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TARGET: ALESSANDRA

Filtro de Reclutamiento.

Sexo. Mujer Edad.  20 a 35 años Etnicidad.  Blanca (mediterránea) Estudios Superiores. Tipo de Vivienda Rentada. Consumidora de: Té con limón Marca. Indistinto. Plaza. New York.

Alessandra estaba retrasada para su sesión de grupo a la que había sido convocada en el piso 12.  Era tarde en aquél edificio de oficinas donde en casi todos los pisos ya se habían ido los empleados. Alessandra,  llegada hace menos de un año al país desde Roma, subió apurada sin mirar al señor gordito y bajito embutido en uniforme que manejaba el elevador y le indicó su piso.

Sin embargo, sin razón, el elevador paró en el octavo.  Nadia parecía  haber llamado en ese piso.  Alessandra creyó que ella tenía que bajarse allí y en el apuro se dirigió a la salida, pero el señor del elevador le impidió el paso.

Permiso!-le pide primero, para luego decirle: ¡córrete!

El señor, muy grosero le contestó: “Córrete, rima con muchas cosas, ¿no? Pasa si quieres…Igual me corro…”

Alessandra llegó tarde a la sesión. Entró muy pálida y con taquicardia.  Pidió disculpas y se sentó en un rincón.  Seis mujeres estaban platicando sobre la cultura italiana y las diferencias con América. Una mujer se quejaba de que en Estados Unidos se comía “pasta con pollo” y eso le resultaba inconcebible en su tierra, un verdadero sacrilegio.  El resto con un tono de voz elevado y chillón se excitaba  apoyando este comentario mientras engrasaban sus manos comiendo papas fritas de paquete como snack: “Pasta y pollo, no entienden nada los americanos, no entienden nada…!“¡Cómo pueden hacer eso!”, “Una verdadera locura”.

-“Muy bien, atención de a una, escuchémonos, vamos a cambiar de tema” dijo el moderador, “Hoy vamos a hablar de tés… ¿Ustedes consumen tés?”

El entusiasmo de la pasta y el pollo se disipó. Las expresiones eran dubitativas y sin mucha motivación.

-“¿Consumen o no? ¿Tú qué piensas cuando piensas en tés?”, le preguntó el hombre a la que estaba a su derecha.

-“Es cosa de enfermos”, contestó incómoda por haber sido puesta en el spot, “es para reposo, para estar en casa, no sé, a mi no me llama mucho la atención…”

Las demás asentían dándoles la razón.

-“¿Y cómo lo consumen?  ¿cuándo lo consumen?” preguntó con curiosidad el hombre.

-“En Italia es con limón.

Otra mujer que la interrumpió  dijo, “ o con leche….”

Alessandra permanecía muy callada, muy en su mundo sin participar.

-“¿Alguna lo toma diferente?” El moderador miro fijo a una participante obligándola a contestar.

-“Yo con anís”-dijo otra mujer -es muy bueno para la digestión”.

-“Yo también”-recordó otra, que intervino sin que nadie le preguntara. Luego, el moderador tomó un gran cartón,  con imágenes de trazos hechos a mano y un breve texto escrito. Les propuso leerles una idea,  para que estas señoritas mediterráneas le dijeran que pensaban…

-Se vale disentir, y decir lo que piensan, les pido que entiendan que no es un comercial, es una idea de un producto nuevo, a ver  cómo les suena…

Alessandra parecía no escuchar nada de lo que estaba sucediendo en ese lugar.

El moderador empezó a leer: “Para las mujeres como tú que sufren todos los meses, que se alteran ante el menor rozamiento de la vida cuando tienen su periodo menstrual y se desbordan emocionalmente con sus cambios de humor,  además de padecer problemas físicos, cólicos y cansancio, les presentamos el nuevo PMS TEA, la solución para combatir los malestares en esos días desagradables con las maravillosas infusiones en formato de tés bebibles y o bolsitas térmicas abdominales”.

Las mujeres se miraban entre ellas y cuando el hombre terminó de leer se rieron a carcajadas.

