Marketing Político

Del ya sabes quién al no saben cómo

Una de las conductas más insufribles y a la vez irrisorias es —desde mi punto de vista— esa forma de hablar de quienes se creen lo suficientemente importante para ser espiado o pretenden llamar la atención de todos a partir de un arrogante discurso cifrado, como sucede en diferentes grupos de pseudopolíticos y miembros de diferentes sectores quienes intentan aparentar una importancia que realmente no tienen y que consiste en evitar nombrar a las cosas por su nombre, en lugar de llamar al pan por su nombre le dicen “aquello” y al vino “lo que le gusta a nuestro amigo”.

La paranoia de políticos, entre otros falsos personajes importantes, los lleva a utilizar este tipo de lenguaje que para un externo que pasa frente a dos brontosaurios de la política o las maneras antiguas de mexicanos espiados, resulta casi surrealista, sobre todo ante la normalidad con la que los involucrados manejan los códigos de ese metalenguaje y sólo ellos saben si se refieren a qué van a ordenar en Sanborn’s o a un archivo olvidado sobre el escritorio de su oficina.

Como ahora resulta irritante que un partido político, “Ya sabes cuál” utilice este estilo mediocre de comunicación para promocionar a su candidato. El origen de esta propaganda tal vez sea porque “ya sabes quién” se formó en esa ambigua tradición priísta de la que hay días de la que reniega, mientras que otros días promete el perdón a priístas y narcotraficantes.

¿Por qué la agencia de publicidad decidió no mencionar el apellido de López Obrador y sí el de Calderón? ¿Acaso los publicistas políticos de Morena creen que evitar el nombre de su líder, los hace ingeniosos? La verdad es que no conozco a nadie que le reconozca a esa pieza de propaganda ningún valor creativo. Simpatizar y estar de acuerdo con el mensaje de la propaganda es diferente, en ese sentido, sí existen opiniones divididas, pero ingenioso o creativo es lo menos que tiene el spot. Esta propaganda crea una visión vetusta de su candidato, cuando no sé si la idea era crear una pieza con aroma vintage.

La propaganda abusa de una solemnidad digna del régimen autoritario y burocrático del siglo pasado y se olvida de hablar a los miembros jóvenes del partido a los que va dirigido el mensaje de su precandidato. Esas frases imprecisas resultan más cobardes que certeras para describir a López Obrador, quienes todos sabemos y reconocemos como un hombre en campaña desde hace 18 años.

Desgraciadamente lo que nos ha dejado ver la propaganda de los otros partidos es igual o más patética que la del tabasqueño obsesionado con ejercer el poder. Los encargados de promover al precandidato Meade del PRI, Nueva Alianza y PVEM ya no saben qué hacer con su producto, ya nos presentaron a la esposa del precandidato, mostrándolo a él de una manera que lo pone en clara desventaja con una mujer de voz fuerte y decidida, y ahora en una idea que realmente parece de película chafa de Disney lo ponen a hablar bien de sus rivales políticos y hablando como López Obrador de unidad y amor, no de programas políticos reales. O en la campaña de Nueva Alianza con voces de niños diciendo “qué quieren ser de adultos” y en la que cuando una niña expresa su deseo por ser presidente, la voz oficial de la propaganda asegura: “Cómo José Antonio Meade”.

Los publicistas de Ricardo Anaya han preferido mostrarlo como políglota por un lado y por otro como solista telonero que se hecha un palomazo con Yuawi López, el niño sensación de Movimiento Ciudadano.

En los dos primeros meses de campañas disfrazadas de precampaña, los mexicanos hemos confirmado que además de la pobre oferta electoral, la oferta de creatividad y fuerza que debería de brindar la publicidad a tan débiles candidatos es igual de mediocre. A fuerza de creer que ya saben cómo se hacen las cosas, las agencias y los jefes de comunicación de los precandidatos se han olvidado de lo más importante y obvio; ideas sencillas y la importancia de un mensaje realmente positivo y contundente para formar la esencia de quien aspire a ser presidente de la nación. O tal vez, esta idea falaz y autocomplaciente de tener dominado el mensaje político se deba a que, a lo largo de los años, los mexicanos nos hemos vuelto inmunes, sordos y ciegos al bombardeo de mentiras con las que los políticos pretenden engañarnos y sólo se engañan a sí mismos, como por ejemplo ya saben quiénes.

Armando Enríquez Vázquez

Productor de televisión, escritor desde hace más de veinticinco años, columnista en diferentes publicaciones virtuales e impresas. Oriundo y transeúnte de una de las ciudades más pobladas del mundo de la que estoy orgulloso. Mis encuentros y desencuentros con la publicidad se han hecho muchas veces desde el terreno del receptor del mensaje y no del emisor. Me ocupan entre otras cosas el futuro de los medios, el abuso de la palabra creatividad y el desarrollo de contenidos atractivos en diferentes medios.
Sígueme en twitter: @cernicalo

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