Arte

Street Art… literario

Es inevitable, al menos para mí, curiosear los títulos que hay en la biblioteca cada vez que visito una casa por primera vez (incluso si a esa casa fui muchas veces). Gracias a dos artistas holandeses, ya no es necesario entrar a la casa para saber qué libros hay en la biblioteca.

Los tipos se llaman, o se hacen llamar, Jan Is De Man y Deef Feed, que ayudaron a los habitantes de Utrecht a convertir sus bibliotecas personales en arte callejero, de paso iniciando conversaciones en sus barrios. Parece que unos amigos de De Man viven en la planta baja de un edificio en la esquina de Mimosastraat and Amsterdam, y el artista originalmente había planeado pintar una enorme “smiley face” (la cara amarilla y redonda que sonríe) para intentar levantar la moral del vecindario. Pero la estructura de tres pisos del edificio le sugirió otra cosa, un poco más literaria.

La obra se llama Boekenkast, o estante de libros, llevó una semana crearla, e incluye títulos en ocho idiomas diferentes. Medio escondidos entre los libros aparecen los nombres de ambos artistas –y también una smiley face. Entre los libros aparecen “Sapiens” de Yuval Noah Harari, “The Subtle Art of Not Giving a Fuck” (título extraordinario si los hay), “Life”, la autobiografía de Keith Richards, “El Curioso Incidente del Perro a Medianoche”, “Orgullo y Prejuicio”, “El Principito”, “El Mundo según Garp”, de John Irving”, y “Jumper”, la novela de ciencia ficción de Steven Gould. Ah, también aparece una colección encuadernada de la revista Playboy.

Así que ya saben: si van a Utrecht, pasen por la biblioteca. Está en la esquina.

(Fuente: Bored Panda)

Roberto Patxot

Trabaja en publicidad desde hace más de 30 años, y no tiene ninguna intención de parar. Gran parte de su carrera la realizó en OgilvyOne, donde llegó a ser Director Creativo Regional. Fue jurado en casi todos los festivales publicitarios; ha dado (y da) charlas en varios países de América Latina. Hoy se desempeña como Director Creativo en Ogilvy Argentina, y escribe sobre aquello que le gusta: publicidad, claro, pero también cine, libros, música y otras cuestiones. Padece de una rara versión del Síndrome de Tourette, que lo lleva a compartir con frecuencia chistes tan faltos de gracia como irritantes.

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