Literatura

“Lolita”: De la sexualización exagerada a la victimización de una niña

Hace unos días en Facebook, me apareció una publicación que recopilaba algunas fotos de Dominique Swain de la época en que protagonizó la película “Lolita” de 1997. La publicación fue compartida por una amiga acompañada de la pregunta “¿Todavía paso como Lolita?”.

De esta publicación me llamaron la atención dos cosas, la primera que se comparara con un concepto como el de Lolita que tiene un trasfondo extremadamente denso, y la segunda, el evidente desconocimiento e ignorancia sobre la historia de Vladimir Nabokov.

Vladimir Nabokov, publicó por primera vez “Lolita” en 1955 y causó un escándalo extremo por la simple y sencilla temática de la historia: Un hombre de mediana edad (cercano a los 40 años) desarrolla una obsesión sexual por una niña de 12 años.

Es muy claro el porqué esta novela sufrió de censura y fue prohibida en varios países del mundo. La pedofilia expresada y que explica Nabokov en su novela cuenta con el punto de vista de Humbert Humbert (el hombre de mediana edad que protagoniza la historia).

Humbert Humbert explica su “obsesión” por las niñas menores llamándolas “Nínfulas” (un rango de edad de entre 9 y 14 años) que en la mayoría de los casos aún no alcanzan una edad de consentimiento sexual pero que ya son deseadas por los hombres.

El protagonista, por supuesto no ve nada malo en su fijación con las niñas, incluso romantiza al respecto y asegura que son las mismas niñas quienes tienen actitudes seductoras con él.

Así es como se empieza a conformar la historia del amor secreto de Humbert Humbert por Dolores Haze, la hija de su nueva casera, Charlotte Haze.

A lo largo de la novela, la obsesión de Humbert por Lolita decanta en la muerte de Charlotte, dejándole el camino libre para “amar” a su entonces hijastra sin tapujos.

La novela, además, cuenta con muchos episodios de violencia y perversión sexual, lo que hace todavía más oscura y densa la historia con un final sumamente amargo.

Debido a esto, la novela de Vladimir Nabokov es considerada un clásico del siglo XX por explorar de una manera tan franca, y por momentos cínica, a la pedofilia; misma que es revestida de un romanticismo que pone en riesgo la moral del lector y que, de alguna manera, puede llevarlo a perderse a comprender la historia de una forma no tan clara como la plantea el autor.

Sue Lyon

 

Un libro prohibido y censurado en tantos países siempre es una tentación para ser adaptado a la pantalla grande, y Lolita no es la excepción. El primero en darle vida a esta historia en la gran pantalla fue Stanley Kubrick quién trajo a la vida a la primer “Lolita” real encarnada por Sue Lyon.

En este filme, Nabokov se involucró sobre todo en la escritura del guión y catapultó a Lyon a convertirse en el sueño materializado para los pedófilos, mismo papel que la llevó al olvido absoluto por las repercusiones de una violenta y repentina fama a los 14 años.

 

35 años después, en 1997 Dominique Swain se atrevió a encarnar a “Lolita” en la nueva versión de la película protagonizada por Jeremy Irons y dirigida por Adrian Lyne.

Esta película llevó a que Swain fuera considerada la “nueva Natalie Portman” (aún con la “vieja” Natalie Portman dando sus primeros grandes pasos en la industria cinematográfica. Era increíble pensar que ya existiera  su sucesora).

Si bien, la calidad de este filme es mejor que la primera adaptación de Kubrick, fue la pobre taquilla generada y su rápida exhibición en televisión la que hizo de esta película una más, pero dejando ante los ojos de miles de personas una nueva encarnación del sueño de un pervertido ahora en Dominique Swain.

Las dos adaptaciones cinematográficas cuentan casi la misma historia, las dos respetan muchísimos detalles de la novela original de Nabokov. Aunque se permitieron algunos cambios en pro de la narración en la gran pantalla.

También, es necesario decir que cinematográficamente hablando, ninguna de las dos representa un hito a la industria ni son memorables para la crítica, en pocas palabras, si no hubieran existido la industria seguiría exactamente igual que hoy.

Pero, lo que pocos se atrevieron a señalar, fue que tanto Kubrick como Lyne sí lograron sumarle algo más a “Lolita”, la sexualización de una niña.

Materializar en una persona real una obsesión sexual de un pervertido ha sido quizás, el daño más grande que le pudo pasar a la “Lolita” de Nabokov. Más arriba mencionaba que la novela bien puede llevar al lector por un camino diferente a lo que plantea el autor y es justamente a esto a lo que me refiero. Si leemos “Lolita” entendiéndola bajo la percepción del “hombre enamorado” Humbert Humbert, fácilmente podemos caer en una lectura erótica que idealiza a una mujer perfecta en el cuerpo de una niña de 12 años.

Por otro lado y siguiendo desde esta misma óptica, resulta sencillo olvidar que Dolores Haze es apenas una niña que es víctima de la sexualización enferma de un tipo que gusta de las niñas menores, es víctima de la perversión de un casi cuarentón que la idealiza como una mujer con apetito sexual.

