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Relacionista lúdico: Quiero triunfar y disfrutar de lo que hago

 

“Ama lo que haces y jamás tendrás que trabajar alguna vez en tu vida”

¿Alguna vez han escuchado esta frase? Yo siempre. Desde pequeña quedó grabada en mi cabeza como un tatuaje y, desde el primer momento hasta hoy, ha sido básicamente y en pocas palabras lo que he intentado hacer siempre.

Supe que quería estudiar comunicación cuando me di cuenta que todas las expresiones, incluso las que no son habladas, cuentan un mensaje y podemos no solo controlarlo sino identificarlo, moldearlo y darle el todo y forma que queramos. La publicidad es el camino más difícil de la comunicación ya que tienes que descifrar un mensaje nunca dicho y ponerlo encima de una palestra: si fallas le estarás gritando a asientos vacíos, si lo logras todo un estadio vitoreará tu nombre. Aunque la publicidad suena como el camino perfecto a seguir por una persona como yo, la cual tanto el renombre como el autoconocimiento son bastante importantes, sentía que necesitaba un rush de adrenalina que me impulse a hacer y dar más, de esas emociones que o te botan al suelo o te elevan al cielo, pero ¿qué era?

En la búsqueda por lo que quería alcanzar me topé con varios obstáculos, distintas dificultades y muros que, siendo sincera, no se me hacían difíciles derrumbar. Sentía que crear campañas no era lo mío, la industria, por más potente que sea, no me llamaba a mí. Hace un año comencé a trabajar como redactora en el área de Marketing en el mayor diario nacional de mi país y, con muchísima seguridad, puedo decir que me cambió la vida.

El cargo tenía muchas responsabilidades, todas vinculadas con presentar ideas para clientes, crear pauta, manejar estrategias de medios… en general, cosas que conocía muy bien. Sin embargo, a la primera semana de entrar me pusieron a prueba: Realizar un evento. ¡Qué difícil! No voy a poder, jamás lo he hecho, ¿cómo esperan que lo logre?”, son tan sólo algunas de las miles de interrogantes, supuestos y derroches de estrés que se armaron en mi cabeza. Decidí tomarlo como venía, cual shot de tequila: fuerte, sin limón y de un solo golpe. Y así fue, me dejé llevar por la corriente; hacía lo que tenía que hacer, proponía, sacaba conceptos, corregía y volvía a hacer. Mi equipo y yo estábamos listos para lograrlo todo. El evento fue el mejor de entre todas sus ediciones hasta la fecha; desde el catering hasta la presentación de los anunciantes, la comunicación, ponentes, talleres asistentes, ¡todo fue increíble! Ese rush de adrenalina no lo había sentido nunca, sobre todo porque manejé un evento para 400 personas y resultó ser increíble.

¿Qué quiero decir con esta historia? Aún estoy lejos de ser esa relacionista pública que sé que voy a llegar a ser, pero mantengo en mi frente bien pegada la frase que les mencioné al inicio porque ese debe ser el horizonte de toda persona que trabaja en el área de la creatividad. Disfrutar de lo que hacemos no es un plus al trabajo: ES EL TRABAJO. Si no lo amas, no es lo mismo: le falta ese picante que solo tú le puedes dar. No trabajes para vivir, vive para trabajar y gózalo.

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