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El espacio exterior tampoco está a salvo de la publicidad

Yo tenía un jefe que solía narrar esta anécdota: él tenía a Pepsi como cliente y le vendió la idea de colocar un aviso en la luna. El cliente aceptó (sospecho que más para divertirse un rato que porque pensara que la idea era factible) y mi jefe se puso a averiguar las posibilidades; llegó a comunicarse con la NASA pese a su absoluta incomprensión del idioma inglés. La respuesta a su solicitud fue negativa, y yo no puedo dejar de pensar en la cara del tipo de la NASA que atendió su llamado. Mi entonces jefe estaba, en verdad, adelantado a su tiempo: según parece, esa idea sería posible hoy o, para ser más preciso, en 2021.

La compañía rusa StartRocket anunció que está trabajando en el lanzamiento de avisos satelitales que se podrán ver en el cielo nocturno. Según la empresa, su primer cliente es… sí, PepsiCo. La gente de Pepsi confirmó su asociación con StartRocket en un “test exploratorio” para publicitar una bebida energética, pero que no tenían planes de avanzar con publicidad espacial. No se sabe si StartRocket tiene más clientes esperando el satélite. En el website de la empresa se puede ver una simulación en la que los anuncios aparecen en el cielo detrás del Golden Gate, la Torre Eiffel, el Puente de Londres y hasta un iceberg en el Ártico. En teoría, los avisos serán proyectados por una constelación de satélites orbitando a unos 450 kilómetros sobre la Tierra, cada uno de ellos equipado con velas Mylar que reflejan la luz.

Desde que se lanzó el primero, el Sputnik 1, en 1957, los satélites son parte de la vida humana. Nos permiten llamar por teléfono, conocer el clima, mapear nuestra ubicación, etc. Era evidente que la industria y el entretenimiento no iban a tardar en aprovecharlos, y no solo con publicidad sino también de estas maneras, algunas por demás curiosas:

  • ALE es un startup japonés creador del proyecto Sky Canvas. Se trata de lanzar una serie de satélites que pueden producir estrellas fugaces a pedido. Su sitio habla de “todo un nuevo nivel en entretenimiento”, y su primer show tendrá lugar sobre Hiroshima (nada menos) en 2020.
  • La empresa estadounidense Elysium Space también quiere producir estrellas fugaces pero con otro propósito: el show estará basado en las cenizas de nuestros seres queridos (!). La compañía lanza un satélite lleno de restos cremados, y este orbita la Tierra durante unos dos años; los familiares y amigos de la persona fallecida y cremada pueden trackear la órbita mediante una app. Cuando el satélite cae de su órbita y se quema en la atmósfera, aparece la estrella fugaz. Elysium Space también ofrece la opción de hacer caer los restos en la luna. Lo extraño es que la estrella fugaz no será necesariamente vista por los familiares y amigos: puede aparecer del otro lado del planeta, o de día.
  • Hay una empresa china que no pierde el tiempo con estrellas fugaces. Se llama Chengdu Aerospace Science and Technology Microelectronics System Research Institute Co. y quieren crear una luna artificial. En realidad se trata de un satélite ocho veces más brillante que la luna original, y desde la compañía sostienen que lo van a lanzar en 2020.
  • En enero pasado, el cohete SpaceX Falcon 9 llevó un satélite que contiene una escultura calificada de “arte espacial”. La obra se llama Orbital Reflector, fue diseñada por el artista Trevor Paglen, y se lanzó en asociación con el Nevada Museum of Art.

Algunos de estos proyectos ya están en marcha, otros aún no. Pero todos tienen algo en común: los científicos, y en particular los astrónomos, temen que se conviertan en los objetos más brillantes del cielo nocturno, lo cual va a interferir con su trabajo. La luna artificial de Chengdu tiene incluso el potencial de ser muy disruptiva, ya que provoca “polución lumínica” capaz de intervenir en los procesos biológicos naturales de insectos, anfibios, reptiles, pájaros, mamíferos (como nosotros) y hasta plantas.

Más allá de este problema, técnicamente la gente de StartRocket (los que quieren hacer publicidad) podría lanzar sus satélites: no hay ninguna regla global que prohíba la publicidad en el espacio. Pero al parecer no hay garantía de que realmente funcione. Los satélites pequeños pueden caer de su órbita con rapidez, y mantenerlos alineados para que reflejen la luz del sol es un desafío enorme, ya que estos aparatos no pueden reajustar sus posiciones. Y se suma otro problema, la llamada basura espacial: la Agencia Espacial Europea calcula que ya hay más de 128 millones de piezas creadas por el hombre dando vueltas por el espacio, y cada pequeño satélite es un proyectil peligroso en potencia.

De todos modos, y como ya sabemos, si existe la posibilidad de hacer publicidad en el espacio, alguien se las va a ingeniar para concretarlo.

(Fuente: Slate, Future Tense)

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