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El fin de la internet (como la conocíamos)

El alma de internet y las redes sociales somos sus usuarios. Si lo entendemos como hasta el momento lo hemos vivido, es decir, como ese espacio abierto y aparentemente democrático donde cada uno tiene una voz, nos cuesta imaginar que ese carácter puede acabarse con el fin de la neutralidad en internet.

Recordemos que en sus inicios tanto internet como redes sociales como Facebook, nacieron no con un fin comercial explícito sino más bien como iniciativas comunitarias de intercambio de conocimiento, en el caso del primero, y de sociabilización a través de la tecnología, en las segundas.

El desarrollo de internet se dio a pasos agigantados sobre la base de que todos los puntos de acceso a nivel mundial eran iguales para todos, algo que la Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU. puso fin este mes.

Lo que se conoce como el fin de la neutralidad en la red tiene efectos difíciles de vislumbrar desde ya pero que con seguridad afectarán al acceso de contenidos y la velocidad de los servicios de internet.

Acceso a distintas velocidades

Los detractores de esta iniciativa, entre los que se cuentan los “padres” de la internet,  apuntan a que la neutralidad de la red es clave para prevenir que los operadores bloquen el acceso a sitios o aplicaciones o que determinen la velocidad de los servicios de acuerdo a las tarifas, es decir, que hagan lo que les parezca dejando a los usuarios a expensas de sus condiciones.

Aunque aún no hay un efecto directo y claro de lo que vaya a pasar mañana – esto es que suban las tarifas de una día para otro ni viviremos las restricciones en la red súbitamente-, el cambio puede ser peligroso.

Las telcos pueden hacer  más lentos o más rápidos los servicios o clasificar por categorías a los consumidores según sus hábitos para cobrar por ir por los carriles más rápidos.

Si lo comparamos con infraestructura vial, es como decir que ahora si quieres llegar a tu destino en menos tiempo, tendrás que pagar por transitar en una carretera con peajes.

¿Y cómo quedan los consumidores?

Lo que se pretende con esta nueva regulación es que los proveedores de acceso a internet puedan limitar los sitios por donde los usuarios navegan, lo que significa que mañana cualquier proveedor podría cobrar en función a los hábitos de cada usuario en internet.

Esto marca el fin de una era y ya no habrá un internet libre y accesible para todo el mundo por igual sino que sitios como Facebook o Google tendrán que pagar a las telcos para que sus páginas vayan rápido ( o crear sus propios sistemas de acceso a internet).

Todo esto limita la competencia y frena la innovación porque, como siempre, afectará  a los pequeños que no podrán competir con gigantes de la internet.

Desde mi  punto de vista, hemos cedido internet a las telcos y  esto va en contra del origen de red que nació con un espíritu descentralizado e igualitario.  

 

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