En 1975, cuestionado por los escándalos derivados de su libro y la primera adaptación al cine, Vladimir Nabokov respondió lo siguiente:

Lolita no es una niña perversa. Es una pobre niña que corrompen (…) Y es muy interesante plantearse, cómo hacen ustedes los periodistas, el problema de la tonta degradación que el personaje de la nínfula que yo inventé en 1955 ha sufrido entre el gran público. No solo la perversidad de la pobre criatura fue grotescamente exagerada, sino el aspecto físico, la edad, todo fue modificado por ilustraciones en publicaciones extranjeras (…). Representan a una joven de contornos opulentos, como se decía antes, con melena rubia, imaginada por idiotas que jamás leyeron el libro.

(El País, 2018).

Fue el propio autor quien dejó muy en claro que la historia que escribió es contada desde los ojos de un pervertido que idealiza y posteriormente victimiza a una niña de 12 años. ¿Se puede dudar de la palabra de Nabokov? Por supuesto que sí.

Cualquier persona que crea arte puede inventarse discursos que le funcionen para su imagen pública o para lavarse las manos cuando las cosas no andan bien. En este caso, Nabokov utiliza sus declaraciones justamente para eso, deslindarse de la mala comprensión y del poco ojo crítico que los lectores tenían (y siguen teniendo) sobre su novela.

Sergio del Molino debatió con Laura Freixas en las instalaciones del diario El País, sobre si “Lolita” era una obra que hace apología de la pederastia. Fue el propio del Molino quien defendió a Nabokov diciendo que “ningún autor es responsable de la interpretación que se hace de sus obras. Los mitos se construyen por circunstancias ajenas al autor” (El País, 2018). En gran medida, del Molino tiene razón, pues el arte es percepción y comprensión de ideas.

Pasa con las pinturas, con la escultura, con el propio cine y hasta con la literatura. El arte debe ser visto bajo el ojo crítico que busca entender lo que quiere decir el autor de dicha obra y eso es, justamente de lo que ha carecido “Lolita” durante todos estos años.

De esta percepción es de donde surge el concepto de una “Lolita” vista como una aprendiz a mujer fatal, seductora, de cuerpo perfecto, interesada, devora hombres y con altísima tensión sexual; algo que sí ocurre dentro de la novela pero que NUNCA es un mandamiento el entender desde esa mirada tan oscura a Dolores Haze.

Tan solo basta con hacer un breve repaso por las portadas que ha tenido la novela a través de los años y países. Éstas van desde la sexualización absoluta de una mujer hasta la icónica imagen promocional de Sue Lyon con esos anteojos de sol en forma de corazón, con una paleta entre los labios visiblemente pintados de rojo.

Todas, absolutamente todas las portadas del libro hacían de “Lolita” una referencia erótica y sexual, al puro estilo de una novela pornográfica.

La editorial Anagrama fue una de las tantas editoriales que contó con la imagen de Sue Lyon como portada. Pero hace algún tiempo, una nueva reedición de esta editorial cambió por completo la portada de la novela.

Esta vez, decidió eliminar por completo la imagen sexualizada de una niña y optó por una ilustración de la coreana Henn Kim para darle una nueva interpretación a esta historia.

En esta nueva portada, vemos la figura de una niña semi desnuda, en cuclillas tomándose por la cabeza y que es atravesada por la espalda hasta el pecho con una pieza que recuerda a las antiguas muñecas de cuerda.

Esta nueva reinterpretación se acerca más a la historia de una niña que es víctima de la manipulación de un pervertido sexual para satisfacer sus necesidades sin importarle, en absoluto, el arrebatarle la inocencia a una niña.

Como bien lo menciona Rebecca Solnit en su ensayo “Men explain Lolita to me” “Lolita pertenece a una categoría de víctimas que no pueden defenderse ni tienen oportunidad de contar su propia historia. Así se convierte en una doble víctima: no solo en la vida, sino en la historia que le es arrebatada” (Plumas atómicas, 2018).

Tal parece que la realidad que vivimos hoy en día ha traído un poquito de justicia a lo que Nabokov siempre sugirió con su novela, que las portadas de las diversas ediciones de su libro fueran más mesuradas y alejadas a de la percepción sexual de “Lolita”; algo que definitivamente suma para por fin entender que la historia que cuenta Vladimir Nabokov es una ficción mucho más cercana a la realidad de una sociedad que aún catalogaba como “Tabú” el sentir atracción por niñas menores de 14 años (El País, 2018) a la que exhibió con una historia desgarradora de la que muy pocos, se atrevieron a conocer el verdadero trasfondo.

Hoy con una nueva imagen y con diversos debates alrededor de esta obra, espero que la próxima vez que pase por tu mente referirte a una mujer “sexy” o “Sexualmente atractitva” como “Lolita” recuerdes que Lolita es más bien la representación de una niña víctima de los más bajos deseos de un hombre.

El famoso dicho “no juzgues a un libro por su portada” hoy ha tomado un nuevo nivel de importancia y vaya que tiene muchísima sabiduría en sus palabras.

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