Periodismo

Fanatismo, paranoia y teorías conspirativas: La muerte de Martha Erika Alonso Hidalgo

Los hechos trágicos que ocurren en el mundo casi siempre sacan a relucir el morbo que habita dentro de nuestro ser. Siempre que ocurre un hecho lamentable como estos, recurrimos rápidamente a investigar por nuestros propios medios lo que está ocurriendo, pues hemos desarrollado la increíble habilidad de buscar el trasfondo de casi cualquier situación ¿en dónde más? En redes sociales, por supuesto.

Tenemos la firme convicción de que lo que los medios dicen no es la realidad absoluta y eso nos conduce a buscar nuevas versiones que vayan acorde a lo que nosotros queremos creer, pues si lo que todo el mundo dice no va de acuerdo con nuestra forma de ver al mundo, inevitablemente vamos a buscar que las cosas se acomoden a nuestra percepción.

Casos de estos tenemos una infinidad, los tenemos desde tragedias sociales como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa (quizás la tragedia social más grande en México después de la represión del 68) hasta la muerte de figuras públicas, por ejemplo la muerte y supuesta resurrección de Juan Gabriel (sí, a ese nivel hemos llegado).

Nuestro morbo se alimenta de los reflectores, mientras más mediatizada se vuelva la tragedia más necesitamos saber que está pasando, necesitamos más conclusiones descabelladas que pongan en juego el sentido crítico de cualquiera.  Nos volvemos bestias hambrientas de noticias y caemos en la trampa de creer lo que nos venga en gana para alimentar nuestros peores, increíbles y absurdos argumentos para seguir en el trending topic de la paranoia.

Es en estos casos donde vale la pena analizar en dónde estamos parados como sociedad y para muestra un botón: el reciente accidente aéreo de la (hoy) ex gobernadora de Puebla Martha Erika Alonso Hidalgo.

El 24 de diciembre pasado Puebla y el país se cimbraba con las especulaciones sobre un accidente aéreo ocurrido en la angelópolis donde se presumía viajaba el ex gobernador de Puebla y actual senador Rafael Moreno Valle en compañía de su esposa: la actual gobernadora Martha Erika Alonso Hidalgo.

Había versiones que aseguraban aún no se confirmaba su presencia en el accidente y otros más daban por hecho la muerte de los dos principales actores políticos  de Puebla.

El actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador a las 14:33 de la tarde, publicaba un tweet explicando el accidente y adelantando que la presencia de los Moreno Valle aún no se confirmaba.

Las horas pasaron, la información siguió circulando con incertidumbre hasta que a las 17:42 del mismo día, el propio presidente mandaba sus condolencias a los familiares de los actores políticos poblanos.

Como era de esperarse, el país y la escena política comenzaron a hacerse presentes con condolencias y mensajes sobre el trágico hecho. Por supuesto, el morbo y la necesidad de alimentar los bajos instintos de algunos comenzaron a buscar versiones “más creíbles”.

Y es que, en México cuando estas cosas suceden casi siempre parecen ser sacadas de una película (de bajísimo presupuesto), tan sólo revisemos el contexto que vuelve aún más dramática y nostálgica la ya trágica noticia.

  • El accidente ocurre el 24 de diciembre, a unas horas de noche buena. Una fecha donde se supone la unión familiar y la paz deben prevalecer. El último tweet de la gobernadora fue su mensaje navideño y por si fuera poco, su muerte se da a 15 días de haber tomado posesión de la gubernatura luego de dos procesos de elección empañados de polémica y corrupción por donde se le viera.
  • Rápidamente el villano natural de esta historia es Miguel Barbosa, contendiente y nuevamente perdedor de la elección a gobernador, mismo al que los motes de “asesino” no pararon de etiquetarlo en la víspera de navidad. Aquí comenzaron las teorías conspirativas de lo que en realidad sucedió.
  • La primera y más “lógica” para ojos de muchos es que el accidente no fue más que un atentado por parte de Morena ordenado por el presidente Andrés Manuel López Obrador para vengar la derrota de Barbosa en Puebla.

Bien, de todo lo que se ha dicho y especulado quizás ésta última es la versión más aceptada y común. Tomando en cuenta el dramático contexto es inevitable pensar que un atentado por la gubernatura de Puebla no fuera algo alocado, pues vivimos en México, el país donde pasa todo y a la vez no pasa nada ¿recuerdan el caso Colosio? ¿La matanza en Tlatelolco? ¿El avionazo de Blake Mora? ¿Alguien recuerda a Juan Camilo Mouriño? De estos casos no hay una sola respuesta, solo teorías sin culpables ni fundamentos.

