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México, su escena política y sus ¿dignos representantes?

Justo después de la toma de protesta del nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, la expectativa y las dudas crecieron, inconmensurablemente, sobre si la decisión democrática de los mexicanos representaría el verdadero cambio.

Rápidamente nos dimos cuenta que la credibilidad del presidente podría verse comprometida gracias a algunos personajes que ganaron un puesto público cobijados por Morena. Personajes como Sergio Mayer Bretón, Ernesto D´Alessio, Pedro Carrizales “El Mijis” y Nayeli Salvatori fueron los primeros en colocarse bajo la lupa de la sociedad mexicana.

Una característica en común unía a estos personajes, su pasado. En el caso de Mayer y D´Alessio, su paso por la televisión mexicana era el primer punto a analizar para intentar comprender si eran aptos para desempeñar un cargo político en esta nueva administración. Por su parte, “El Mijis”, causó polémica gracias a su pasado como ex pandillero de San Luis Potosí, su adicción a las drogas y su historial delictivo.

Finalmente, Nayeli Salvatori. Mejor conocida en Puebla por su pasado como locutora en la radio y por haber tenido capítulos escabrosos con el ex gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, sumado a su perfil irreverente y sus diversos escándalos, la ponían al filo de las críticas.

Tanto Mayer como D´Alessio, el Comisionado de Cultura y el Comisionado del Deporte en la cámara de diputados (respectivamente), han vivido penosos capítulos que han terminado por evidenciar su falta de preparación para los cargos que desempeñan.

Mayer Bretón compartiendo enlaces para descargar libros de manera ilegal en Twitter y por proponer la creación de la presea “Emiliano Zapata” al mérito por la lucha social en México, misma iniciativa por la que fue acusado de plagio (Economista, 2019).

Por su parte, D´Alessio confundió la disciplina olímpica Halterofilia con la Heterofilia en su felicitación a Yesica Hernández, por su medalla en los Juegos Olímpicos de la Juventud y también propuso una iniciativa de ley para meter a la cárcel a los “árbitros vendidos” que osen incentivar el amaño de partidos (Excélsior, 2019).

Con este panorama, las cosas no son tan favorables para nuestros nuevos políticos y es que está quedando en evidencia lo que muchos criticaron desde sus campañas al día de hoy: las casi nulas credenciales para formar parte de la política mexicana.

Ahora bien, analicemos a Nayeli Salvatori. La diputada federal que ganó en Puebla su curul en la cámara de diputados.

Salvatori antes de ser diputada federal, era una locutora de radio muy cercana y con bastante popularidad en Puebla. Su programa #TaCarbón logró captar muchísima audiencia entre los jóvenes poblanos. Su estilo irreverente y su humor relajado la convirtió en casi un referente en la radio local.

Desde mi punto de vista, al ser una figura pública que de a poco pasó a ser una líder de opinión (guste o no), la popularidad de Salvatori terminó por rebasarla, razón por la que evidentemente perdió el piso y equivocó los pasos.

La polémica, de un día para otro, se hizo inherente a Nayeli. Las llamadas telefónicas que incluía en su programa dejaron de tener censura, apelando a la “libre expresión”. Hasta que un día, mediante una supuesta broma telefónica llamó a una mujer que había sido golpeada por su marido y comenzó a hostigarla con demandar a su agresor para meterlo a la cárcel (Proceso, 2015).

Una llamada que supuestamente era privada o eso creía la mujer al teléfono, expuso una situación grave ante la audiencia de Salvatori.

Este escándalo llegó a oídos del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y existieron denuncias en contra de Salvatori por revictimizar a la mujer que sufría violencia doméstica. En un intento desesperado por detener los ataques acarreados por la “broma”, la locutora decidió llamar nuevamente a la mujer que, increíblemente actuó diferente y hasta agradeció el interés de Salvatori por su caso. Evidentemente las voces de la primera llamada y la segunda no se parecían en nada.

Por si fuera poco, Nayeli en ningún momento bajó la guardia y encendió las redes asegurando que volvería a exhibir a la mujer de ser necesario (Proceso, 2015).

Tras su salida de la radio comercial poblana y la posterior fundación de su radiodifusora por internet, Nayeli Salvatori dio un salto inesperado a la política con Morena.

Hoy como diputada federal ha decidido hacer de la polémica y la “irreverencia” su bandera para desempeñarse como diputada.

A mi entender, la postura de Salvatori es un intento de mantenerse vigente entre los jóvenes. Su lenguaje y la forma en que se presenta en sus redes sociales hace pensar que no ha terminado de entender el cargo que hoy desempeña. Atrás quedó la locutora poblana que dominaba las audiencias con una actitud desparpajada y sin censura. Hoy representa a un distrito poblano en la cámara de diputados y aunque asegura que “no traga de los impuestos de la gente y que ella no debe rendirle cuentas a nadie, mas que a los votantes cholultecas que la hicieron diputada” (Mileno, 2019), tiene que aprender que la escena política mexicana no es el #TaCarbón ni es un juego.

En este punto, me gustaría comparar la gestión de Pedro Carrizales “El Mijis” con la de Nayeli Salvatori.

“El Mijis” tiene 39 años y fue candidato a diputado local por el Partido del Trabajo (PT) en coalición con Morena.

Pedro Carrizales, nunca ha negado su pasado delictivo y sigue inmerso en el mundo de las pandillas pues es el mundo para el que trabaja desde hace años con la finalidad de defender los derechos de los jóvenes y el combate a las adicciones (ABC, 2018).

Resulta increíble que un ex pandillero sea diputado local en San Luis Potosí, este hecho hizo que muchos otros pusieran el grito en el cielo. A pesar de la incredulidad, desde que comenzó sus gestiones como diputado local ha hecho notar que su interés por la política potosina es real.

