué quiero llegar con esta historia? Sencillo: la creatividad no tiene límites. Una persona que trabaja con la creación de ideas tiene que aprender a moverse y a generar nuevas formas para llamar la atención, siempre fuera de los formatos establecidos. Sólo hay que tener los sentidos bien alertas y un gran olfato creativo.

Redactores, copy writters, creativos, diseñadores…: Es hora de salir a la calle, llenarnos de referentes y no tener miedo a nuestros impulsos.

AUTOR

Alejandra Borbor

Soy redactora por profesión, comunicadora por decisión y creativa por convicción. Me considero recursiva: adquiero nuevas ideas a partir de la música, el arte, el baile, la pintura… Es por eso que creo que todos somos idealistas y capaces de crear un mundo completamente distinto. Estoy aquí para extirpar mis ideas y compartirlas como a libro abierto, ¿listo para comenzar?

Etiquetas

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otras Recomendaciones

Close
Close
Close