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El anhelo político de los pueblos latinoamericanos

Hoy más que nunca en Latinoamérica se han destapado los episodios de corrupción más sucios relacionados con los gobiernos.

Podríamos comenzar con el famoso capítulo de Odebrecht, que no solo salpicó, sino que más bien puso lodo frente al ventilador de altos funcionarios de distintos países. Fue solo la punta del ovillo, 788 millones de dólares en 11 países de América Latina y Mozambique, la cifra es más que devastadora para calificar los valores de nuestras clases políticas y el cinismo que tienen para enfrentar las acusaciones.

Los casos incluyen en Argentina: gasoductos, potabilización de agua, obtención de potasio y el soterramiento del ferrocarril Sarmiento, entre otros; en Brasil: cientos de proyectos, incluyendo industrias extractivas y la represa Belo Monte, que desde su planeación ha ocasionado graves violaciones de derechos humanos; en Colombia: la Ruta del Sol y la navegabilidad el Río Magdalena, las dos obras de alta ingeniería más importantes de ese país; Ecuador: hidroeléctrica Manduriacu y refinería del Pacífico (de las que se conocen por el momento); México: proyecto petroquímico etileno XXI, el más grande de América Latina, y el gasoducto “Los Ramones II Norte”; Perú: Carretera Interoceánica Norte Sur, el proyecto hidroenergético Alto Piura y el tren eléctrico de Lima; República Dominicana: la termoeléctrica Punta Catalina y la hidroeléctrica Pinalito.

Si la política se entiende como las actividades de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad o a un país, entonces ¿por qué seguimos escuchando los discursos de las personas más notorias y probadas diciendo que no quieren involucrarse en esos temas? ¿Por qué las personas buenas y con valores solo se involucran en política a la hora de criticar? ¿Por qué nadie lidera una integración en las parroquias, ciudades y países para exigir planes de gobierno que privilegien al ser humano?

Es terrorífico tratar de entender el círculo vicioso de los países, cuando las personas buenas y valiosas no quieren integrarse en lo que hoy llaman la cloaca de la política y esperan cambios importantes, hoy cualquiera de los enlodados en la corrupción sigue presente en la política y nadie hace ni dice nada.

¿Y si hoy tan solo por un momento dejáramos a un lado los criterios de “primero yo, segundo yo y tercero mi buen nombre” para meternos en la política y buscar realizar los cambios que todo el mundo necesita?

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