Diseño

Soy un diseñador no un destornillador multifunción

Cuando eres un recién egresado, tienes altas expectativas de lo que “debería ser” tu trabajo como diseñador. Imaginas un montón de clientes deseando que les soluciones sus problemas de comunicación y desarrollando, al mismo tiempo,  tu propio estilo gráfico para ser reconocido en todo el mundo y miles de agencias quieran que formes parte de sus filas.

Cuando llega el momento de enfrentarse a la realidad, las cosas se ponen bastante escabrosas. Pues la vida laboral, al menos en México, no es lo que uno piensa que será y en muchos, muchos, muchos casos es peor de lo que podrías imaginar.

Las aspiraciones de ser reconocido y valorado en otras partes del mundo no son imposibles,  pero en la realidad, el lograr esa meta residiendo en el país, está un poco más lejos de lo que creemos.

Esto, nada tiene que ver con la capacidad individual o el nivel escolar en las universidades. Sino más bien, con la escasísima oferta de empleos y la nefasta demanda de diseño en todo el sector económico del país.

Al mencionar esto, no intento decir que no haya talento, porque vaya que lo hay y por montones. Mi objetivo, es hacer hincapié en el hecho ineludible de que en México el diseño permanece aún en un limbo de ignorancia y menosprecio que nos mantiene al margen de lo estrictamente necesario para que las empresas no se hundan.

Es decir, cualquier diseñador tiene que ser experto en todo, cobrar barato, soportar que subestimen sus capacidades como profesional y estar disponible para cambios las 24 horas.

Simplemente no hay creativo que me deje mentir al manifestar que cuando buscó trabajo, se topó con joyitas de anuncios que solicitaban diseñador recién egresado con experiencia, que haga videos, animé y modele en 2D  y 3D, sepa programar en 3 lenguajes diferentes, tenga nociones de e-commerce, conozca qué es, para qué sirve y cómo se implementa el SEO, maneje redes sociales, domine el marketing digital,  tenga buena actitud, ganas de aprender, tolerancia al trabajo bajo presión y sepa que lo van a meter a un cubículo por 9 horas con un sueldo mísero.

Todo lo anterior, es el pan de cada día en empresas pequeñas que van desde “Desayunos y novedades Don Pascual” hasta corporativos a nivel nacional, que necesitan implementar campañas de gran impacto.

Sin embargo, el problema no reside ahí. El verdadero calvario comienza un poco después, cuando las empresas piden al diseñador hacer una propuesta revolucionaria, que según ellos, “dejan en tus manos”.

Es justo en este punto cuando literalmente “dejas todo en el ring” y das tu mayor esfuerzo para mostrar una propuesta limpia, innovadora, con fundamentos basados en los valores de la marca, sustento teórico de la academia de diseño y demás razones que te sacas de la manga para que todo tenga sentido.

Todo lo antes mencionado, para que tu cliente y/o jefe decida que tu propuesta es “muy creativa” y que desea que hagas unos ligeros – enormes, horribles, sin fundamento e incoherentes – cambios que resultan ser su propio diseño y tú, terminas siendo el destornillador multifunción que hace sus sueños realidad.

Pésimo aún, es cuando como creativo te das cuenta que tu gran propuesta se transformó en parches de fealdad que en lugar de ayudar en la solución del problema comunicacional, resultaron ser un “arreglo” más triste y confuso.

Esta, es la razón absoluta por la cual los diseñadores dejan de querer proponer grandes ideas,  para solo obedecer lo que se les dice. Esto, provoca que comiencen a ser robots que ejecutan órdenes. Lo que en la mayoría trae como consecuencia,  la  adaptación a un sistema dañado que mata de a poco a todos los creativos.

Sin embargo,  hay algunos otros que logran deslindarse del sistema y deciden irse del país para probar suerte en otras latitudes – muy pocas veces regresan–  o emprenden otras labores, que si bien, van de la mano del diseño no hacen parte del mismo. Pero solo ahí, pueden ser y hacer lo que verdaderamente les hace felices como creativos.

Ambas decisiones son drásticas en igual medida y resultan ser sinónimo de la enorme fuga de cerebros creativos de la que esta nación es víctima y victimario.  Y de la cual, por lo menos en los siguientes años, lamentablemente seguiremos siendo parte.

AUTOR

Tita Cabrera

Creativa, divertida y apasionada son las palabras que me definen como persona y profesional. Soy ingeniera aunque nadie me lo crea –muchas veces yo tampoco-.
Fiel amante de la creatividad multicultural, el café tibio, los perros y los viajes low cost. Quiero romper al mundo y que él me rompa a mí.
www.titacabrera.com  FB/IG /BH: holatitacabrera

Etiquetas

Artículos relacionados

2 Comments

  1. ¡Totalmente de acuerdo!, he vivido esa mala experiencia. Quieren que salgas de la caja, con un diseño innovador, explosivo, creativo… te esfuerzas en darlo todo y al final terminas haciendo cambios tontos e innecesarios del cliente u otro personal de la empresa.

    Eso asesina las ganas de querer esforzarse en una pieza gráfica y sólo da lugar a lo que mencionas, convertirse en robots que mueven elementos según las indicaciones de esas personas. ¡Muy triste!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close
Close