Alessandra no se rió, ella seguía en su cabeza. Los ojos del hombre del elevador estaban clavados a los suyos. –“Córrete, rima con muchas cosas, ¿no? Pasa si quieres… Igual me corro”. –“Así no puedo” se excusaba ella.  La puerta se volvía a cerrar. El hombre la detuvo para que se mantuviera abierta; sin embargo, no se movía de la puerta, retándola, invitándola de nuevo a salir -“Venga, pase mi reinita”.  Alessandra permanecía inmóvil en el fondo del elevador. El hombre le decía en tono lascivo: “Ven que aquí te espero”… Alessandra metió su mano en la bolsa –“Déjeme en paz!”, le advirtió. En un momento en que el joven se distrajo, ella intentó tocar el botón de la alarma, pero el hombre la interceptó y apagó el elevador. Todavía bloqueando la salida, insistió: “¿Qué haces reinita…? ¿Qué quieres que nos quedemos aquí a oscuras los dos solitos? ¿Eso quieres? Yo preferiría hacerlo en una oficina vacía, más cómodos, pero cómo tu prefieras reinita…” Alessandra, alejándose hacia la esquina opuesta del elevador, le adviertió, -“¡Tengo una navaja! No se me acerque”. El joven no parecía asustarse.

–“Una navaja,  me gustan las navajas… ¿Te gusta con violencia? Eh, ¿así te gusta? ¿Para qué cargas una navaja en la bolsa? Las niñas bien llevan lápiz labial y los niños como yo…” le dijo mientras se desabrochaba el pantalón

 Alessandra, con la navaja en mano en alto le gritó:“¡No se me acerque, mire que la uso! ¡No me toque que lo mato!”.

El hombre continúo acercándose lentamente mientras le mostraba como giraban sus grandes y gordos dedos “¿La vas a usar así mi reina?”. Alessandra, desesperada le advirtió:  “Le voy a cortar los huevos, hijo de… El hombre le contestó con autoridad: “¡No me gusta tu juego, sado, güerita! Este piso está vacío, pero si insistes te doy para que tengas acá mismo…” Alessandra, desesperada y amenazante “¡Te juro que te la corto o me mato”. El hombre, impávido, continúo acosándola: “Tan linda, con esos ojitos tan saltones, y esa cara de loquita, vas a gozar como una pinche yegua,  no vale la pena matarse güerita; relájate un poquito ¿quieres? Relájate y vas a ver cómo te gusta.” El hombre entonces rozó el cuerpo de Alessandra. Ella gritó pero nadie la escuchaba. Luego quedó agarrada por él, inmóvil  y con dificultad para respirar.  El hombre del elevador tomó la mano de Alessandra con la que sostenía la navaja y se la retorció. Ella, con dificultad, ofreció resistencia.

El moderador interpeló a Alessandra: “Y tú que estás tan callada, ¿qué crees?” preguntó cual inquisidor.

Alessandra miró el cartón, lo leyó pero no dio respuesta alguna. El moderador, al notarla tan absorta le preguntó si se sentía bien; la toma del brazo y le ofreció “un tecito con limón”…

Alessandra, al sentir el contacto y ver el color oscuro y rojizo del té se sobresaltó. De inmediato se levantó de su asiento y gritó: “¡No, no me toque o lo mato!”  Y ante la mirada atónita de todos, recogió su bolsa y se fue dando un portazo.

El resto de las mujeres quedan sorprendidas y en silencio, hasta que una intervino…

-“Es que yo les dije al comienzo que a las italianos no nos gusta eso del tecito, para nosotras lo mejor es un buen café”.

FIN

Ilustración de portada:
Marilaura Muriedas
Instagram: @lalidraws

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Florencia Davidzon

Florencia es estratega, escritora y cineasta. Desde siempre ha estado motivada por entender la condición humana, encontrar soluciones para los usuarios-consumidores, y desarrollar oportunidades de innovaciones para marcas. Además Florencia es creativa y realizadora audiovisual, apasionada de este lenguaje que le permite idear y ofrecer contenidos originales tanto cinematográficos, publicitarios como digitales para marcas.

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