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“The actual experience exceeds out all expectations…”

Así inicia el video promocional de lo que podría haber sido el mejor y más exclusivo festival de música del mundo.

Cuando escuché por primera vez acerca del Fyre Festival no entendí realmente su verdadero impacto. Si, vi algunos memes y me sorprendió que tantas personas fueran engañadas con un festival falso, pero no me interesé por seguir investigando más sobre esta noticia…hasta ahora.

Netflix acaba de lanzar un nuevo documental donde explica paso a paso cómo fue que un par de “emprendedores” (Billy McFarland y el rapero Ja Rule) intentaron llevar a cabo un exclusivo festival de música en una isla en las Bahamas.

Yates, Cabañas, Modelos, Champagne, una Isla paradisíaca y artistas de talla internacional, ¿qué podría salir mal? Bueno pues la respuesta es: ¡Todo!

Para aquellos que aún no han visto el documental o no tienen ni idea de lo que les estoy hablando déjenme darles un poco de contexto…

Abril 2017, cientos de personas llegan en vuelos privados desde Miami a la isla de Exuma en las Bahamas con la esperanza de encontrarse con lo que sería el mejor festival de sus vidas, una experiencia por la cual han pagado varios miles de dólares. Después de algunas horas de incertidumbre se dan cuenta que sus maletas no han llegado y que están varados en medio de la nada.  Pasado un rato son llevados a lo que debería ser una “Villa” con alojamiento digno de un hotel 5 estrellas y lo que encuentran es diametralmente opuesto. Un sitio a medio construir con tiendas de acampar improvisadas y colchones húmedos debido a las fuertes lluvias del día anterior. Lo que sucede a continuación es una mezcla de Los Juegos del Hambre y El Señor de las Moscas pero con “influencers” y chicos ricos peleando por un sándwich y un colchón donde dormir.

Este festival fue concebido como una activación de relaciones públicas para lanzar al mercado una aplicación con el mismo nombre, la cual consistía básicamente en un sistema para hacer reservaciones de artistas en fiestas privadas. Hasta aquí todo bien.

La estrategia para dar a conocer el festival fue una fuerte campaña en redes sociales (principalmente Instagram). Influencers y modelos de la talla de Emily Ratajkowski, Bella Hadid y Kendall Jenner publicaron posts donde promocionaron (sin mencionarlo) dicho “festival”. Solo Kendall Jenner recibió $250,000 dólares por la foto que publicó. Como podrás imaginarte la estrategia dio resultados, las personas iniciaron a comprar sus boletos.

Los organizadores invirtieron literalmente millones de dólares en la producción de los videos promocionales y la distribución de los mismos. Ellos sabían muy bien que hoy en día no compramos un producto, compramos una idea, un estilo de vida, una experiencia.

Vivimos en una sociedad que demanda individualidad y al mismo tiempo anhela ser parte de una comunidad, pero no de una comunidad diversa sino de una comunidad de personas similares. Rechazamos lo distinto pero al mismo tiempo buscamos originalidad. Es en esta paradoja que el Fyre Festival encuentra su ironía más grande.

Un grupo de jóvenes de un cierto nivel económico han comprado sus boletos y esperan con ellos poder ser parte de este grupo selecto de influencers y modelos a quienes admiran y “siguen” en sus redes sociales y de los cuales se sienten casi cercanos a pesar de nunca haberlos visto o conocido en la vida real. El Fyre Festival daba la oportunidad a “cualquiera” que tuviera unos cuantos miles de dólares de tener acceso a este Olimpo donde viven los dioses de Instagram.

Una de las cosas más interesantes de todo este escándalo / fraude es la “aparente facilidad” que tienen algunas personas para “engañar / influir” en las decisiones de otros, y la escalofriante necesidad que tienen estos “seguidores” de ser parte de una “comunidad” aunque sea por un fin de semana y a pesar de que signifique pagar excesivas cantidades de dinero por vivir una “experiencia única”.

No los culpo. Las redes sociales juegan un papel importante en nuestras vidas, miramos nuestro celular cientos de veces al día, es nuestra forma de mantener contacto con nuestros amigos, familia y pareja. El problema inicia cuando nos alejamos de la realidad y empezamos a intentar aparentar una vida perfecta, porque en instagram no existen los malos ratos, nadie sube una foto cuando le va mal, cuando se le poncha una llanta, cuando termina una relación, cuando se quedan sin trabajo.

Este documental personalmente me ha hecho reflexionar sobre la importancia que le estamos dando a las redes sociales y la poca importancia que las redes le dan al ser humano. Para las redes sociales somos solo una audiencia, un grupo de consumidores por los que las marcas pagan millones para vendernos sus productos.

Dicho así, pareciera que estamos viviendo en un mundo negro y gris. Pero no todo está perdido. Las redes sociales también tienen su lado positivo y una de las cosas buenas que dejó la publicación de este documental fue la creación de una campaña en GoFundMe para ayudar a Maryann Rolle, una de las tantas víctimas de esta estafa millonaria.

Maryann Rolle fue la encargada del catering del evento, tuvo que pagar de su bolsillo más de $50,000 dólares para cubrir los gastos de la comida y de su personal. Hoy fue recompensada por su esfuerzo en una campaña que logró reunir más de $170,000 dólares para reembolsar sus gastos y pagar a los demás trabajadores que aún no habían recibido su dinero.

Con esto quiero concluir mi reflexión sobre el documental, pero también sobre el uso que le damos a las redes sociales. Tenemos que abrir bien los ojos y ser conscientes que lo que vemos en redes no es la realidad. Los influencers que seguimos son un producto, un modelo aspiracional que busca crear una comunidad alrededor de su imagen para poder comercializarla y recibir beneficios. No seamos influencers. Seamos personas reales que comparten sus momentos felices y por qué no, también uno que otro malo.

AUTOR

Arturo Bueno

Millennial por (de) generación. Redactor publicitario, especialista en mercadotecnia digital y redes sociales. Escribo lo que pienso para no olvidarlo. Twitter: @arturo_bueno Capturando recuerdos en pixeles. Instagram: @arturobuenophoto

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