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La misma burra pero revolcada y sigue siendo entretenida

A principios de año, cuando se estrenó la quinta temporada de Los 100, me detuve en el quinto capítulo, me pareció más de lo mismo y había otras historias que quería ver. Por fin en la semana retomé la quinta temporada de la serie de ciencia ficción que sin ser la más original, ni la más complicada en cuanto a trama tiene “no sé qué, que qué sé yo”; antes de concluir la temporada en la televisión, Los 100, había firmado ya la sexta temporada para 2019, y a ver cuántas más en el futuro, pues –irónicamente– después de cinco temporadas, en el último episodio de la quinta entrega se lee: “Fin del primer capítulo”.

La sorpresa fue que a pesar de estar en lo correcto desde mi primera presunción hace más de seis meses, la serie continuó atrapándome. A lo largo de las cinco entregas se cuenta la misma historia de supervivencia en cada una de ellas, y siempre termina tras trece capítulos con el fin de una amenaza para el grupo o para la humanidad que sólo entreabre la puerta a una nueva desgracia. A lo largo de esas cinco temporadas han muerto diferentes personajes que han formado parte importante de la trama en su momento y con los que los espectadores empatizan, algo que la hace interesante pues sabemos que los productores están dispuestos al menos en ese sentido a dar pasos interesantes, pero el núcleo principal, aunque habría algunos de estos que me gustaría que ya desaparecieran de la serie, se mueve de un lado a otro, emocional y dramáticamente, para siempre ser los sobrevivientes a la siguiente temporada.

La flexibilidad creativa y narrativa de la serie obedeciendo las reglas internas de los personajes que se han mostrado al espectador, es una de las cosas que la hacen atractiva, aunque la trama sólo sea pan con lo mismo, pues la reacción de los personajes –en lo particular– es diferente, matizando a los personajes con rasgos de villanos o héroes dependiendo la temporada y la manera en que la amenaza global los afecta, pero en el fondo todos siguen siendo ellos mismos, ninguno de ellos actúa de una manera gratuita, ni inesperada.

Existen temas y acciones de la premisa original que se han olvidado, pero que obviamos, puesto que como espectadores hemos aceptado ya la premisa inicial de un planeta que ha evolucionado después de mutar tras el apocalipsis nuclear que obligó a los habitantes del planeta a dejar la superficie para refugiarse en la órbita terrestre.

Los 100 es una serie llena de mujeres muy poderosas desde la primera temporada: Clarke (Eliza Taylor), Octavia (Marie Avgeropoulos), y Raven (Lindsey Morgan) son los tres personajes femeninos más importantes que han navegado a lo largo de 5 temporadas, miembros de los cien jóvenes expulsados de la estación espacial para sobrevivir en un planeta, en teoría, inhabitable; las tres jóvenes con sus historias particulares siguen siendo parte del atractivo narrativo de la serie. Los 100, ha incrementado el poder de sus personajes femeninos y en la nueva temporada donde dos de las principales, Clarke y Octavia, se han endurecido tras la catástrofe nuclear con la que termina la cuarta temporada, al grado de volverse egoístas y tiranas: Clarke, al verse obligada a sobrevivir sola en la superficie del planeta devastado por la más reciente catástrofe nuclear y deambular  durante seis años en compañía de la última “Neblida” (una niña llamada Madi (Lola Flanery) a quien considera su hija); y Octavia, al convertirse en la cabeza de los sobrevivientes de la tierra y verse obligada a tomar decisiones –moralmente cuestionables– para lograr la supervivencia de su gente, la hacen una temible tirana. Ambas se ven acompañadas por un nuevo personaje militar, Charmaine Diyosa (Ivana Milicevic), que llega por algún saltó en el tiempo-espacio y junto con un gran número de peligrosos prisioneros, disputa a los habitantes de la tierra el último rincón habitable del planeta.

Además, están las matriarcas eternas de la serie: la despreciable Abigail Griffin (Paige Turco), la madre de Clarke, siempre dispuesta a tomar decisiones en contra, incluso, de su familia para salvarse ella; Indra (Adina Porter), la temible guerrera terrestre que acoge y se convierte en la mentora de Octavia. También está Emory (Luisa d’Oliveira), la bandida y compañera del cobarde y traidor John Murphy, uno de los personajes masculinos que ha sobrevivido a las cinco temporadas junto con el hermano de Octavia, el otro líder destacado de los jóvenes llegados a La Tierra, Bellamy (Bob Morley).

Uno de los grandes aciertos de la serie es haber tenido a lo largo de cinco temporadas un reparto espectacular en cuanto al número de actores que cobran cierta relevancia en la trama, incluso como Emory, que se convierten en personajes importantes dentro de la trama; lo que ha permitido que las acciones puedan tener los desenlaces necesarios y la maleabilidad narrativa para convertir a sus personajes en desechables por temporada, como en la segunda temporada donde todo un grupo de sobrevivientes al apocalipsis original son aniquilados por Clarke y Bellamy para que sus iguales sobrevivan. O las muertes de personajes que significaban una carga para el desarrollo de otros y de la trama como Finn o Lexa.

La sexta temporada habrá de plantear retos interesantes, aunque de una vez puedo anticipar que será por mucho la que más se parezca a la primera y por lo tanto será más de lo mismo.

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