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“Case”, la siniestra serie islandesa

Entre las series que en estos días ofrece Netflix como novedad se encuentra una serie islandesa titulada Case, perteneciente al género de las series de crímenes y asesinatos que tan bien les salen hoy a los autores de países nórdicos. Aunque la serie no es de reciente producción, se estrenó en 2015 y es un spin off de otra exitosa serie islandesa llamada Réttur que en español significa “La Corte”.

 

La historia que en un principio se limita a una simple investigación policíaca cuando una adolescente bailarina aparece colgada de una viga en un teatro islandés, lo que lleva a los investigadores a deducir rápidamente la chica con una vida normal y en cierta forma alegre se suicidó. La única que no parece convencida del todo con la solución simplista es la inspectora de policía Gabriela (Steinunn Olina Thorsdeindóttir) quien insiste en investigar más. Sin saber bien a bien por qué tiene un mal presentimiento acerca de la muerte de la joven. Pronto averigua que se trata de una joven que es hija adoptiva. Sus padres biológicos un par de drogadictos que fueron vetados de ver a su hija por sus adicciones, pero se les permitió mantener a la hija mayor, sufren la pérdida de la joven a la que no han visto en años de la misma forma que los padres adoptivos quienes educaron a la joven, o al menos eso parece. La hija mayor Hanna (Birna Run Eiriksdóttir) es también adicta, pero además es victima de otros problemas aun más graves.

Esta también un oscuro personaje Logi (Magnús Jónsson), un ex abogado, alcohólico y dispuesto hacer investigaciones ilegales para ayudar a la ley que se cumpla. Su pareja sentimental y en negocios una hacker de nombre Ilmur (Elma Stefania Áugústdóttir) quien sospecha que Logi le es infiel en especial con su antiguo amor Brynhildur (Jóhanna Vigdís Arnadóttir) una abogada de causas familiares que trabaja en un importante bufete que dirige Benedikt (Arnar Jónsson), un poderoso y prestigioso litigante de edad.

Además de haber también un proxeneta, un ambicioso maestro de ballet que obliga a las estudiantes a tomar sustancias prohibidas y analgésicos, mafiosos y el compañero policía de Gabriela, ingredientes que ayudan al ir y venir de la trama mostrándonos la complejidad del escenario donde se desarrolla la historia y lo complejo de los involucrados y de la historia en sí.

La serie como nos han acostumbrado los productores y escritores escandinavos tiene una serie de giros de tuerca que nos llevan del presunto suicidio de una adolescente al más lucrativo de los negocios del crimen organizado en la actualidad; la trata de personas. De cómo se tejen redes entre los diferentes personajes de la serie, vidas que se entrecruzan, que ocultan subrepticias relaciones entre los personajes más opuestos. En una clásica trama de poder y corrupción, los depredadores de la serie se esconden y se encuentran camuflajeados en sectores que acercan al victimario con su presa.

Case es una serie oscura, siniestra, que muestra desde los pequeños criminales hasta las grandes víctimas de un negocio que se aprovecha y alimenta de adolescentes volviéndolas adictas y objetos de las peores y más perversas vejaciones. La incapacidad policial, que lleva a particulares sin experiencia a intentar resolver los problemas de una sociedad llena de personas decadentes que se sirven de criminales para llevar a cabo sus turbios deseos y fantasías sexuales, con consecuencias terribles para los involucrados y sus círculos cercanos.

Pero también nos muestra esa otra cara de la corrupción que surge del desinterés oficial por investigar los crímenes a fondo, la incapacidad y la desidia de las instancias del Estado por mejorar a la altura que están muchos de los criminales para poder enfrentarlos, la mediocridad imperante en la fuerza del orden que siempre se ve rebasada por los criminales.

A diferencia de otras series, la moraleja de Case parece ser que la única esperanza de la sociedad se encuentra en personajes marginales o en aquellos que empatizan con las víctimas, porque no es el profesionalismo, ni la capacidad, ni la buena voluntad a lo que se puede apelar para frenar a los criminales. ¿Cuándo la exhortación a la competencia y la intensión de comprender a los más jóvenes se convierte en una forma de presión que los invita a alienarse y huir de los mayores para caer en las peores manos? es también otro de los planteamientos que se hace en Case, ¿Cuándo el vengarnos de otros que no han herido acarrea las peores consecuencias para terceros?

La serie estruja el alma y no se trata de personajes principales que nos conmuevan como sucede en el caso de Bron / Broen, no en esta serie se trata de un asunto de sociedad al borde de la indiferencia y de la insensibilidad. La falsa sonrisa y el poco involucramiento de la jefa de policía que urge a cerrar el caso, es la misma con la que felicita a Gabriela por, a pesar de desobedecer sus órdenes, descubrir un crimen más allá de lo que parecía un simple suicidio. La misma vida de Gabriela y la forma en que es vista por su compañero y por los demás miembros de la policía nos revela que todos los pequeños secretos que las personas guardan sirven para alimentar chismes y fantasías de los demás. Esa falta de interés o capacidad de entender al otro sin meterlo en las casillas en las que forman nuestra propia de visión de la vida, eso que le sucede a Gabriela cuando es invitada por su compañero a cenar a casa obligado por su esposa, para de la manera más cordialmente irrespetuosa ver invadida su privacidad, otro de esos crímenes de la sociedad moderna.

Muy bien escrita y dirigida, Case no necesita de estruendo, ni de amarillismo o exceso de escenas estridentes, en la mejor tradición de la narrativa europea de cine y tele, son los largos respiros, los breves guiños, los gestos y los silencios los que matizan de la mejor, o peor manera la historia y lo que le da fuerza. Case es mucho más que una serie de crímenes abyectos, es un estudio de una sociedad que no se entiende a sí misma.

Case es una serie que vale la pena verse y es sin duda una de las series más perturbadoras que hay, pues no plantea situaciones extraordinarias, solamente es la parte más sórdidamente siniestra y real de la cotidianidad de la sociedad contemporánea.

 

Armando Enríquez Vázquez

Productor de televisión, escritor desde hace más de veinticinco años, columnista en diferentes publicaciones virtuales e impresas. Oriundo y transeúnte de una de las ciudades más pobladas del mundo de la que estoy orgulloso. Mis encuentros y desencuentros con la publicidad se han hecho muchas veces desde el terreno del receptor del mensaje y no del emisor. Me ocupan entre otras cosas el futuro de los medios, el abuso de la palabra creatividad y el desarrollo de contenidos atractivos en diferentes medios.
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