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De figura pública a político en ciernes: Cuando la participación ciudadana se desvirtúa

Hace unos meses nuestro país vivió un nuevo proceso de elección popular para definir el puesto más importante de México: el nuevo presidente de la república.

Fueron meses de intensa campaña donde fuimos testigos de cómo cada uno de nuestros candidatos o se iba desdibujando o iba fortaleciéndose día a día.

Las encuestas y los primeros datos que se desprendían prematuramente del proceso ponían a Andrés Manuel López Obrador como puntero de la elección.

Además confirmamos que nuestros políticos mantienen muy arraigadas sus tradiciones para hacer campaña: Spots de televisión insípidos, otros sumamente exagerados y tristemente alejados de lo que cualquier mexicano esperaba.

Por si fuera poco, los tres debates de los que fuimos testigos nos dejaron claro que el objetivo de nuestros candidatos se trataba de atacar al otro, dejando por un lado lo más importante de una campaña, las propuestas.

A pesar de este panorama tan gris y poco esperanzador, el día de la elección llegó y ocurrió lo menos pensado (para un país con tan poquita memoria) la participación ciudadana se hizo presente. Según el PREP, se registró una participación ciudadana del 62% misma que representa ser una de las elecciones con mayor participación en la historia del país, apenas detrás de la elección de 1994 que contó con un 77% de participación (Animal Político, 2018).

Teniendo estos precedentes ocurrió lo “inesperado”, AMLO arrasó en la elección con una ventaja de 30 puntos sobre el segundo lugar (Animal Político, 2018). Después de 12 años de buscar la presidencia de México, López Obrador por fin lo logró, de manera contundente y sin dejar dudas de que el pueblo de México había hecho valer su voto.

La avasallante victoria de AMLO no solo se dio en la elección federal, la victoria se replicó en la cámara de diputados y senadores donde por primera vez en la historia MORENA sería la mayoría, relegando al PRI a ser la tercera minoría con un resultado escandaloso para la historia del tricolor.

Esta nueva mayoría en el congreso tiene un trasfondo con tintes polémicos, pues los personajes que nos representan tanto en la cámara de diputados y senadores por parte del partido Morenista no son del todo los mejores perfiles que pudieran existir.

Desde que la carrera presidencial inicio, vimos nacer perfiles políticos sumamente tristes para cualquier mexicano. María Elena Saldaña, mejor conocida como “La Güereja” se lanzó como candidata a la diputación federal abanderada por el ahora extinto partido Nueva Alianza. Además de la comediante, personajes como Ernesto D´alessio mejor conocido por la única virtud que tiene, que es ser hijo de Lupita D´alessio fue ganador de la diputación federal abanderado por el Partido Encuentro Social y que además hoy encabeza la Comisión del Deporte en la Cámara de Diputados (MedioTiempo, 2018). El mismo que en un tuit confundió a la Halterofilia con la heterofilia al intentar felicitar a Yesica Hernández, pesista medallista en los Juegos Olímpicos de la Juventud realizados en Buenos Aires, Argentina.

Pero existe un perfil en particular que es el que ha dado muchísimo de que hablar. Conocido porque en su juventud dedicó su tiempo a entretener mujeres con un show donde se vendía como stripper, por tener una carrera como actor de lo más gris y por haber sido esposo de Barbara Mori (siendo este su único y más grande logro), este es el nuevo Comisionado de Cultura de nuestro país, Sergio Mayer.

Mayer que desde que llegó al “poder” incendió la redes sociales al declarar que probablemente su sueldo como diputado no le va a alcanzar para vivir (ADN Político, 2018) (74 mil pesos no son suficientes para cubrir los gastos de un diputado en nuestro país, aparentemente) y por el simple hecho de encabezar la Comisión de Cultura de la que muchos aseguran no cuenta con las credenciales ni la experiencia suficiente para presidirla.

