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Los textos publicitarios: Entre la fantasía y la verdad

En uno de los episodios de Mad Men, Don Draper menciona que: la publicidad es felicidad; que se manifiesta en un anuncio de vía pública que puede decirte que lo que sea que estés haciendo, está bien. También leí alguna vez que Steve Jobs restringía a sus hijos el tiempo de uso de iPads y iPhones; era curioso, el reconocido padre de los gadgets tecnológicos prefería que estos sean populares en la sociedad, pero no tanto en su hogar. Entonces pensé: entendiendo las distancias entre la industria de la tecnología y comunicación ¿dejaríamos a nuestros hijos expuestos a las campañas de publicidad que hacemos? Lo que decimos actualmente en la publicidad actual ¿genera felicidad? lo que la gente está haciendo ¿está bien?

Me pregunto si esta felicidad de la que hablamos en la publicidad de las marcas se está basando en la verdad, o puede que nos estemos yendo algo lejos en nuestras intenciones de creación de valor y estamos vendiendo fantasías poco constructivas. Al ser comunicadores, pienso que tenemos una responsabilidad sobre la sociedad en la que trabajamos, y si es así, me pregunto también si todo lo que escribimos está sumando a mejorarla.

Hace algunos años tuve la suerte de conocer a Erika, ex creativa publicitaria en España. Había llegado a Latinoamérica gracias a un brief; en el requerimiento, se buscaba la manera de que los niños incrementen el consumo diario de una reconocida marca de pan relleno de chocolate. Algo que podría representar un peligroso exceso de grasa y azúcar para su nutrición.  Esto, junto a otros factores, fueron suficientes para que ella renunciara a su cargo y cruzara el Atlántico para trabajar en proyectos sociales con niños de las comunas de Medellín. Me dijo que prefería un trabajo que vaya de acuerdo a su conciencia. Y entiendo que ustedes pensarán que es una actitud poco profesional. Pero recuerdo siempre su historia porque a veces la envidio, y es que en ocasiones creamos fantasías que contradicen hasta nuestros propios principios y no decimos nada.

Un cartón de leche no es status, una gaseosa no es justicia social, un auto no es liderazgo, un teléfono no es estar a la moda, una tarjeta de crédito no es libertad, ni una pasta de dientes es autoestima. Lo sé, somos profesionales, no somos artistas, y escribimos para las marcas. Pero también lo hacemos para la gente que busca esa marca. Por eso mismo, por lo menos podemos ser conscientes de lo que decimos y aportar con verdades que permitan sacarle una sonrisa a alguien y que se prefiera a una marca por algo sincero. Intentemos que nuestras comunicaciones sean afirmaciones y realidades que nos hagan reaccionar positivamente y nos empujen a ser una mejor sociedad, mejores padres, hijos y ciudadanos.

Suena utópico y absurdo, no sé. Pienso que los tiempos han cambiado y que la honestidad es determinante. Puede que escriba esto impulsado por las repentinas reflexiones de esta carrera, o que simplemente creo que podemos construir mejores sociedades desde un escritorio de una agencia de publicidad. No sé si se pueda, pero al menos hagamos el intento.

AUTOR:

Xavier Prado

Redactor en agencia y entusiasta en las aulas. Fanático de aprender, viajar y cocinar. Me apasiona tanto la publicidad que todavía creo que podemos devolverle su valor, sobre todo con los futuros profesionales.

Director Creativo Asociado en McCann Quito y profesor de Redacción Publicitaria en la Universidad de las Américas.

Twitter: @XaviPrado

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