Creatividad

Cómo la disciplina me hizo creativo

Son las 2:00 p.m. de un jueves de marzo, desde la recámara se escucha el estruendoso sonido de un minicomponente acompañado de intensos baquetazos a destiempo que golpean una enciclopedia Salvat. Un chavito “ensaya” emulando los tambores de una batería con su banda imaginaria descargando su fuerza en cada palazo sobre la pasta de aquel tomo 4, el más magullado. El padre de ese joven nunca habría pensado que lo que pagó por esos libros terminaría percutido a redobles.

La anterior, es la escena típica de mi adolescencia cada tarde al salir de clases repetida por meses por allá del ‘94. Años atrás, yo había comenzado tocando hoyas y bandejas en el patio de mi casa, pero era demasiado ruidoso para mi madre (y los vecinos), fue por ello que migré a los libros. Después ingresé a la escuela de música y tras varias clases logré dominar el bombo y platillo y años más tarde, incluso formé parte de una banda con gente real.

Pero ¿qué nos hace aprender cosas nuevas? Hablar de términos pedagógicos complejos sería un rollo, así que hablaré desde la experiencia personal que a mí me funcionó: la disciplina.

Cito mi ejemplo porque para mí como para muchos otros, la disciplina es una parte fundamental del aprendizaje, ésta adiestra nuestro compromiso y pavimenta el camino para adquirir nuevas habilidades y alcanzar un talento. De alguna manera, aunque yo aún no lo supiera, por medio de mis clases de batería estaba entrenándome para el mundo creativo.

¿Y qué relación existe entre la disciplina y la creatividad? Aunque la ésta no es sinónimo de dictadura, por lo general está relacionada con aspectos negativos. Se cree que las personas muy disciplinadas son cerradas, obsesivas y que no dan pie a la imaginación. Pero lo anterior atiende al aspecto militarizado de la disciplina y no de los beneficios de la persistencia y el aprendizaje del error.

En días pasados asistí a una charla de Víctor Cabanillas, gran amigo y excelente diseñador e ilustrador. En su plática habló de talento vs necedad y decía que para él, valía más ser necio al hacer algo y desarrollarlo de forma gradual que por lo contrario, sentarse a juzgar si se tiene o no talento para ello. A través del trabajo de Víctor, puedo comprobar que la persistencia sí funciona. Recordemos aquella frase adjudicada a Albert Einstein: “El genio se hace con 1% de talento y 99% de trabajo”.

Nunca he creído en quien dice: “a mí no se me da eso de la cocina” o “yo no soy bueno para cantar”, lo que significa en realidad es que a alguien no le gusta dicha actividad y por ende le cuesta más trabajo incorporarla. Si estamos interesados en algo, será más fácil aprender, incluso la creatividad; ahí entra la motivación.

Para sostener la autodisciplina necesitamos motivación (motivus o ‘causa del movimiento’) y ésta puede definirse como la energía empleada por una persona para satisfacer una necesidad.

La motivación de lograr algo nos hace más diestros cada vez que lo intentamos. La tenacidad con la que ejecutamos nuestro entrenamiento nos llevará a alcanzar ese nivel avanzado que buscamos. ¿Y qué pasa cuando no estamos motivados? Investigando un poco me encontré con un par de términos muy interesantes que me ayudan a sustentar lo anterior acerca de la motivación.

Comportamiento contingente

Las motivaciones no están alineadas con nuestros objetivos y hacemos lo que sabemos que es lo mejor, pero oponiéndose a las motivaciones propias.

Comportamiento virtuoso

Las motivaciones están alineadas con nuestros objetivos y hacemos lo que sabemos que es mejor y lo hacemos con gusto.

Estos comportamientos se encuentran a menudo en nuestros lugares de trabajo. La clave del dominio de la técnica radica en trasladarse del comportamiento contingente al virtuoso a base de adiestramiento y autodisciplina. Es posible aprender a ser más creativos desarrollando nuevos talentos e incrementando nuestra capacidad de resolver problemas de manera original con recursos propios o externos.

Lee, prueba, observa, toca, vive, intenta, crea, cágala, aprende y cree en ti; lo único que podrías perder es el tomo 4 de tu enciclopedia.

 

Will Soto Bastidas

Comunicador Gráfico, creativo y pseudo músico. Nacido en Culiacán, Sinaloa con más de 10 años de carrera como comunicador. He trabajado en diferentes agencias y actualmente soy Director Creativo en Publycom Marcas para cuentas como Coppel, SuKarne, Ford, Lincoln, Pakmail, Zulka, Dportenis, Isla Cortés, Gobierno del Estado, Grupo Panamá entre otros. Amo la playa, beber cerveza y escuchar buenos vinilos. Puedes seguirme en Twitter bajo tu propio riesgo: @wsotobastidas

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