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Debate presidencial: De cinco ni uno

Dicen que los debates no cambian votos. Yo creo que sí. O al menos es mi caso. Y es evidente que no voy a votar por quien ganó mi corazón y sea Winston Churchill reencarnado, PERO a veces hacer lo menos malo es hacer lo mejor. Me decidí por Chicken Little. Sí, el muchacho de la nave industrial Ricardo Anaya. El estadista del partido conservador de derecha que actualmente está aliado con un partido de izquierda que en su mayoría está compuesto por cromagnones corruptos y con otro partido –que a nadie le importa pero que se mantiene vivo comiendo de nuestros impuestos y haciendo robo hormiga–.

¿Luis estás operado de la cabeza? ¿Estás idiota? Te acabo de borrar de mi lista de amigos, siempre supe que estabas bien baboso.

Dadas las circunstancias de este mi país, es lo que creo que es menos peor. Así de jodido lo siento.
Los independientes son una broma.

Por un lado está este cavernícola que quiere regresar al oscurantismo con sus leyes del ojo por ojo y por otro lado, esta la pobre (le neta me da piedad) de margarita, auspiciada por el borrachín de su marido que tiene una postura totalmente desarticulada y que no va para ninguna parte.

Y los otros tres, “los grandes” pues ya sabemos:
El muchacho del vitiligo tiene buenas intenciones y se ve que está preparado. Tiene experiencia en la vida del servicio público, me parece que es una persona decente, todo indicaría que es un buen candidato PERO a ese ya lo chupó el diablo. Y eso a mí no me late. Lástima, si él hubiera sido el independiente, aunque nomás votáramos su mamá y yo por él, con gusto le hubiera dado mi voto. No gracias, prefiero que me robe alguien nuevo, como chicken little.

¿Y Andrés Manuel?

Lo siento por mis amigos amlistas (que son muchos) pero nomás no me da buena espina. Siento que, además de robar (como todos van a hacer), nos va a retrasar como nación en tecnología, relaciones internacionales, comercio exterior y sí creo que es un señor enfermo de poder que, de llegar al trono, buscaría la forma de quedarse ahí per saecula saeculorum.

Así que una vez más, voy a usar mi derecho a votar, para entregarle el control del país a la opción “menos peor” que existe, esperando que esta vez sí haya un cambio. O por lo menos no un retroceso.
Que con este voto y el de muchos mexicanos más, las cosas mejoren.
No sé, veo difícil que mi elección logre darle un giro positivo a un país en donde se disuelve en ácido a 3 estudiantes, se asesinan miles de mujeres todos los días de manera impune, donde los servidores públicos se hacen multimillonarios de la noche a la mañana y donde se desaparece a 43 personas como si nada. Y nadie hace nada.
Vote por quien vote, el gran perdedor como siempre va a ser México.
Buen jueves tengan todos.

 

Luis Elizalde

Executive V.P. Chief Creative Officer.
Saatchi & Saatchi México. Sígueme en @luisfelizalde

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