Lo peor ni siquiera es que Vicente Fox haya asegurado que lo ocurrido con los Moreno Valle no fue un accidente, sino que de esta postura salieran a flote teorías como que el avión iba cargado de explosivos previo al abordaje del matrimonio poblano.

  • Pero la que más me sorprendió y me dejó claro que la creatividad de nuestra gente es única fue la teoría que aseguraba que los Moreno Valle fingieron su muerte y huyeron en otro avión a Dubai para evitar una auditoría por la deuda ocasionada en el tiempo de mandato del ahora ex senador. (Magallán, 2018).

Entre que es una cosa u otra, así como el hambre de morbo se asomó en cada uno de los que se involucraban en este caso, también relució la moral intachable de muchísimos que se indignaban de los que vilmente se burlaban de la tragedia. Muchas voces se unían para canonizar en redes sociales al matrimonio Panista, recordando sólo las valiosas personas que eran olvidando por completo los atropellos, actos de corrupción, impunidad y otras tantas joyitas más que nos regaló esta hermosa e intachable pareja.

Lo decía Rafael Loret de Mola  en una vídeo opinión muy bien, cuando muere un narcotraficante no se exaltan sus virtudes, rápidamente recordamos sus crímenes y el daño ocasionado a la sociedad. Pablo Escobar detonó un avión de Avianca, puso una bomba en las instalaciones del periódico “El Espectador” y también reconstruyó el barrio de Moravia que hoy por hoy es llamado por sus habitantes “El barrio de Pablo Escobar” (Gallota, 2015).

Lo mismo ocurre con los políticos, como lo dice Loret de Mola “Nadie cree que Rafael Moreno Valle fuera una blanca paloma, ni nadie cree que Martha Erika Alonso se graduó de gobernadora por sus propios méritos y que además llegó al gobierno de manera limpia y legitima” (De Mola, 2018). Sin afán de polarizar ni dividir a la sociedad, este asunto se trata de darle su justa dimensión a cada uno, políticos y narcotraficantes parecieran no ser tan distintos después de todo.

Otro factor clave es el fanatismo. Seguramente en algún punto de tu vida te has encontrado portales que aseguran que Elvis Presley aún vive y que lleva años radicando en Argentina. O que Michael Jackson sigue vivo y que se le ha visto en compañía de su hija Paris. También hay un mundo dentro de Internet que asegura que Avril Lavinge se suicidó en 2003 y que la persona que hoy vemos no es más que una doble.

Hay páginas en Facebook dedicadas a investigar estos mitos, canales de youtube dedicados a develar cualquier mínimo detalle que alimente el morbo y las falsas esperanzas de que estos personajes tengan el fin idílico que sus fans desean.

Definitivamente, estamos ante otro gran caso donde la incertidumbre y las especulaciones buscan respuestas en donde no las hay. Si fue un crimen político (porque tiene todos los tintes para serlo) tendría que ser investigado hasta el último detalle para determinar quién quería eliminar a los Moreno Valle. Si en realidad escaparon para vivir en una isla desierta en opulencia con los millones robados en años de gestión, ojalá alguien los descubra y escriba un libro o haga una película del gran escape que sólo serviría para hundir aún más la imagen dañada de nuestro país.

Y si no se esclarece el caso hablaremos de él, en algunos años, como lo hemos hecho de Colosio, del 68, de Ayotzinapa y un sinfín de casos sin resolver que hoy viven en la memoria colectiva de este país y que aún con los años, trascienden gracias a los secretos a voces, intereses políticos y verdades a medias que se cuentan día a día.

No queda más que esperar que el tiempo dé la respuesta pero lo más importante es que el fanatismo y el morbo no se vuelvan a encontrar en una misma oración porque nos lleva a perder humanidad, nos convierte en bestias hambrientas de sangre y conspiración. Que la paranoia no sea el cimiento de un nuevo futuro y que de una vez por todas hagamos caso a nuestra historia y aprendamos de ella, porque “quién no conoce su historia está condenado a repetirla”.

FUENTES:

 

Juan Carlos Jiménez Fernández

Soy comunicólogo porque futbolistas y músicos ya había muchos.
Amante de los cómics y los videojuegos. Escribo porque creo que es una de las formas más honestas de expresar lo que piensas. Contacto: [email protected]
Sígueme en Twitter en @SoyJC94

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