Por momentos parece que Mayer Bretón está haciendo uso (aparentemente) de la polémica para que se hable de él. Hace unas semanas compartió en Twitter enlaces para poder descargar libros electrónicos de manera ilegal para después borrar el mensaje y sustituirlo por enlaces de dominio público (Huffington Post, 2018)

Y que decir de su última gran hazaña, fueron filtrados a medios de comunicación audios donde el flamante diputado ex stripper explota en insultos contra su equipo político “por no recibir el apoyo que espera de ellos” (Infobae, 2018). Además de esto, el diputado se quejó por haber caminado 2 kilómetros y tachó de mentirosa a una de sus colaboradoras que aseguraba que nadie quería trabajar con él (¿Por qué será?) asegurando que “¡La gente a mí me responde, me adora! Es una mentira y no quiero yo a esa gente conmigo, no quiero… ¡Esta gente no me está funcionando!” (Infobae, 2018).

Lo peor ni siquiera es que el audio se diera a conocer, sino la pobrísima y lamentable respuesta del diputado ex stripper. En una entrevista para Milenio, aseguró que lo ocurrido es parte de un ataque mediático en su contra con un audio manipulado y editado (Infobae, 2018).

Aquí viene la pregunta que muchos nos hacemos ¿Realmente la fama creada a partir de los medios de comunicación es un antecedente de peso para que cualquier figura pública comience una carrera política? Para entender mejor tenemos un ejemplo local. Nayeli Salvatori, conocida por su trabajo como locutora en Puebla y por haberse enfrascado en una pelea abierta contra Rafael Moreno Valle, se lanzó a la diputación federal por Morena.

Nuevamente un perfil sin credenciales, sin conocimiento político pero eso sí, con muchísimas ganas de hacer de México un país mejor, ganó una curul en la cámara de Diputados. Salvatori se vio envuelta en una “polémica” en pasados días por asegurar que cuando se legalice la marihuana, su casa estará abierta para cualquier persona que quiera fumar y escuchar The Doors (El Universal, 2018).

Las reacciones no se hicieron esperar y aunque hubo quien aplaudió la iniciativa de la legisladora, hubo quién la crítico. La respuesta a estas críticas por parte de Salvatori consistió en “burlarse” y tachar de doble moral a la gente que se indignó con su “iniciativa”.

Si nos escudamos con el argumento de que cualquiera que ama a México puede lanzarse a la política para cambiar nuestro país, estaría de acuerdo con los perfiles de nuestros nuevos diputados. Pero, creo que no basta con el ímpetu y la emoción de hacer algo por el país, es necesario contar con experiencia, conocimiento de causa y bagaje político para hacerlo de manera digna. Ni D´alessio, ni Mayer, ni Salvatori tienen las credenciales para representar a un país como el nuestro; ni sus carreras como figuras públicas pueden asegurar su buen desempeño ante la Cámara de Diputados. Estos tres personajes han sido beneficiados por el hartazgo, la desesperación y la búsqueda incesante de una sociedad hambrienta de cambio. Ese 66% de participación ciudadana puso sus esperanzas y su total confianza en estos personajes que prometieron una transformación para el país, lo que me parece una burla absoluta para la sociedad, una falta total de respeto hacer uso de una fama tan barata para asegurar que aman este país y que lo van a “defender” a muerte desde sus trincheras.

Una elección con tanta participación está poniendo en duda el juicio y la visión crítica de nuestra sociedad. Tal parece que la urgencia de un cambio nos cegó, ojalá las consecuencias no sean lamentables más adelante.

Yo por lo pronto espero que, por lo menos estos tres me callen la boca, a mí y a todos los que criticamos su trabajo, su imagen ante la gente y su forma de representarnos porque al final ellos están donde están gracias a nosotros.

FUENTES

Juan Carlos Jiménez Fernández

Soy comunicólogo porque futbolistas y músicos ya había muchos.
Amante de los cómics y los videojuegos. Escribo porque creo que es una de las formas más honestas de expresar lo que piensas. Contacto: [email protected]
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