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Antidedicatorias

Debe haber muy pocos libros sin dedicatorias, esa frase a veces breve y a veces no, con la que se agradece a quienes hicieron posible la escritura de la obra. Pero hay libros en los que esa dedicatoria no resulta amable o conmovedora sino cínica, vengativa y, en ciertos casos, insultante. Veamos algunos ejemplos.

  • “Cartero”, Charles Bukowski (1971)

Es la primera novela de Bukowski y claramente el escritor no sintió la necesidad de agradecerle a nadie. La antidedicatoria:

“Este libro se presenta como un trabajo de ficción y no está dedicado a nadie.”

  • “Vida de este chico”, Tobias Wolff (1989)

El libro es una autobiografía en la que el autor recuerda su difícil adolescencia con varios padrastros abusivos, y al final de la dedicatoria aparece esta antidedicatoria:

“Mi primer padrastro solía decirme que con todo lo que yo no sabía se podía llenar un libro. Bueno, aquí está.”

  • “No, gracias”, E.E. Cummings (1935)

Cummings escribió un libro de poemas que fue rechazado por 14 editoriales. Finalmente lo publicó con el título “No, gracias”. La dedicatoria -bueno, antidedicatoria- consistió en una lista de todos los que rechazaron la obra, diseñada con la forma de una urna funeraria. (La imagen de la urna aparece en una nota mía previa.)

  • “Psychological Care of the Infant and Child”, John Watson (1928)

Este libro aconseja no amar excesivamente a los niños para no darles falsas esperanzas. Watson parte del supuesto de que la receptora de su dedicatoria no existe, y escribe esta antidedicatoria:

“A la primera madre que críe un niño feliz.”

  • “Bala de plata: el Martini en la civilización americana”, Lowell Edmunds (1981)

Los escritores están siempre agradeciendo a sus colegas por la ayuda brindada. Edmunds, en cambio, señala a quienes no lo ayudaron, con esta antidedicatoria:

“Quisiera culpar a los editores de Notes and Queries por rechazar la digna y extremadamente concisa consulta que les envié acerca del Martini, y también deseo culpar al editor del New York Times Book Review por no imprimir mi consulta. Ojalá que a estos editores el gin se les convierta en gasolina, o que beban demasiados Martinis y después se traguen un mondadientes, como dice Sherwood Anderson que le sucedió.”

  • “No Contest: The Case against Competition”, Alfie Kohn (1986)

Mencionar las instituciones que colaboraron con la investigación para un libro es muy común. A través de esta antidedicatoria, Kohn se queja de quienes trataron de impedírselo:

“Quiero destacar, finalmente, que gran parte de la investigación previa a este libro se hizo en la Universidad de Harvard, donde la enorme cantidad de obras es igual a la determinación de la institución para restringir el acceso a ellas. Estoy feliz por haber podido usar estas fuentes, y no importa que ese privilegio me fuera concedido solo porque la universidad pensó que yo era otra persona.”

  • “Logan: A Family History”, John Neal (1822)

Este libro de ficción está basado en una historia real: un jefe indio norteamericano cuya familia fue asesinada por una banda de criminales blancos. El autor no solo escribió esta tremenda antidedicatoria para una persona sino para casi todo el mundo:

“Este libro no se lo dedico a nadie, porque no conozco a nadie que merezca la dedicatoria. No tengo amigos, ni hijos, ni esposa ni hogar. No tengo relaciones, nadie que me quiera. Nadie para amar, nadie para cuidar. ¿A quién se lo puedo dedicar? ¿A mi Creador? No lo merezco. ¿A mis compatriotas? No se lo merecen. Por los hombres de épocas anteriores tengo poco respeto; por los hombres actuales, ninguno. ¿A quién se lo debo confiar? ¿A quién le voy a importar mañana? ¿Quién luchará por mi libro cuando yo no esté? ¿Lo hará la posteridad? Sí, la posteridad me hará justicia. A la posteridad, entonces. ¡A los vientos! ¡Lo dejo en testamento! Lo dedico a una generación de espíritus, a los sombríos potentados de aquí en adelante. Yo… Yo… Yo he hecho… La sangre de un hombre rojo se está enfriando. Adiós. ¡Adiós para siempre!”

(Fuente: Mental Floss)

Roberto Patxot

Trabaja en publicidad desde hace más de 30 años, y no tiene ninguna intención de parar. Gran parte de su carrera la realizó en OgilvyOne, donde llegó a ser Director Creativo Regional. Fue jurado en casi todos los festivales publicitarios; ha dado (y da) charlas en varios países de América Latina. Hoy se desempeña como Director Creativo en Ogilvy Argentina, y escribe sobre aquello que le gusta: publicidad, claro, pero también cine, libros, música y otras cuestiones. Padece de una rara versión del Síndrome de Tourette, que lo lleva a compartir con frecuencia chistes tan faltos de gracia como irritantes.

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