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Chismes en el trabajo: aprende a ponerles freno

Muchas veces nos cruzamos en la vida con personas que parecen tener demasiado tiempo disponible para observar lo que hacemos; y no sólo eso: se especializan en tener una especie de radar que deforma todo, acerca de nosotros y de todos cuantos se le crucen en la vida. Este comportamiento nocivo se expresa también en el ámbito laboral. Las personas chismosas no discriminan: pareja, familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, y hasta personas que nunca han conocido, forman parte de sus opiniones dañinas y ponzoñosas.

  • La dinámica de los chismes

El chismoso tiene una intención clara detrás de cada enunciación o preguntas capciosas que te realizan: quiere apoderarse de un poquito de ti; al menos de tu atención. Además, no dudan en conformar opiniones generalmente extremadamente crueles, a partir de esos elementos sueltos y al pasar, y comentárselas a terceros: así se nutre su lengua viperina. Los chismes viajan a la velocidad del sonido; y un pequeño comentario dicho al pasar y circunstancialmente, puede transformarse en un tornado. La saña y mala espina es lo que atraviesa ese mensaje que busca manchar, porque ningún chisme es inocuo.

Otro condimento de los chismosos es la exageración. Como si fuese una bola de nieve, siempre le agregan algún detalle adicional, para agigantar su percepción sobre las cosas. Lo que el chismoso no acepta es su ruindad y mezquindad; es tan pobre su vida interior y su realidad personal, que necesita proyectar hacia afuera, en otros, como si dirigiese una película donde actúa otro. Pero jamás te dará la razón si lo confrontas: se ofenderán, y, por supuesto, propinarán su asestada y más filosa daga: un chisme de proporciones mayores.

Por si no te diste cuenta, el chisme no existe sin al menos otra persona dispuesta a escuchar y seguir la cadena.

  • Cómo frenar los chismes
  1. Evalúa si eres chismoso. Con una mano en el corazón, si en las últimas 24 horas te has interesado por, digamos, 3 asuntos que no son tuyos ni te involucran, y has prestado oídos y tal vez opinión sobre los mismos, quizás estés en el borde de ser un chismoso. Y si te pasas gran parte del día en el famoso “lleva y trae”, ya sabes la respuesta.
  2. Otra forma de medir si estás en el chisme, es reflexionar internamente si de alguna forma estás eludiendo tu responsabilidad personal sobre los problemas. Y para hacerlo, apuntas con tu dedo acusador a todo aquel que osa recordarte tu condición de ser humano responsable para asumir tus cosas, y no pasárselos a otro. Este es el caso de aquellos que viven justificándose todo el tiempo por tareas que asumen y no cumplen. Y cuando se les pone un “no” o un límite por delante, no dudan en acudir al chisme para ensuciarte.
  3. Practica la escucha activa con el chismoso: una vez que lo hagas, habrás descubierto tu treta; y entonces, podrás preguntarle sin rodeos: “¿Es esto útil para mí?”, ”¿”me sirve de algo”?, ¿”es constructivo en este entorno -familia, poblado, trabajo, amigos?”; algo así como los tres filtros de Sócrates, que aplicaba la verdad, la bondad y la utilidad. Cuando le venían con un cuento, el filósofo afirmaba: Si lo que vienes a decirme no sabes si es cierto, no es bueno y no me es útil ¿Para qué decírmelo?”.
  4. No reproduzcas chismes. Olvídalo ni bien te lo dicen. Suéltalo y no te hagas cargo. Es lo peor que le puedes hacer a un chismoso. Mira fijamente sus ojos, no pronuncies palabra; y verás cómo va mermando la excitación del chismoso porque no le das la emocionalidad que el otro había esperado.
  5. Chequea información relevante. Si, por ejemplo, hay datos muy precisos que pudiesen servir de base para indagar con las personas apropiadas en pos de construir un resultado mejor, hazlo. Pero no reproduzcas la emocionalidad e intencionalidad negativa del chisme. Se trata de desactivarlo, o, en caso contrario, utilizarlo para evolucionar hacia una solución de los problemas.
  6. Evita compartir temas personales o laborales delicados con personas chismosas. Seguro que tú ya sabes quienes son; así que es preferible guardar silencio, y rodearte sólo de los que te apoyan.
  7. Si el chisme produce un gran problema en el trabajo: lo mejor es desactivarlo, confrontando a las personas involucradas. Una charla franca, honesta y sin rodeos por el superior que pueda tomar ese rol de mediador y facilitador, bastará por lo general para derribar las barreras.
  8. Frases cortas para desarmar al chismoso. “Esto no te compete”, “Es extraño que una persona inteligente como tú se dedique a hablar de esa forma de compañeros de trabajo”, “Creo que esto que comentas habla peor de ti que de los demás”, serían algunas de estas formas.

Hay una diferencia entre chismes y rumores; sin embargo, en ambos casos, con el efecto bola de nieve, se agigantan y tienden a estropearlo todo. Es mejor, siempre, pararlos a tiempo; tomarlos uno por uno; y pasarlos por el tamiz de la razón (no del corazón en estos casos), y cerrar ese círculo abierto tan poco virtuoso: el del chismoso y sus enormes ansias de ganar protagonismo… aunque sea diciendo cosas que no son ciertas, y lastimando a los demás.

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