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Alarma, Navidad (Confesiones de un Grinch de andar por casa)

Tengo que encontrar la forma de escapar de esto. De este insufrible peñazo de todos los años que es la navidad. Una y otra vez, siempre con la misma cantinela, comilonas pantagruélicas que te dejan el estómago como un campo de pruebas de explosiones nucleares, compras masoquistas, que hacen que tu presupuesto tiemble como un flan durante meses, y lo que es peor, la invasiva horda de parientes pesados y preguntones, que todos tenemos que sufrir año tras año, observando horrorizados como cada año se va haciendo cada vez más exasperante toda esta pantomima. Menos mal que en estas fechas tenemos carta blanca para abalanzarnos sobre la bebida, como refugio ante semejante incursión familiar.

Otro año, más la histeria colectiva de la navidad, una especie de enajenación buenista, que tan sólo es un alto en el camino, un parar durante unos días la rutina del día a día, aderezados con unos días libres, para tratar de apaciguar los pensamientos del resto del año. Al menos estas fechas las emplean las empresas para tratar de realizar más ventas contratando más personal, y los medios publicitarios, ejercitando sus habilidades, por lo que no es un total desperdicio. Es más, es preferible ver los spots publicitarios de la época navideña, que la programación especial de la televisión de éstas fechas, que es un despropósito que emana vergüenza ajena, pero bueno, no hay mal que cien años dure. Otros a los que les viene bien, y de los que me alegro, son los hosteleros, con cantidad de reservas en restaurantes para comidas familiares y de empresa en las que si no se andan con ojo pueden acabar en una batalla campal, ya ha ocurrido otras veces, el vino, y el cava, entre otras cosas, corre como un río y algunos se salen de sí mismos. Cosas que pasan.

Todos como posesos corriendo a poner feísimos adornos navideños, un árbol que lo llena todo de púas que va soltando, tierra de la maceta, y mierda en general que luego hay que limpiar durante días. Calles que se llenan de gente, de familias con sonrisas forzadísimas, como la del Joker de Nicholson, mientras se cruzan iracundas miradas acumuladas por todas las putadas recibidas y efectuadas el resto del año. El irracional impulso generalizado de sentirse la persona más benévola del mundo en estas fechas, aunque el resto del año ni se tenga en cuenta la existencia del resto de la humanidad, ni de ser vivo alguno. Bienvenidos a la navidad, que la fuerza y la paciencia nos acompañen. Van a hacer falta.

Javier García

Operario de la letra, redactor y narrador con debilidad por la comunicación y la publicidad que explora, cual curioso astronauta, habiendo revoloteado en el cómic, la radio y en medios escritos, orbitando en la publicidad para el pequeño comercio, a la vez que en otras escrituras más líricas. Sígueme como @xabelg

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