“El Mijis” cree en la igualdad social, lucha por los derechos de los chavos banda así como por los de las mujeres. Hace unos meses se le crítico por solicitar un préstamo de 162 mil pesos cuando al asumir el puesto de diputado local, aseguró no querer saber su sueldo “no quiero ni saber cuánto voy a ganar, soy contratista y me va bien” (El universal, 2019).

En febrero pasado, solicitó otro préstamo de 31 mil 76 pesos y utilizó su cuenta de Twitter para explicar a qué se debía el préstamo de casi 200 mil pesos.

Solicité ese dinero para poder realizar la restauración de la escuela Francisco Villa y para continuar el proyecto de rescate de espacios públicos y mejoramiento de la imagen urbana con el programa de autoempleo para chavos en situación de calle (Vanguardia, 2019).

Entre otras iniciativas, Pedro Carrizales ha buscado acabar con las peleas de gallos y las corridas de toros en San Luis Potosí. Si revisamos su cuenta de Twitter, notamos que es su primer canal comunicación directo con los potosinos. Siempre manteniendo una postura de tratar de escuchar y entender a los chavos (haciendo enfásis especial en aquellos que al igual que “El Mijis”, formaron parte del mundo delictivo).

¿Qué concluimos de esta comparación entre Nayeli Salvatori y Pedro Carrizales “El Mijis”?

De inicio, encontramos a dos personajes con posturas que parecen similares pero en la ejecución es donde se encuentran diferencias abismales. Por un lado, Salvatori intenta con la irreverencia, el escándalo y la agresividad callar a aquellos que no piensan igual que ella.

Sin embargo, se ha mostrado preocupada con el empoderamiento femenino y busca luchar contra la violencia de género.

El problema que encuentro aquí, es muy simple y tiene que ver con la incongruencia. Hace un tiempo, cuando aún era locutora, Salvatori hizo un vídeo conocido como la “Chichi amamantadora” en el que hacía notar su incomodidad respecto a que una mujer amamante a sus hijos en la calle.

Yo estaba en un parque y una señora se sacó su ‘chichi amamantadora’ y me pareció hermosa. El pedo fue que de repente llegó mi esposo y me sentí super incómoda (…) porque yo no quería que mi esposo viera otra ‘chichi’ que no sea la mía (…) Yo sé que sueno retrograda, pero por mucho que esté lactando no deja de ser una ‘chichi’(Informador MX, 2018).

Esto contrasta directamente con el discurso que dio en San Lázaro con motivo del día de la mujer en marzo pasado, donde aseguraba estar “hasta la madre”:

Por un lado, aseguraba sentirse incómoda de que las mujeres amamantaran a sus hijos en lugares públicos y luego asegura estar hasta la madre de que las mujeres se ataquen entre sí.

A pesar de esto, su discurso se siente sincero y hace gala de sus dotes en la locución. El problema ni siquiera es con su forma de ser desprendida y liberal, es más bien, que no está aprovechando esos puntos a su favor. Esto es justamente lo que hace que “El Mijis” se sienta cercano a su gente. Desde el primer día ha dicho a los medios que nunca va a negar su pasado delictivo y que, haber pertenecido a ese mundo es una herramienta que le permite entender a los chavos pandilleros y así, ayudarlos a dejar esa vida de delincuencia.

También, tiene mucho que ver con la reacción ante las críticas de parte de los dos diputados. Por un lado, “El Mijis” difícilmente se engancha en una gresca digital y trata de mantener la calma (entendiendo que como servidor público no le beneficiaría enfrascarse a los insultos con la gente). Por el otro lado, Nay Salvatori se engancha rápidamente a los insultos con sus detractores (tan solo este fin de semana Arne Deus Ruthen y Laisha Wilkins fueron los protagonistas de varios momentos bochornosos) olvidando así la figura que representa como diputada federal y ocasionando que su timeline se inunde en un mar de críticas.

 

Es cierto que la política es un escenario por demás complejo que convierte a sus actores en personajes vulnerables a cualquier cantidad de críticas. Siempre he creído que un político “moderno” tiene que ser cercano a la gente, comenzar por humanizar más la figura del servidor público como un igual a la sociedad (porque al igual que tú y yo, son seres humanos que están desempeñando un puesto laboral).

El problema de esta creencia está en que, en muchos casos se ha desvirtuado este ideal. Salvatori es el vivo ejemplo de no comprender los límites entre el actor político y el ser cotidiano. En un intento porque prevalezca la franqueza se pierden esos límites que terminan por sacar a relucir lo peor de cada persona, dando como resultado viejas prácticas políticas de pedantería que nos siguen alejando de representantes capaces de hacer que este país funcione mejor.

Ha llegado el momento de exigir a nuestros representantes en la cámara de diputados que lo hagan de manera digna, no alejados de quienes los pusieron ahí, sino buscando trabajar mano a mano por un mejor país. Y sobre todo, de hacerlos entender la magnitud de responsabilidad que recae en sus hombros.

Se agradece que “trabajen” por “amor” a este país, pero lamentablemente, las buenas intenciones no mueven al mundo y si nuestros representantes no aprenden a usar ese poder que la sociedad les dio para mejorar a nuestro país y no se preparan para hacer un trabajo digno, me parece que estamos destinados a seguir en la penumbra.

FUENTES:

Juan Carlos Jiménez Fernández

Soy comunicólogo porque futbolistas y músicos ya había muchos.
Amante de los cómics y los videojuegos. Escribo porque creo que es una de las formas más honestas de expresar lo que piensas. Contacto: [email protected]
Sígueme en Twitter en @SoyJC94

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